Música
Verte y festejar también: Don Osvaldo y un regreso histórico en Santa Fe
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Ante una gran convocatoria, Don Osvaldo volvió a presentarse en Santa Fe este sábado por la noche en la Estación Belgrano. La banda encabezada por Patricio Santos Fontanet ofreció un show cargado de clásicos, emoción, homenajes y mensajes sociales, en una jornada marcada por la lluvia, la espera y el fervor de miles de seguidores llegados desde distintos puntos del país.
La noche del sábado en Santa Fe no fue una más. Fue de esas que se sienten en la piel. Porque el regreso de Don Osvaldo tenía ese condimento especial: reencuentro, historia y una mística que no se fabrica. Esas bandas de barrio que un día crecieron y se metieron en el gen popular. Canciones que fueron parte del cancionero de estadios y heridas abiertas canalizadas por la música.
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La previa ya venía cargada desde temprano. Banderas y trapos de distintos rincones del país, el Bv. Gálvez tomado por grupos que copaban la vereda con cerveza, vino, mates y canciones que nunca se fueron. La llovizna insistente no espantó a nadie; al contrario, le sumó ese aire épico que el rock sabe capitalizar. Hasta que el cielo se vino abajo en serio. Lluvia torrencial, corrida general y el ingreso apurado a la Estación Belgrano. Ahí se terminó la previa. Ahí empezó otra cosa.
Adentro, la espera se cortó de golpe cuando las pantallas encendieron con la imagen de Diego Armando Maradona y “Alma” abrió la noche. De ahí en más, un torbellino de canciones. Patricio Santos Fontanet se adueñó del escenario con naturalidad, y el ida y vuelta con la gente fue constante, como si no hubiese pasado el tiempo.
El setlist fue directo al hueso: temas de Don Osvaldo que ya se ganaron su lugar, como Políticamente Correcto, Mis Latidos, Rotos y Descosidos y Vaivén, mezclados con una catarata de clásicos que siguen siendo bandera. Una Nueva Noche Fría, Rompiendo Espejos, Prohibido, Ilusión y 9 de Julio se cantaron a todo pulmón.
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También hubo momentos de pausa y memoria. El recuerdo de Cromañón volvió a estar presente en las palabras del Pato y en el lema “No olvidar, siempre resistir”, que bajó desde el escenario y fue abrazado por el público. En las pantallas también aparecieron mensajes con fuerte contenido social y político, como “Ningún pibe nace chorro” y “Y no morir de sed”, acompañado por el pedido de cuidar los glaciares.
Los pasajes acústicos con Un Lugar Perfecto y Sed bajaron un cambio sin perder intensidad. Después llegaron los guiños ricoteros, los riffs reconocibles y otra vez la euforia total.
El cierre encontró a todos en la misma sintonía: mojados, transpirados, afónicos, pero con esa sensación de haber sido parte de algo más grande que un recital.
“Verte y festejar también que aún me queda pureza sin tristezas en mi corazón”, sonó en el final con Suerte. Y ahí quedó resumido todo: una catarsis colectiva que se vive arriba y abajo del escenario.
