Sociedad
Juegos de mesa y autismo: un puente hacia la inclusión y el desarrollo emocional
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En el marco del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, especialistas destacan el valor del juego como herramienta de integración y aprendizaje.
Para muchas personas dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA), la vida cotidiana puede resultar tan compleja como intentar comprender una película en otro idioma sin subtítulos. Las señales sociales implícitas, el sarcasmo o los entornos ruidosos suelen percibirse con una intensidad que puede ser abrumadora. En ese contexto, los juegos de mesa modernos emergen como un espacio de orden y previsibilidad: un ámbito donde las reglas son claras, los turnos están definidos y los objetivos son compartidos.
En Argentina, esta realidad adquiere especial relevancia. Según estimaciones de la Sociedad Argentina de Pediatría, más de 500.000 personas viven con algún grado de TEA. A nivel global, la prevalencia alcanza a 1 de cada 100 personas, con mayor incidencia en varones. Además, datos del Ministerio de Salud de la Nación indican que el 85,7% de quienes poseen un Certificado Único de Discapacidad (CUD) vinculado al autismo tienen entre 0 y 14 años, lo que refuerza la necesidad de generar herramientas de inclusión desde edades tempranas.
“El entorno lúdico de un tablero ofrece una infraestructura de seguridad emocional que permite que personas neurodivergentes y neurotípicas interactúen en un plano de igualdad”, sostiene Juan Del Compare, Marketing Manager de Devir Argentina. En la misma línea, Julieta Cartelli, cofundadora de Zona Divergente y diplomada en espectro autista, explica que los juegos de mesa funcionan como una estructura que ordena la interacción social.
Mientras que la comunicación espontánea puede resultar confusa, el juego propone un “guión” claro. Esta previsibilidad reduce la ansiedad y permite que la experiencia sea disfrutable para todos. “El juego no busca cambiar a las personas autistas; crea un espacio donde cada forma de ser tiene lugar”, afirma Cartelli.
El tablero como gimnasio emocional
Uno de los principales desafíos en el TEA es la regulación emocional. Situaciones como perder una partida o esperar un turno pueden generar altos niveles de frustración o ansiedad. En este sentido, los juegos de mesa actúan como un “escenario seguro” donde esas emociones pueden experimentarse y gestionarse dentro de límites conocidos.
“Permiten transitar emociones en un entorno contenido”, explica Cartelli. Este aprendizaje no queda restringido al juego: habilidades como la paciencia, el respeto por turnos o la tolerancia a la frustración pueden trasladarse luego a la vida cotidiana, como esperar en una fila o sostener una conversación.
Además, el juego tiene un efecto democratizador en los vínculos. A diferencia de otros ámbitos donde predominan figuras de autoridad, en la mesa todos los participantes están en igualdad de condiciones. “El padre y el hijo son iguales ante el tablero”, destaca la especialista. Esto fortalece la autonomía y la capacidad de tomar decisiones.
Claves para incorporar el juego en casa
Desde Devir Argentina y especialistas en neurodiversidad recomiendan integrar los juegos de mesa como un ritual familiar, priorizando el vínculo por sobre el objetivo pedagógico. Algunas pautas para facilitar la experiencia son:
- Afinidad temática: partir de intereses específicos, como dinosaurios o el espacio.
- Anticipación y rutina: establecer horarios regulares para reducir la ansiedad.
- Estimulación sensorial adecuada: elegir juegos con materiales y diseños amigables.
- Respetar los tiempos: permitir que el niño observe antes de participar activamente.
En un contexto donde la inclusión requiere acciones concretas, los juegos de mesa se consolidan como una herramienta accesible y efectiva para promover la participación, la autonomía y el desarrollo socioemocional de las personas con TEA.
Más allá del entretenimiento, el juego se convierte en un puente: facilita encuentros más equitativos, fortalece vínculos y ofrece un espacio seguro para ensayar habilidades que luego se trasladan a la vida diaria. En definitiva, incluir también implica crear entornos donde cada persona pueda expresarse y vincularse desde su singularidad.

