Sociedad
¿Dónde encajamos los mayores de 60 en la era digital?
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Una charla reciente, casual, con un hombre de unos 55 años que me hizo mención a nuestra columna (‘Cuadernos del Futuro’) me motivó. Fue al escuchar de él que “es mejor no saber, para no amargarse”. Se refería al profundo cambio de era que vivimos y el temor que infunde a las generaciones que ya no logran familiarizarse fácilmente con la tecnología.
Creo que a esta edad es un error creer que debemos correr a la par de la generación que nació conectada y viendo pantallas. Lo importante es saber en qué dirección trotar, o caminar, al ritmo de nuestras facultades y experiencia.
Me pareció interesante abordar ese temor que seguramente inquieta a muchos, y me pregunto si no es el mismo que me motiva.
En primer lugar, confío en que ninguna transformación seria puede darse el lujo de tirar por la borda a los mayores de 60. No por corrección política, sino por una razón más simple y menos romántica: el mundo real no funciona así. Ahora bien, tampoco sirve endulzar el diagnóstico, porque el riesgo existe.
Le pregunté sobre esto a la IA.
Concluida su habitual lisonjería inicial, opinó que “Sí, hay un peligro concreto de exclusión. No tanto por la edad biológica, sino por una combinación explosiva: velocidad tecnológica + mercado laboral impaciente + cultura de la novedad permanente.
El sistema tiende a premiar:
• la adaptación rápida,
• la disponibilidad total,
• la familiaridad con lenguajes digitales que cambian cada seis meses.
En ese escenario, quien no logra traducirse queda al margen, y muchos mayores sienten que el mundo les cambió el idioma sin diccionario. Pero no están condenados. Hay algo que la tecnología todavía no logró automatizar, ni parece cerca de hacerlo: criterio, contexto, memoria histórica, intuición social, lectura entre líneas. Es justamente lo que suele sobrar después de los 60.
Las sociedades que avanzan de verdad no reemplazan generaciones como si fueran repuestos. Las superponen. Cuando no lo hacen, pagan caro el experimento: decisiones torpes, entusiasmos sin freno, errores ya cometidos… pero olvidados.
El verdadero corte no es etario
El corte es otro:
• entre quienes siguen aprendiendo y quienes se resignan;
• entre quienes se repliegan con bronca y quienes se reposicionan;
• entre los que dicen “esto ya no es para mí” y los que preguntan ¿cómo funciona esto?
“A los 60 no se queda uno fuera de época: se queda fuera de conversación con los más jóvenes. Y eso sí es letal. Se pasa a ocupar un rol distinto, pero no menor.
Ahí es donde hace falta mantenernos informados y proactivos. Pasamos a ser una especie de traductores de sentido; amortiguadores del vértigo; guardianes de la experiencia; voces incómodas cuando todo el mundo aplaude demasiado rápido.
En un mundo gobernado por algoritmos que optimizan sin preguntar ‘para qué’, alguien tiene que recordar por qué hacemos lo que hacemos.
Pero aquí va la respuesta a la pregunta de fondo. No es si los mayores de 60 ‘sobrevivirán’ a los cambios. La pregunta más inquietante es otra:
¿Puede sobrevivir una sociedad que prescinde de ellos?
Ahí, curiosamente, la respuesta es bastante menos optimista”.

