Historia
Una muestra que reivindica a los héroes de Malvinas
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El Profesor Claudio Schulz expuso material militar de la época del conflicto del Atlántico Sur • Además, rescató la biografía militar de los crespenses Juan José Falconier y Danilo Bolzán, fallecidos en combate.
Crespo.- El profesor de Economía Claudio Schulz realizó un trabajo de investigación centrado en los héroes crespenses de la Guerra de Malvinas (1982) vicecomodoro Juan José Falconier y capitán Danilo Rubén Bolzán, fallecidos en acciones de combate durante el conflicto con Gran Bretaña en el Atlántico Sur.
Elaboró una muestra, compuesta por fotografías, maquetas de aeronaves y réplicas de objetos utilizados durante el conflicto bélico, y una exposición de la biografía y las acciones militares de ambos integrantes de la Fuerza Aérea Argentina. El trabajo de Schulz logró que el Concejo Deliberante declare “de Interés Educativo y Cultural la charla y muestra temática ‘Malvinas: los héroes crespenses que volaron a la gloria’”. Esta actividad se desarrolló en el Instituto Comercial Crespo en el marco del 2 de Abril ‘Día del Veterano y los Caídos en la Guerra de Malvinas’.
El viernes 24 de abril, Schulz expuso su muestra de objetos militares de la época de Malvinas, durante el habitual encuentro mensual que hombres de la Iglesia Evangélica del Rio de la Plata, realizan con cena de camaradería precedida por la exposición de un tema a cargo de un especialista. Esta vez, el tema convocantes fue Malvinas.
Objetos de época
En dialogo con Paralelo32, Schulz explicó que “desde el año pasado empecé a juntar objetos para incluir en la charla y amenizar con los chicos, objetos que son de la época de la Guerra de Malvinas. No son los mismos pero son iguales a los que se llevaron a Malvinas. Los objetos de uso militar utilizados por los soldados argentinos en Malvinas no volvieron porque son parte del ‘botín de guerra’. La muestra incluye desde armas, municiones, elementos personales, réplicas de los aviones que entraron en combate y hasta teléfonos de campaña, tendiendo kilómetros y kilómetros de cables para ocupar distintas posiciones”.
– ¿Era la tecnología del momento?
-- De hecho, actualmente Ucrania en su guerra con Rusia, está ocupando el mismo teléfono israelí que se ocupó en Malvinas, porque son inviolables. Son ‘a cable’ de teléfono a teléfono, entonces el enemigo no tiene forma de interceptar la comunicación.
– ¿Cómo los fue consiguiendo?
-- Fue un trabajo de hormiga. Uno debe ir contactando gente que se dedica a vender rezagos militares dados de baja en distintas épocas. Otra gente está en el tema Malvinas y vende objetos repetidos. Es una tarea ardua localizar, negociar y pagar el valor que se puede pagar porque uno no dispone de mucho dinero. A muchos objetos luego hay que hacerles un trabajo de restauración y puesta en valor. Por ejemplo, hay un casco que usaba la Marina, el casco Tánger para comunicaciones. Conseguí uno todo oxidado, tuve que arenarlo, pintarlo, hacer un recubrimiento interno y ponerle nuevo correaje, conseguir auriculares y micrófonos de época. Son objetos casi ‘inconseguibles’ que uno va rastreando.
– ¿Lo más caro que consiguió?
-- Los teléfonos de campaña. Muchos ya no se consiguen, más cuando están en funcionamiento, como los que tengo. Un micrófono de pecho, que es una pieza prácticamente inconseguible. No hay precios determinados, pero hay objetos que rondan 200 mil o 300 mil pesos. Hay de todos los valores.
– ¿Tiene elementos que hayan estado en Malvinas?
-- Es imposible saberlo, porque lo que volvió al continente hasta el 14 de junio de 1982 al término de la guerra, pudo estar en Malvinas regresando con soldados heridos, por ejemplo. Luego de la rendición todo lo que quedó allá no pudo salir y se transformó en botín de guerra. Nadie puede asegurar, porque pasaron muchos años y no hay documentación que avale.
Falconier y Bolzán
– Rescató las biografías de Falconier y Bolzán. ¿Qué puede decir de ellos?
