Sociedad
Día del Periodista: Ante los cambios sociales y tecnológicos, en qué cambia la profesión
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El Día del Periodista, que se celebra este domingo 7 de junio, encuentra a la profesión en una encrucijada singular. Nunca hubo tanta información disponible y, al mismo tiempo, nunca fue tan difícil captar la atención de los lectores. Las noticias compiten no sólo con los medios tradicionales, sino con redes sociales, videos breves, plataformas de entretenimiento, mensajes instantáneos y algoritmos que seleccionan qué vemos y qué ignoramos. Y en nuestro país tienen la tarea adicional de resistir las descalificaciones insensatas de un presidente de la Nación que quisiera un periodismo útil, menos inquisidor.
Durante décadas, el periodismo se sostuvo sobre una premisa relativamente estable: el público buscaba información y estaba dispuesto a dedicar tiempo a leerla. Los títulos anticipaban objetivamente lo que trataba la nota. Hoy la situación es diferente. La velocidad parece imponerse sobre la profundidad; el titular capcioso, astuto, sobre el análisis; el video de treinta segundos sobre la crónica de mil palabras. Muchos lectores llegan hasta la mitad de una nota y otros apenas recorren las primeras líneas.
Sin embargo, los analistas de mayor renombre consideran que sería un error interpretar este fenómeno como el fin del periodismo. Lo que está cambiando no es la necesidad de información confiable, sino la forma en que la sociedad la consume. En una época saturada de datos, rumores, manipulaciones y contenidos generados por inteligencia artificial, el valor del periodista no disminuye: aumenta. Verificar hechos, distinguir lo verdadero de lo falso, contextualizar los acontecimientos y explicar lo complejo, siguen siendo tareas imprescindibles.
La tecnología ha transformado las herramientas, pero no la esencia del oficio. La inteligencia artificial puede redactar textos, resumir documentos o procesar grandes volúmenes de información, tomando noticias e informes producidos por periodistas a los que les usurpa el trabajo. Lo que todavía no puede hacer es reemplazar la sensibilidad humana para comprender una comunidad, detectar una injusticia, interpretar silencios, formular preguntas incómodas o reconocer aquello que merece ser noticia.
Tal vez el desafío más grande de estos tiempos no sea escribir menos, sino escribir mejor. No se trata de resignar profundidad para adaptarse a la impaciencia, sino de encontrar nuevas maneras de contar la realidad sin perder rigor. El periodismo deberá aprender a convivir con nuevos formatos, pero sin abandonar los principios que le dieron sentido desde sus orígenes.
Cada 7 de junio, al recordar la fundación de la Gazeta de Buenos Ayres, conviene preguntarse qué permanece inalterable detrás de tantos cambios. La respuesta quizá sea sencilla: la sociedad seguirá necesitando personas capaces de observar con atención, verificar con honestidad y narrar con responsabilidad lo que ocurre a su alrededor.
Las plataformas cambian. Las tecnologías cambian. Los hábitos de lectura cambian. Pero mientras exista la necesidad de comprender esos cambios, seguirá existiendo una razón para ejercer el periodismo. Y esa razón, dos siglos después, continúa siendo tan valiosa como en aquellos convulsionados días fundacionales de 1810.

