Periscopio
El nuevo humo invisible de la revolución industrial
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Algo nuevo tiene ocupado a Greenpace, y ya no se trata de perseguir rumiantes por suponerlos perjudiciales para el medio ambiente. En los últimos dos años intensificó su campaña pública sobre el consumo de agua y electricidad de los centros de datos que alimentan la IA, esa especie de “nuevo humo invisible” de la revolución industrial. De hecho, los centros neuronales de IA (Data centers) preocupan al mundo por su enorme costo ambiental oculto, por su colosal gasto energético, uso de agua y huella de carbono.
El auge de la inteligencia artificial generativa, además, deja mucha basura tecno en el camino. Expertos advierten sobre el impacto ecológico y la necesidad de normativas sobre el tema, que ya es grave, y crece aceleradamente nuestra dependencia de estos cerebros artificiales.
El enfriamiento de los centros de datos es solo uno de los factores que contribuyen al impacto ambiental de la IA. Un estudio de la Universidad de Riverside, en California, y de la Universidad de Arlington, en Texas, estimó que GPT-3 utiliza casi medio litro de agua (para enfriamiento) por cada 10 a 50 respuestas generadas.
“Esta creciente demanda de IA podría llevar al consumo de entre 4.200 y 6.600 millones de metros cúbicos de agua en 2027, lo que equivale a entre cuatro y seis veces el consumo anual de Dinamarca”, advirtieron.
Además del uso intensivo de recursos energéticos e hídricos, la IA generativa también produce una gran cantidad de residuos electrónicos. En 2023, se generaron 2.600 toneladas de desechos como tarjetas gráficas, servidores y memorias, según un estudio de la revista Nature Computational Science.
De mantenerse esta tendencia, la cifra podría escalar hasta los 2,5 millones de toneladas en 2030, equivalente a la cantidad de 13.300 millones de teléfonos inteligentes. Asimismo, la fabricación de servidores y chips para IA requiere el uso de metales raros, cuya extracción se realiza mayormente en África mediante procesos contaminantes, según la Agencia de la Transición Ecológica de Francia.
Sur Energy cerró un acuerdo con OpenAI para construir un gigantesco centro de datos en la Patagonia argentina -donde el clima es más fresco- con una millonaria inversión que transformará la región y también su medio ambiente. En nuestro país ya hay 42 en total. Pero es más fácil hacerles piquetes a los ganaderos que a Sam Altman.