-- Fueron dos pilotos muy profesionales. Falconier estuvo a cargo de la reorganización del Escuadrón Fénix, escuadrón de 35 aeronaves, la mayoría civiles, puestos por empresas privadas y organismos del Estado. Sus misiones eran salir y distraer aviones de combate ingleses. Que despeguen y gasten combustible y tiempo en su persecución para que otros aviones militares argentinos vayan por otras trayectorias para completar sus misiones de bombardeo. Falconier cayó el 7 de junio a las 9 de la mañana a bordo de un Lear Jet. Iban cinco tripulantes. Fueron alcanzados por un misil tirado desde un buque inglés. Al día siguiente, con un día de diferencia, cae en combate Bolzán. La guerra lo encontró como instructor en la Escuela de Aviación de Córdoba. Pidió ser reincorporado a su grupo, se lo deniegan, pero insiste. Finalmente, lo aprueban y vuela a Río Gallegos. Se pone ‘en forma’ con el avión A4 que volaba siempre. Sale en tres misiones, en las dos primeras no encuentra los objetivos que le habían pasado desde Malvinas. El 8 de junio en la última oleada de ataques desde Río Gallegos, salen seis aviones en dos escuadrones. Dos aviones tienen problemas y vuelven a tierra. Bolzán queda liderando la escuadrilla de cuatro aviones. Llegan a las islas, reciben mucho fuego antiaéreo. Encuentran un lanchón que lleva pertrechos y tropas, Bolzán lo bombardea y lo hunde. En ese momento, el escuadrón argentino es interceptado por dos aviones ingleses que en pocos segundos dan muerte a tres de los cuatro pilotos. El tercero en caer fue Bolzán. Cayó en un sector de la Isla Soledad. Sus restos quedaron ahí hasta que fueron llevados al cementerio de Darwin. La primera cruz la puso un habitante de las islas, era una cruz de madera. Hace un par de años, el hijo de Bolzán con un contingente que incluyó uno de los pilotos que le dio muerte, viajó a Malvinas y pusieron una cruz de acero inoxidable en el mismo lugar donde tuvo su descanso original.
– Los dos cayeron en los últimos días de combate. Podrían haberse salvado.
-- Tal cual. Menos de una semana para terminar. Muchos decían que eran ‘kamikazes’. No lo eran, podían sentir miedo. Pero cuando subían al avión se transformaban en una sola cosa entre piloto y máquina. Sabían que el porcentaje de regreso con vida de una misión era del 50%. De mañana se confesaban, tenían mucha fe en Dios, eran tipos muy creyentes. Salían volando con la creencia de que si no volvían los esperaba algún otro tipo de vida en el Más Allá. Tenían muchas convicciones, pero sobre todo, mucho entrenamiento. Como integrantes de la Fuerza Aérea se entrenaron especialmente para estas misiones, porque en realidad no estaban preparados para bombardear buques al ras del mar tirando bombas con trayectoria casi horizontal. Este tipo de maniobras era, más que nada, patrimonio de la Armada. Bolzán y su escuadrón practicaron con un buque abandonado en las costas de Río Gallegos para adquirir técnicas de combate específicas: llegar volando al ras del mar, evadir todo tipo de municiones antiaéreas y, viajando a casi mil kilómetros por hora, lanzar las bombas, hacer blanco y escapar sin que los alcance el fuego enemigo.
– ¿De donde sacó datos de la biografía de ambos?
-- Hablo con familiares. Sobre Falconier no tuve tanta suerte porque la familia no está acá y son un poco reacios a dar información. Pero, tengo la suerte de ser amigo de la familia de Bolzán. De su hermano Dante, que confió mucho en mí en esta tarea de reproducir lo que fue el hermano; también Pablo, el hijo. Y varios pilotos que volaron con Bolzán en Malvinas, que están con vida y generosamente se prestan a evacuar mis dudas. Hace unos días le mandé un audio a un piloto que tiene más de 70 años y todavía da clases en la Escuela de Aviación de Córdoba. Él me contó detalles sobre las misiones, la forma en que atacaban, como se capacitaban. Son tipos muy generosos y gracias a ellos uno va reconstruyendo la historia de Falconier y Bolzán.

