Una ecología del cuidado: poner en el centro la sostenibilidad de la vida
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“Si queremos un mundo de paz y de justicia, debemos poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”. Antoine de Saint-Exupéry
Asistimos a un momento inédito en la historia de la humanidad: la caída de la natalidad y el aumento de la longevidad nos sitúan ante la crisis de los cuidados. En una cultura que exalta la autonomía, la eficiencia y la productividad, la fragilidad tiende a percibirse como una amenaza que debe ser eliminada. Dar respuesta a esta realidad exige una ecología del cuidado que ponga en el centro la sostenibilidad de la vida (Dimier de Vicente, 2026).
El Papa León XIV en la encíclica Magnifica Humanitas lo reafirma al señalar el derecho a la vida desde la concepción hasta su muerte natural (2026, n. 55). Agrega que el respeto a este derecho brota del propio ser personal cuya radical dignidad ontológica “no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada” (León XIV, 2026, n. 53).
Visita del papa León XIV Por su parte, Hans Jonas describe la vida humana como una novedad ontológica concedida de manera precaria y revocable (Jonas, 2006); y desde allí, se revela una ética de la responsabilidad ante el valor de esa vida (Jonas, 1984).
Asimismo, dicha encíclica invita a aceptar los límites y la fragilidad vital, y reafirma que la verdadera realización nace del cuidado recíproco y la solidaridad, no de la eliminación de lo frágil (León XIV, 2026, n. 12).
La vulnerabilidad es una condición inherente a la realidad vital humana, temporal, susceptible de verse afectada, finita y mortal. Todo ser humano nace en completa dependencia, y es probable que los últimos días de la vida finalicen de un modo semejante. Entre ambos extremos, la enfermedad, el duelo y la finitud recuerdan lo que Aristóteles intuyó y Lévinas demostró: que la esencia de todo ser humano es la interdependencia. Así, toda vida humana comienza, transcurre y termina sostenida por actos de cuidado, y, en ausencia de éstos, nadie podría ser quien es (Bernacer, citado en Asla, 2025). Cuyo valor ético se vincula con la acogida y la asistencia que se prodiga al que todavía no puede valerse por sí mismo, o al que, por el paso del tiempo y en proximidad quizás de la muerte, ha perdido ya esas capacidades (Asla, 2025).
Por tanto, ante esta dualidad esencial, cuidar es la respuesta apropiada que toda persona puede ofrecer ya que requiere ser cuidada porque es necesitada y vulnerable, y que lo merece por ser intrínsecamente valiosa (Asla, 2025).
El cuidado genuino opera bajo la lógica del don. Como demostró el antropólogo Marcel Mauss (1980), la experiencia previa de ser cuidado genera una disposición hacia el cuidado ajeno; así, el don, en su dinámica circular, constituye el tejido de la comunidad.
En esta línea, el sociólogo Pierpaolo Donati (2003) define este fenómeno como un “bien relacional”, mientras que Luigino Bruni (2006) conceptualiza el don como “una forma superior de reciprocidad”. Asimismo, la perspectiva ética de Hans Jonas (2006) advierte la existencia de imperativos que trascienden la expectativa de retribución, en tanto que el cuidar representa una dimensión ontológica de lo humano que se actualiza en el encuentro.
Finalmente, en consonancia con Emmanuel Lévinas (2001), la alteridad representada en el rostro del otro interpela la propia subjetividad de manera inmediata, demandando que ningún sujeto sea abandonado a las contingencias de su propia fragilidad. La familia sigue siendo, a pesar de todos los cuestionamientos, la matriz de humanización por excelencia.
Es el lugar donde cada ser humano es aceptado y amado de manera incondicional, y donde se aprende a cuidar y a dejarse cuidar. Significa el eje vertebrador que une a las generaciones. Asimismo, la familia es el ámbito donde la sostenibilidad deja de ser un concepto abstracto para volverse cultura viva, y la intergeneracionalidad es el flujo que une la experiencia del pasado con el futuro (Dimier de Vicente, 2026).
Al mismo tiempo, toda persona es intergeneracional porque en ella se cruzan el pasado que se recibe, el presente que vive y el futuro que se transmite.Visita del papa León XIV Por su parte, la encíclica recuerda que el auténtico progreso requiere solidaridad intergeneracional (León XIV, 2026, n. 76), un mandato que impulsa a pasar del paradigma del control a un paradigma del cuidado, abierto a la aceptación de la vulnerabilidad (Bertolaso y Marcos, 2024; Asla, 2025, p. 62).
Igualmente, Juan Pablo II reclamó la necesidad de “salvaguardar las condiciones morales de una auténtica ecología humana” (1991, n. 37).
Por tanto, la sostenibilidad no es solo un desafío técnico de recursos finitos, sino un desafío antropológico de vínculos interpersonales e intergeneracionales. Habitar la casa común exige asumir una postura ética pues implica una forma de estar en el mundo, ya que cada acto construye o destruye, a la vez, el entorno y el tejido relacional.
Así, cuidar la vida y la fragilidad es honrar una verdad para todos: no habrá auténtica preservación del planeta sin un reconocimiento de la propia naturaleza relacional humana y su radical dignidad.
Bibliografía
Asla, M. (2025). Homo Sapiens, Homo Curans: El cuidar como puente entre la biología y la moral. Prometeica. Revista de Filosofía y Ciencias, 32, e19648-1. Bertolaso, M. y Marcos, A. (2024). Inteligencia artificial y humanismo tecnológico. Digital Reasons. Bruni, L. (2006). Reciprocità: dinamiche di cooperazione, economia e società civile. Pearson Italia Spa. Dimier de Vicente, M. D. (2025). El cuidado como eje vertebrador de la intergeneracionalidad familiar. In Forum. Supplement to Acta Philosophica (Vol. 11, pp. 55-66). Dimier de Vicente, M. D. [en prensa]. Hacia una ecología del cuidado: poner en el centro la sostenibilidad de la vida Donati, P. (2003). Manual de Sociología de la Familia. España: EUNSA Jonas, H. (1984). The imperative of responsibility: In search of an ethics for the technological age. University of Chicago Press. Jonas, H. (2006). Evoluzione e libertà. En M. F. Michelini (Ed.), Natura senza fine. Il naturalismo moderno e le sue forme (pp. 335–354). Juan Pablo II (1991). Centesimus annus [Carta encíclica]. Librería Editrice Vaticana. León XIV (2026). Magnifica humanitas. Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial [Carta encíclica, 15 de mayo de 2026]. Santa Sede. Lévinas, E. (2001). Entre nosotros. Pre-Textos. Mauss, M. (1980). “Essai sur le don.et raison de l’échange dans les sociétés archaïques.” En Sociologie et Anthropologie, París, Presses Universitaires de France. Moratalla, A. D. (2025). La humanidad cuidadora. Dykinson. Organización de las Naciones Unidas (1948). Declaración Universal de los Derechos Humanos. Wojtyła, K. (2007). Persona y acción. Biblioteca de Autores Cristianos.
