Día del padre
Waldemar Kloster: "Aprendí a convivir con el dolor y a transformarlo en algo que pueda ayudar a otros"
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En este Día del Padre, la historia de Waldemar nos invita a reflexionar sobre el amor, la pérdida y la capacidad de volver a empezar. Tras perder a su esposa y a su hijo en un accidente vial, encontró en su hija Denise —única sobreviviente— la razón para seguir luchando y el impulso para transformar el dolor en un camino de esperanza.
Crespo.- Hay historias que conmueven por la profundidad de la pérdida que encierran, pero también por la capacidad humana de encontrar un camino cuando todo parece derrumbarse. La de Waldemar Kloster es una de ellas.
Invitado al segmento "Historias que iluminan" del programa La Hora Dorada que conduce Mariana Rupp a través del streaming de Paralelo32.com.ar, Waldemar compartió por primera vez en profundidad cómo atravesó la tragedia que cambió para siempre su vida: el accidente automovilístico en el que perdió a su esposa, Analía, y a su hijo Agustín. Su hija Denise fue la única sobreviviente.
Con serenidad, pero sin ocultar el dolor que aún lo acompaña, relató cómo fueron aquellas horas que marcaron un antes y un después.
La noche que cambió todo
El accidente ocurrió el 4 de agosto de 2023. Esa tarde, la familia había compartido un encuentro habitual. Analía y Denise decidieron viajar hasta Libertador San Martín para buscar a Agustín y a dos amigos que regresaban de una jornada de pesca.
Waldemar permaneció en la casa de sus suegros esperando el regreso.
"Escuché las ambulancias y los bomberos. Estoy acostumbrado a esos sonidos por mi trabajo como inspector de tránsito. Pero esa noche sentí algo distinto. Como si me hubieran abierto la puerta de un freezer. Un frío muy fuerte", recordó.
Minutos después llegó la noticia que nadie quiere recibir.
Una vecina golpeó la puerta y le informó que el vehículo involucrado en un grave accidente sobre la ruta era el suyo.
Cuando llegó al lugar, comenzó una realidad que todavía hoy intenta procesar.
La única sobreviviente
En el siniestro fallecieron en el acto cuatro de los ocupantes del vehículo, entre ellos Analía y Agustín. Denise sobrevivió con heridas de consideración y permaneció internada en terapia intensiva.
"Si Dios hizo algo inteligente en ese accidente fue dejarme a Denise. Porque si se hubieran ido los tres, yo también me hubiera rendido", confesó.
Esa certeza se convirtió en uno de los pilares que lo sostuvieron durante los meses más difíciles.
"Hoy ella es mi fuente de energía. Siempre lo fue, pero después del accidente se transformó en el motor que me obliga a seguir adelante".
El tiempo no cura
Durante la entrevista, Waldemar cuestionó una frase que suele repetirse cuando alguien atraviesa una pérdida.
"Dicen que el tiempo cura todo. Yo no estoy de acuerdo. El tiempo es solamente una medida. Lo que importa es qué hacemos durante ese tiempo. Eso es lo que nos ayuda a salir adelante o nos termina hundiendo".
Para él, el duelo implicó una decisión permanente. "Tenía dos caminos: dejarme caer o seguir. Y sabía que ni Analía ni Agustín hubieran querido verme rendido".
Aprender a valorar lo cotidiano
La tragedia también modificó profundamente su mirada sobre las pequeñas cosas.
Entre los recuerdos que más lo conmueven aparece una escena simple: el desayuno compartido con su hijo antes de salir a trabajar. "Nos levantábamos juntos. Competíamos para ver quién entraba primero al baño. Cuando salía, Analía ya había preparado el café para los dos. Parecía algo simple. Hoy entiendo que no era una taza de café. Era amor".
Para Waldemar, las pérdidas enseñan el verdadero valor de aquello que muchas veces se da por sentado. "Cuando alguien te va a buscar al trabajo, cuando te prepara una comida o te espera en casa, no te está regalando cinco minutos. Te está regalando parte de su vida".
La mochila del dolor
Lejos de afirmar que logró superar la tragedia, Waldemar prefiere hablar de convivencia con el dolor. "No se supera. No es una enfermedad que se cura. Es una mochila que uno va a llevar siempre. Lo importante es decidir cuánto peso quiere cargar dentro de esa mochila".
Durante los primeros meses debió incluso ocultar parte de su sufrimiento para acompañar a Denise en su recuperación.
Mientras velaba a su esposa y a su hijo, debía trasladarse al hospital para autorizar procedimientos médicos y transmitirle tranquilidad a su hija. "Tuve que disfrazar el dolor. No podía derrumbarme porque ella me necesitaba".
Con el tiempo llegó el momento de llorar, procesar y comenzar a reconstruirse.
Transformar el dolor en servicio
La música, los amigos, la familia y el acompañamiento de la comunidad de Crespo fueron fundamentales durante ese proceso. Apenas dos meses después del accidente volvió a subir a un escenario como percusionista de un grupo folclórico.
"Son cosas que me fueron sacando peso de esa mochila".
Pero quizás el cambio más profundo fue descubrir un propósito. Actualmente estudia coaching con la intención de acompañar a otras personas que atraviesan pérdidas similares.
"Mi historia puede ayudar a otros. Yo sé lo que se siente porque lo viví. Si encontré una forma de seguir adelante, quizás pueda mostrarles a otros que también existe una salida".
Elegir la vida
A lo largo de la conversación apareció una idea que atravesó toda su reflexión: la importancia de elegir. "Las tragedias nos ponen frente a distintas alternativas. Podemos quedarnos tirados en un rincón o hacer algo con ese dolor. Yo decidí transformarlo en algo útil".
Hoy, casi dos años después del accidente, asegura que sigue teniendo días difíciles, recuerdos que duelen y momentos en los que necesita llorar. Sin embargo, encontró una manera de seguir caminando.
"Aprendí a convivir con el dolor. Sé que me va a acompañar siempre. Entonces decidí hacerlo mi aliado y construir algo bueno a partir de él".
Su testimonio, cargado de honestidad y sensibilidad, dejó una enseñanza sencilla pero poderosa: aun en medio de las pérdidas más profundas, siempre existe la posibilidad de encontrar un sentido para seguir adelante.

