Desigualdad educativa: más de la mitad de los niños y adolescentes argentinos tiene vulnerado al menos un derecho
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Un informe de la UCA advierte que el 53,6% de los chicos no tiene garantizado al menos uno de sus derechos fundamentales. Las diferencias socioeconómicas también impactan en la educación: mientras el 92% de los jóvenes de mayores ingresos termina la secundaria, entre los de menores recursos la proporción baja al 59,6%. Desde la Asociación Civil Puentes destacan la importancia de las becas y el acompañamiento para sostener las trayectorias universitarias.
Las desigualdades sociales durante la infancia pueden condicionar las oportunidades educativas y laborales a lo largo de la vida. En Argentina, las dificultades para acceder a derechos básicos y completar la educación obligatoria afectan especialmente a quienes crecen en hogares de menores ingresos.
Según el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina (UCA), elaborado junto con la Sociedad Argentina de Pediatría, el 53,6% de los niños, niñas y adolescentes del país tiene vulnerado al menos uno de sus derechos fundamentales.
La situación también se refleja en las posibilidades de terminar la escuela secundaria y continuar los estudios superiores. Los datos muestran que el contexto económico familiar sigue siendo un factor determinante en las oportunidades de formación.
La brecha socioeconómica en la escuela secundaria
De acuerdo con los últimos datos oficiales citados por Argentinos por la Educación, el 92% de los jóvenes de entre 19 y 24 años pertenecientes al quintil de mayores ingresos había completado la secundaria. Entre quienes integran el quintil de menores ingresos, el porcentaje desciende al 59,6%.
La diferencia es de 32,4 puntos porcentuales y evidencia las desigualdades que persisten en el acceso a la educación, incluso en una etapa considerada fundamental para la inserción laboral y la continuidad académica.
El relevamiento también identifica una brecha de género: entre los jóvenes de 19 a 24 años, el 78,8% de las mujeres había terminado la secundaria, frente al 70,7% de los varones.
Estos datos muestran que las trayectorias educativas no dependen exclusivamente del esfuerzo individual, sino también de las condiciones económicas, sociales y familiares en las que se desarrolla cada estudiante.
La Declaración de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas reconoce el derecho de todos los niños y niñas a recibir protección y educación para alcanzar su pleno desarrollo, sin distinciones por su origen o situación social. Sin embargo, las diferencias en las posibilidades de completar la escolaridad reflejan que ese objetivo todavía enfrenta dificultades.
“Los números no describen casos aislados: describen un patrón. Mientras el lugar de nacimiento y el ingreso del hogar sigan determinando el acceso a la educación, no podemos hablar de igualdad de oportunidades en Argentina”, sostuvo Magdalena de Arzuaga, directora general de la Asociación Civil Puentes.
Continuar estudiando después de la secundaria
El acceso a la universidad representa otro desafío. Aunque el 85% de los estudiantes del último año de secundaria proyecta continuar sus estudios, los datos sobre los jóvenes que ya finalizaron esa etapa muestran un panorama diferente.
Entre las personas de 19 a 25 años que terminaron el secundario, el 38% estudia, el 25% solamente trabaja, el 13% combina estudio y trabajo y el 12% no estudia ni trabaja.
Las cifras reflejan las dificultades que pueden aparecer al momento de transformar la intención de continuar estudiando en una trayectoria educativa concreta. Los gastos de transporte, los materiales de estudio y la conectividad son algunos de los factores que pueden incidir en la posibilidad de sostener una carrera.
Becas y acompañamiento para evitar el abandono
Desde la Asociación Civil Puentes señalan que el apoyo económico puede contribuir a reducir algunas de esas barreras. Una beca permite afrontar gastos vinculados con la cursada y brinda un respaldo para quienes necesitan compatibilizar sus estudios con otras responsabilidades.
Sin embargo, la organización destaca que la asistencia económica no siempre resulta suficiente. Para muchos jóvenes que son los primeros universitarios de sus familias, contar con una persona que los acompañe durante la trayectoria académica también puede marcar una diferencia.
La figura del tutor busca orientar a los estudiantes frente a las dificultades de la vida universitaria, ayudarlos a organizar sus tiempos, desarrollar estrategias de estudio y tomar decisiones para continuar con su formación.
“El acompañamiento no reemplaza el esfuerzo del estudiante: busca generar las condiciones para que ese esfuerzo pueda sostenerse y transformarse en una oportunidad real”, sostienen desde Puentes.
Las desigualdades también aparecen durante la carrera
Las diferencias socioeconómicas no se limitan al ingreso a la universidad. Según el planteo de la organización, a medida que avanzan las carreras, los estudiantes que permanecen en el sistema universitario tienden a concentrarse en los sectores de mayores ingresos, mientras que disminuye la representación de quienes pertenecen a los estratos más bajos.
Este escenario pone en discusión no solo las condiciones de acceso a la educación superior, sino también las herramientas necesarias para que los estudiantes puedan permanecer y graduarse.
“Por eso la importancia del acompañamiento integral”, señaló De Arzuaga.
El desafío, desde esta perspectiva, consiste en generar condiciones para que el origen social no determine las posibilidades de completar los estudios. Las becas, la orientación académica y el acompañamiento durante la carrera aparecen como herramientas para reducir las barreras que enfrentan los jóvenes y ampliar sus oportunidades educativas.

