Sociedad
El veterano y el cazador de likes
:format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2026/06/periodista_busca_like.jpg)
Un joven aficionado a la comunicación digital, con aparente interés en recibir consejos para el oficio, se sentó en cierta oportunidad junto a un veterano periodista durante un agasajo del 7 de junio. El volumen de la música parecía decidido a abolir toda conversación, pero la espera de los canapés invitaba al diálogo.
--Decime -arrancó el veterano-: ¿vos querés competir con otros y ganarles en likes, comentarios y compartidos de lo que publiques? Supongo que ese es el gran objetivo de la mayoría.
-¡Por supuesto! Es lo que todos queremos.
--Sé irresponsable.
-¡¿Cómo?!
--Actuá con irresponsabilidad. Salteate la ética y los principios básicos del periodismo clásico, empezando por uno central: ser veraz. Eso podés reemplazarlo por ser verosímil. ¿Entendés la diferencia? Lo verdadero es un hecho; lo verosímil es una construcción que parece real, aunque no lo sea. La gente quiere creer en ciertas cosas y espera que alguien se las confirme. Si se las confirmás, te aplaudirán. Y quizás consigas las miles de interacciones que buscás. No lo recomiendo.
-Me deja re descolocado… pero siga, siga.
--Por ejemplo, ahora mismo me estás empujando a decir cosas como estas, tan útiles para el escándalo. Mañana podrías publicar que este veterano te aconsejó construir información verosímil para quienes creen en algo falso. Sería una falta de veracidad de tu parte, pero bastaría con entrecomillarme y omitir que te dije que no lo recomiendo. ¿Te das cuenta?
-Usted podría desmentirlo.
--¿Y cuántos me creerían si digo que me recortaste y sacaste de contexto? Además, en el ecosistema actual, los que te leen a vos no necesariamente me leen a mí. Tu comunidad se quedará con tu versión. Para ellos seguirás siendo una fuente que les agrada; para mí, serías deshonesto, un vendehumo.
-Yo no haría eso. Sí podría equivocarme por creerle a otro, eso puede pasar.
--Eso se reduce si trabajás con responsabilidad y fuentes confiables. Todos nos equivocamos. Pero quien corre detrás de la primicia o del escándalo tropieza más seguido. El periodista y el que juega a serlo, amanecen esperando una noticia de impacto; como no siempre aparece, se tientan de inflar lo irrelevante.
-Y… algo de ruido hay que meter. También se compite.
--Por eso sobran ejemplos de lo que no debe hacerse. Trescientos mil vistos para un video de un vecino enojado, martillo en mano, amenazando a tres sujetos en la hora de la siesta. Va a Facebook en crudo, sin contexto. El éxito se mide por cuántos se suman al linchamiento del vecino. Falta contextualizar que esos sujetos pasaron media hora tirándole piedras a la ventana donde descansa su esposa enferma, ni que el “irascible” intentó antes persuadirlos. La inmediatez muestra la consecuencia; casi nunca corrige después. Para ser alguien en redes hay que juntar likes, y para eso hay que provocar: hacer reír, indignar, entristecer. Aunque sea a costa de convertir a alguien en villano. ¿Me seguís?
-Te sigo. Me sirve lo que decís.
--Si detrás de tu chapa de comunicador tenés un negocio propio que defender, o acuerdos político partidarios, no finjas lo contrario ante la evidencia.
-Buenísimo.
--Entonces, ahora que podemos tutearnos -cerró el veterano-, hay que elegir de qué lado quedar: el de los likes fáciles y las reacciones previsibles, o el de la noticia responsable. En este oficio hay dos caminos: uno es rápido, luminoso y ruidoso; el otro, más lento y a veces solitario. El primero te vuelve visible. El segundo te vuelve confiable.

