La contaminación del arroyo Crespo: causas, controles y responsabilidades
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La contaminación de los arroyos Crespo, Espinillo y Las Conchas, que generan justificada preocupación por estos días, constituye un problema ambiental complejo, en el que confluyen distintas fuentes contaminantes.
Las investigaciones mencionadas en el material identifican residuos de agroquímicos provenientes de la actividad agropecuaria, pero también señalan como foco de preocupación las descargas industriales y el funcionamiento de las lagunas de tratamiento de Crespo, al que descargan varias industrias del parque industrial, aunque las de mayor caudal, como el frigorífico de aves, poseen sistemas de tratamiento previo de sus aguas residuales.
El recorrido de los cursos de agua explica la dimensión del problema: el arroyo Crespo desemboca en el Espinillo, que a su vez vierte sus aguas en el arroyo Las Conchas, conectado con el río Paraná. Por lo tanto, los posibles efectos de la contaminación no se limitan al entorno inmediato de la ciudad.
Dos fuentes de contaminación
El investigador Rafael Lajmanovich distingue dos fenómenos. El primero es la contaminación difusa, provocada por residuos de agroquímicos y otros materiales que las lluvias arrastran desde los campos y terrenos circundantes. El trabajo científico citado detectó residuos de agroquímicos en prácticamente todos los sitios analizados, aunque se trata de un fenómeno extendido también en otras cuencas del centro argentino.
El segundo es la contaminación puntual, procedente de fuentes identificables, como establecimientos industriales o instalaciones de tratamiento. En la cuenca estudiada, las lagunas de Crespo ocupan un lugar central en la preocupación ambiental. Según las conclusiones de la investigación presentadas por el periodista Fabricio Bovier en el programa Memoria Frágil (Canal 9), las precipitaciones intensas pueden provocar su desborde y movilizar efluentes no tratados hacia el arroyo.
El parque industrial Crespo cuenta con nueve fábricas que generan efluentes líquidos: cinco tienen certificado de aptitud ambiental y cuatro se encuentran tramitándolo y recientemente aprobadas. De estas últimas, tres fueron sancionadas en fiscalizaciones recientes por incumplimientos relacionados con sus efluentes. Las tres pertenecen al rubro alimenticio. Se informaron multas de entre uno y doce millones de pesos, según la gravedad de cada caso. Dos empresas apelaron, pagaron las multas y estaban adecuando sus trámites; la tercera había apelado y todavía no había abonado la sanción al momento de la exposición.
Estos datos acreditan la existencia de incumplimientos administrativos y ambientales señalados por las autoridades, pero el material no demuestra que cada empresa sancionada sea responsable de un episodio específico de contaminación, que es multi causal.
El color rojizo y las explicaciones oficiales
María Valdés, coordinadora de Control y Fiscalización de la Secretaría de Ambiente provincial, explicó que los monitoreos oficiales identificaron un complejo de bacterias fototrópicas del azufre, cuya proliferación produciría la coloración rojiza observada en el agua. Según su explicación, los cambios de temperatura y la presencia de compuestos orgánicos que sirven de alimento a estos microorganismos favorecen esa floración bacteriana.
La funcionaria sostuvo que el fenómeno responde a una combinación de condiciones climáticas, características del curso de agua y actividades productivas. También reconoció que existen industrias que descargan efluentes sin tratamiento previo, aunque señaló que están trabajando en procesos de adecuación.
La explicación bacteriana no descarta la presencia de otros contaminantes ni determina por sí sola el origen de la materia orgánica que favorece esa proliferación. El material no aporta resultados analíticos completos que permitan establecer las concentraciones de las distintas sustancias o evaluar sus efectos.
Denuncias, controles y respuestas
Valeria Anderle, directora de la Fundación Cauce, informó que esa organización y el Foro Ecologista de Paraná impulsaron una denuncia que dio lugar a una investigación fiscal. Solicitaron nuevos muestreos en los mismos puntos analizados por el equipo científico de Lajmanovich. Anderle cuestionó la insuficiencia de los controles estatales conocidos y sostuvo que buena parte de la información disponible procede de investigaciones independientes y universitarias.
La Secretaría de Ambiente, por su parte, afirma que realiza monitoreos sistemáticos de la cuenca desde que tomó conocimiento de la situación. La diferencia entre ambas posiciones plantea la necesidad de conocer qué análisis se hicieron, sus resultados y las medidas adoptadas a partir de ellos.
La Municipalidad de Crespo informó que incorpora diariamente bacterias para favorecer la degradación de materia orgánica en la red cloacal, reemplaza cañerías deterioradas y remite informes mensuales a la Secretaría de Ambiente. También indicó que exige documentación ambiental a las empresas para habilitar nuevas industrias.
El municipio sostiene que los efluentes industriales del parque ingresan primero al sistema de tratamiento y no se descargan directamente al arroyo. Sin embargo, la preocupación expuesta en un comunicado, es que los desbordes de las lagunas, cuando llueve, u otros problemas de funcionamiento, terminen llevando esos efluentes al cauce.
Un problema que requiere respuestas verificables
La información reunida por opinión de especialistas, no permite atribuir toda la contaminación a una sola causa ni establecer qué proporción corresponde a la actividad agropecuaria, a los efluentes industriales o al sistema cloacal. Para hacerlo se necesitan estudios completos, análisis comparables y monitoreos que permitan seguir la calidad del agua desde el arroyo Crespo hasta el Las Conchas.
También es necesario conocer si las lagunas tienen capacidad suficiente para recibir los efluentes y soportar las lluvias intensas, qué sustancias contienen las descargas y qué medidas correctivas se exigen a las industrias que incumplen las normas.
La cuestión central es determinar si los controles existentes alcanzan para identificar las distintas fuentes contaminantes y evitar que sus efectos se propaguen por toda la cuenca. La coloración rojiza es una manifestación visible del fenómeno, pero comprender el problema exige investigar tanto los procesos biológicos como el origen y la composición de los materiales que llegan al agua. En este sentido se debería trabajar seria y muy activamente, porque el agua limpia y tan incontaminada como sea posible en estos tiempos, debe ser preservada en los arroyos entrerrianos.

