Salud
El cerebro aprende mejor en movimiento
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Un profesor entrerriano pone sobre la mesa un debate que atraviesa a las escuelas: ¿por qué seguimos obligando a los chicos a pasar horas sentados cuando la ciencia dice que moverse potencia el aprendizaje?
Victoria.- Durante años, en la escuela se repitió la misma escena: alumnos quietos, en fila y en silencio. La idea de que “portarse bien” era permanecer sentado quedó tan naturalizada que pocas veces se discutió. Pero hoy, desde distintos sectores de la educación y la salud, esa lógica empieza a ser cuestionada.
El profesor de Educación Física y especialista en actividad física Casiano Carballo, sostiene que el movimiento no es un recreo del aprendizaje, sino parte fundamental del mismo. Y el planteo abre una discusión que también interpela a las escuelas de la región: ¿cuánto espacio real tiene hoy la actividad física en la vida cotidiana de niños y adolescentes?
La preocupación no es menor. El aumento del tiempo frente a pantallas, el sedentarismo y la reducción de espacios de juego o actividad física aparecen cada vez más en conversaciones entre docentes, familias y profesionales de la salud.
Según explica Carballo a Paralelo32, distintas investigaciones en neurociencia muestran que el cerebro funciona mejor cuando el cuerpo está activo. Caminar, correr, saltar o realizar actividad física favorece procesos vinculados con la memoria, la atención y la concentración.
“El cerebro no aprende mejor en quietud. Aprende mejor en movimiento”, resume el especialista en su trabajo.
Más cansancio, menos atención
La discusión no queda solamente en el plano académico. En muchas escuelas, docentes observan dificultades crecientes para sostener la atención en clase, niveles altos de ansiedad y chicos con poca tolerancia a la frustración.
En ese contexto, el movimiento aparece como una herramienta posible, no solo para mejorar la salud física, sino también para favorecer el aprendizaje y el bienestar emocional.
Carballo sostiene que durante décadas se intentó “educar cerebros ignorando el cuerpo”, y advierte que reducir la educación física o relegarla a un segundo plano termina afectando otros aspectos del desarrollo.
La mirada también alcanza a las familias. Fuera del horario escolar, gran parte de los chicos pasa varias horas con celulares, computadoras o videojuegos. El juego en la vereda, las caminatas o las actividades al aire libre ya no ocupan el lugar que tenían años atrás.
Por eso, el debate excede a la escuela y se vuelve social: cómo recuperar hábitos más activos en una vida cotidiana cada vez más sedentaria.
Una discusión que llega a las aulas
En ciudades del interior como las nuestras, donde todavía existe una fuerte vida deportiva y comunitaria, el tema encuentra especial sensibilidad. Clubes, colonias, escuelitas deportivas y espacios recreativos siguen siendo ámbitos de encuentro para muchos chicos y adolescentes.
Sin embargo, un número creciente de especialistas como el español Santiago Ramón y Cajal; considerado uno de los padres de la neurociencia moderna; sumado al investigador estadounidense Mark Matson, entre otros tantos como el psiquiatra y profesor en Harvard John Ratey y el científico argentino Diego Golombek, advierten que eso ya no alcanza si el resto del día transcurre entre pantallas y pocas oportunidades de movimiento.
El planteo de fondo de Carballo se apoya en estos autores para su investigación en didáctica de la Educación Física, que lleva a sus aulas donde ejerce también como profesor: “si la ciencia demuestra que moverse ayuda a aprender, ¿por qué gran parte del sistema educativo sigue priorizando la inmovilidad?”
Para nuestro entrevistado, la discusión educativa del futuro no pasa solamente por incorporar tecnología o cambiar métodos de enseñanza, sino por entender algo más básico: “cuando el cuerpo se activa, el cerebro despierta”.
Y en tiempos donde cada vez se habla más de salud mental, ansiedad y dificultades de aprendizaje, el debate ya dejó de ser exclusivo de especialistas. También interpela a las familias, a las escuelas y a toda la comunidad.

