Eduardo Mongelós, la voz de Lucas González que llevó el chamamé por los grandes escenarios
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Nacido en Lucas González en 1933, el músico y compositor entrerriano adoptó el apellido de su madre y se convirtió en una figura del chamamé. A 56 años de su fallecimiento, sus canciones siguen evocando el paisaje, las costumbres y los afectos de su tierra.
A los 16 años, con una guitarra entre sus manos, Eduardo Hildebrandt dejó Aldea San Simón y llegó a los estudios radiales de Concordia. En 1953 se presentó por primera vez en Buenos Aires, llevando el chamamé entrerriano a nuevos escenarios.
Artísticamente adoptó el apellido de su madre y conservó los valores que le había transmitido su padre. Había nacido el 12 de octubre de 1933 en Lucas González, departamento Nogoyá, donde sus padres, Manuela y Juan Félix, y los vecinos lo vieron partir con la ilusión de abrirse camino en la música.
Junto a figuras como Mario Millán Medina, Miguel Repiso y Ramón Bernárdez, Mongelós supo ganarse un lugar en los grandes escenarios del país. Con Víctor Seri interpretó el sentir del Litoral y la identidad de una música que, como señaló Bernardo Ranalletti, hunde sus raíces en las tradiciones y permanece en constante crecimiento.
La nostalgia hecha canción
La tierra natal nunca dejó de estar presente en su obra. Una tarde de primavera, Mongelós encontró las palabras y la melodía para expresar el recuerdo de su pueblo. Así nació “A Lucas González”, una canción que se convirtió en una evocación entrañable de sus raíces.
También llevó a distintos rincones del país las historias y paisajes de su región a través de obras como “Arroyo Barrientos”, “Tu casita blanca”, “Tu olvido” y “Rancho viejo”.
En sus composiciones y en el repertorio que compartió con otros músicos aparecían los afectos cotidianos: los niños, el trabajo del obrero, la mesa familiar de los domingos y la memoria de quienes habían partido.
Al regresar de Buenos Aires, formó junto a Santiago Percara y Carlos Velázquez el conjunto Los Boyeros del Litoral. En festivales y bailantas, su música convivió con piezas populares como “Aquella ilusión”, “El pueblito aquel”, “Ilusión cué”, “Así fue mi destino”, “Distancia”, “De mi celda”, “Qué tienen tus ojos”, “Aquel Paraná”, “Nogoyá”, “Tarragona” y “El cumpleaños”.
Una vida breve y un recuerdo que permanece
Eduardo Mongelós murió en Buenos Aires el 16 de octubre de 1970, a los 37 años. Su ciudad natal mantiene vivo su recuerdo a través de una calle que lleva su nombre.
Su música también fue reconocida en la Fiesta Nacional del Lino, que lleva el nombre del artista. En una de sus ediciones, sus hijos Marcelina y Antonio participaron de un homenaje realizado sobre el escenario, donde Antonio Tarragó Ros interpretó chamamé con su acordeón.
La historia de Mongelós, en palabras del periodista e historiador Roberto Romani, es la de un músico que salió de un pueblo entrerriano para llevar sus canciones por el país, pero que nunca dejó de volver a él a través de la memoria y la música.

