Mariela Gallinger: “La producción de huevos alcanza para el mercado interno, pero hay que apuntar a la exportación”
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La productora avícola de Crespo y dirigente de Federación Agraria Argentina (FAA) planteó la necesidad de reducir la carga impositiva y ampliar los mercados para sostener el crecimiento del sector. También destacó el papel de las granjas familiares, la generación de empleo y la identidad avícola de la ciudad.
La avicultura es una de las actividades productivas que forman parte de la identidad económica y social de Crespo. Con una fuerte presencia de establecimientos familiares y una amplia cadena de servicios vinculados a la producción, el sector enfrenta el desafío de sostener su desarrollo y encontrar nuevas oportunidades comerciales.
En ese contexto, Mariela Gallinger, productora avícola, presidenta de la filial Crespo de Federación Agraria Argentina (FAA) y de la Asociación Civil Crespo Capital Nacional de la Avicultura, consideró que la producción de huevos argentina tiene capacidad para abastecer el mercado interno, pero necesita avanzar en la exportación y reducir los impuestos que encarecen la actividad.
En declaraciones difundidas en el sitio web de FAA Entre Ríos, Gallinger describió a la avicultura como “una actividad intensiva, familiar y estrechamente vinculada al territorio”.
El peso de las granjas familiares
La productora señaló que buena parte de los establecimientos dedicados a la producción de huevos está en manos de pequeños y medianos productores, que trabajan con una cantidad de aves inferior a la de las grandes empresas industriales.
En su caso, indicó que su establecimiento cuenta con unas 20.000 gallinas ponedoras. Aunque esa escala puede considerarse pequeña frente a explotaciones que alojan 100.000, 200.000 o incluso un millón de aves, sostuvo que las problemáticas productivas son similares.
La actividad requiere atención permanente porque se trabaja con seres vivos. La alimentación, el agua, la iluminación, la ventilación, la temperatura y las condiciones sanitarias son aspectos fundamentales para mantener el bienestar de las aves y la producción.
Gallinger también destacó los avances de la genética avícola, que permiten contar con animales más resistentes y con mayor potencial productivo.
Según explicó, una gallina comienza a poner huevos alrededor de las 20 semanas de vida y mantiene su máximo nivel de producción durante aproximadamente un año y dos meses. En ese período, puede llegar a producir un huevo cada 17 horas.
Exportar para aprovechar el excedente
Gallinger destacó el crecimiento del consumo de huevos en Argentina y afirmó que la producción actual alcanza para abastecer la demanda interna. Sin embargo, advirtió que el excedente representa un desafío para continuar expandiendo el sector.
Frente a ese escenario, planteó que el desarrollo de las exportaciones y la reducción de la carga impositiva son dos factores centrales para mejorar la competitividad de la producción argentina frente a otros países.
La dirigente también remarcó que la avicultura genera actividad económica más allá de las granjas. La cadena de valor incluye transportistas, talleres, empresas metalmecánicas, servicios veterinarios, investigación, genética y elaboración de alimentos, entre otros rubros.
En ese entramado, mencionó las posibilidades que ofrece la industrialización del huevo, tanto líquido como en polvo, para facilitar su conservación y utilización en la industria alimenticia.
Además, señaló que existen alternativas para aprovechar los excedentes, como su incorporación en alimentos balanceados para perros y gatos.
Una actividad que genera empleo y arraigo
Para Gallinger, la importancia de la avicultura no se limita a los volúmenes de producción o a los resultados económicos. También está vinculada con el empleo, la vida de las familias rurales y el desarrollo de las comunidades.
La productora sostuvo que cerca del 90% de la actividad avícola tiene carácter familiar y que muchas explotaciones pasan de una generación a otra, manteniendo puestos de trabajo y movimiento económico en la región.
En Crespo, esa continuidad también forma parte de una historia construida por las familias pioneras que impulsaron el desarrollo de la actividad y contribuyeron a consolidar la identidad de la ciudad como Capital Nacional de la Avicultura.
Desde su función al frente de la asociación local, Gallinger subrayó la importancia de preservar ese legado y transmitirlo a las nuevas generaciones.
El desafío de generar oportunidades para los jóvenes
La dirigente consideró que la cultura del trabajo es un valor central para sostener la producción y el desarrollo del país. En ese marco, expresó su preocupación por los jóvenes que emigran ante la falta de oportunidades, aunque manifestó su esperanza de que puedan encontrar condiciones para permanecer y construir su futuro en Argentina.
Su planteo reúne algunos de los principales desafíos que enfrenta la avicultura: mantener la competitividad, ampliar los mercados, aprovechar los excedentes y sostener una estructura productiva en la que las empresas familiares tienen un papel relevante.
Para una ciudad como Crespo, donde la actividad avícola forma parte de su identidad y de su entramado económico, el futuro del sector también está ligado a la posibilidad de generar empleo, promover nuevas inversiones y ofrecer oportunidades para las próximas generaciones.

