El borrador de la historia
Los ferrobarcos que unieron a Entre Ríos con el país
:format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/los_ferrobarcos_que_unieron_a_entre_rios_con_el_pais.jpg)
Una epopeya ferroviaria y fluvial que rompió el aislamiento del sur entrerriano
Durante gran parte de su historia, Entre Ríos vivió marcada por una condición geográfica tan bella como desafiante: el aislamiento. Rodeada por ríos caudalosos, la provincia debía encontrar la manera de integrarse plenamente al resto del país. A comienzos del siglo XX, ese desafío comenzó a resolverse con una obra que combinó ingeniería, esfuerzo humano y visión política: la conexión ferroviaria y fluvial a través de los ferrobarcos.
El escritor e historiador entrerriano Roberto Romani lo resume con una frase contundente: “La decisión era clara. Debíamos vencer el aislamiento y poder cruzar el pariente del mar”. Ese “pariente del mar” era el río Paraná, la gran barrera natural que separaba a Entre Ríos de la provincia de Buenos Aires.
El inicio de una obra estratégica
El proyecto tomó forma con la firma de un convenio entre el Ferrocarril Central de Buenos Aires y el Ferrocarril de Entre Ríos, que permitió planificar una conexión ferroviaria directa hasta el río. La construcción avanzó por etapas.
Primero se inauguró el ramal Las Colas–Enrique Carbó, el 10 de octubre de 1906. Poco después, el 1 de febrero de 1907, se habilitó el tramo Carbó–Médanos. Finalmente, el 15 de marzo de 1908 se completó la extensión Médanos–Embarcadero Puerto Ibicuy, el punto clave desde donde los trenes podrían embarcarse para cruzar el Paraná.
Ese mismo día cruzó hacia Buenos Aires el primer ferrobarco, marcando el inicio de una etapa histórica para la región.
:format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2026/03/los_ferrobarcos_que_unieron_a_entre_rios_con_el_pais_1.jpg)
La epopeya de los constructores
La concreción de esta obra exigió superar enormes dificultades geográficas. Ingenieros, gauchos, marineros e inmigrantes protagonizaron jornadas extenuantes para abrir paso a las vías en una zona dominada por esteros y bañados.
Hubo que levantar terraplenes, construir puentes resistentes y adaptar el terreno para que el tren pudiera llegar hasta el embarcadero. Aquellos trabajadores, muchas veces anónimos, fueron los verdaderos artífices de una obra que cambiaría la vida económica y social de la provincia.
Una inauguración histórica
La ceremonia oficial que celebró el nuevo sistema de transporte se realizó el 29 de mayo de 1908 en la Estación Federico Lacroze, en Buenos Aires. El acto reunió a figuras destacadas de la política nacional.
Estuvieron presentes José Figueroa Alcorta, presidente de la Nación; Ignacio Irigoyen, gobernador de Buenos Aires; y Faustino Parera, gobernador de Entre Ríos. El acontecimiento simbolizaba la integración definitiva de la provincia al circuito ferroviario nacional.
Desde entonces, pasajeros y cargas comenzaron a viajar desde Ibicuy hasta Zárate en modernos ferry boat especialmente construidos en Escocia.
Los gigantes del Paraná
A lo largo de las décadas, varios ferrobarcos cumplieron la tarea de transportar trenes completos sobre el río. En orden de aparición, integraron este sistema:
- Lucía Carbó (1907)
- María Parera (1907)
- Mercedes Lacroze (1908)
- Dolores de Urquiza (1926)
- Delfina Mitre (1928)
- Carmen Avellaneda (1929)
Más tarde se sumaría el Tabaré, construido en Astilleros Argentinos Río de la Plata e incorporado al servicio en 1965.
Durante décadas, estos barcos fueron piezas fundamentales del transporte nacional. Los trenes ingresaban a sus bodegas, cruzaban el Paraná y continuaban viaje hacia Buenos Aires o el interior del país.
Recuerdos de un tiempo inolvidable
En su relato, Romani también rescata el lado humano de esta historia. Recuerda que, siendo niño, acompañaba a su tío Pedro Velázquez, quien trabajaba en el embarcadero de Puerto Ibicuy.
Aquellas madrugadas frías y tardes de verano quedaron grabadas en su memoria. Años después, el propio Romani viajaría en tren desde Larroque, abordaría los ferrobarcos rumbo a Lacroze y continuaría hacia La Plata, donde cursó sus estudios en la Universidad Nacional.
El final de una era
El sistema funcionó durante siete décadas, hasta que en 1978 se apagó definitivamente el sueño de los ferrobarcos. Para entonces ya estaba habilitado el Complejo Ferrovial Zárate–Brazo Largo, que permitió el cruce ferroviario y vial directo sobre el río.
Los viejos ferry boat silenciaron sus motores y quedaron como recuerdo de una época de innovación y progreso.
El legado de Ibicuy
Cada vez que Romani regresa a la comunidad de Ibicuy, siente que el pasado aún respira junto a los muelles. En su memoria aparece la figura de su tío Pedro y la de cientos de trabajadores ferroviarios que hicieron posible aquel “milagro de rieles y ferrobarcos”.
Gracias a ellos, Entre Ríos dejó atrás el aislamiento y se integró plenamente al país.
Fue una obra que no sólo conectó territorios: también impulsó el comercio, facilitó el movimiento de personas y fortaleció el desarrollo regional.
En palabras del propio Romani, aquellos hombres “lograron la integración regional y apuntalaron el progreso de la patria”. Y en esa afirmación late la verdadera dimensión histórica de los ferrobarcos que, durante décadas, acariciaron las aguas del Paraná.

