Transformó una necesidad en la oportunidad de generar el sustento diario
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La historia de Diego, vendedor de pancitos caseros en la calle • Resiliencia y adaptación.
Crespo- En tiempos de crisis económica, las ventas informales crecen con fuerza porque la gente pierde poder adquisitivo y busca precios más bajos, pero también porque muchos trabajadores recurren a la economía popular para sobrevivir ante la falta de empleo formal.
Así, van apareciendo ‘buscavidas’ y vendedores ambulantes, que en algunos casos aportan ejemplos de resiliencia y adaptación, transformando la necesidad en una oportunidad para generar el sustento diario mediante el autoempleo.
La historia de Diego
La de Diego Stegmann es una historia que nos muestra la dignidad de quienes eligen salir a ganar el sustento diario en la calle antes que rendirse frente a la falta de oportunidades. Lo encontramos en la intersección de calles Illia y Jorge Heinze, ofreciendo, con un cartel colgado al cuello, “tres pancitos caseros a mil pesos”. A pocos metros estaba su bici, con un carrito donde guardaba la mercadería, esperando clientes.
Decidimos frenar, comprar y conocer su historia. Este crespense de 55 años volvió de Rafaela, donde residía, en 2025. “La empresa de seguridad privada donde estaba redujo personal y me sacó, con 54 años. Hablando con mi madre me dijo que volviera a Crespo, que acá ‘algo iba a conseguir’. Allá me indemnizaron, pero en un año, teniendo que comer y vivir todos los días, el dinero se fue. Mi mamá es jubilada, para estar con ella necesitaba generar ingresos, y decidí empezar con esto”.
Así empezó
Recordó que “Inicié con un kilo de harina y un sobrecito de levadura que pude comprar, algo de grasa que tenía y otro poco que me donó una vecina. Ahora vendo 48 panes en el día. Los hago con chicharrón, común, queso y mortadela, preparo diferentes variantes. Hago producción en la madrugada y empiezo la venta temprano”.
Sumó que “Los que más ‘salen’ son los saborizados. Podría hacer más, pero no tengo capacidad física ni elementos necesarios para hacer a más escala. Arranco pasadas las 7.00 la comercialización y a la tarde regreso después de las 15.00, tratando de vender todo. La producción me lleva alrededor de cuatro horas. Vivo a una cuadra de donde vendo y estoy todos los días menos domingos a la mañana, porque ahí no hay tanto movimiento, la gente duerme un poco más, no me ‘rinde’”.
Analizando el negocio
Como ‘estrategia de negocio’, Diego comentó que “Elegí este lugar porque hay mucho movimiento y un lomo de burro que hace que la gente aminore la marcha, es una oportunidad para que me vean. No es un trabajo fijo, no tengo previsibilidad, pero me gusta, charlo con la gente, interactúo y se me pasa rápido la jornada”.
“Ojalá algún día pueda ampliarme. Vi algo en ‘Mercado Libre’, tengo el sueño de en algún momento comprar un horno pizzero y salir con más variedad de productos. Tal vez en algún momento lo logre. No te llenás de plata con esto, pero no puedo quedarme en casa. Necesito trabajar”.
Opinó que “El pan casero es diferente al tradicional, la gente lo acepta bien. Tengo clientes fijos pero la mayoría es gente que pasa, me ve y decide frenar”.
No perder la fe
Dijo que “Soy creyente y sé que hay que pelearla todos los días. Si vendo todo, mejor, y si no, me alimento con la producción, para no perder. La gente de Crespo es solidaria. Alguno hasta viene y no acepta el producto, pero deja algo de dinero porque valoran el esfuerzo. Hay otros que llevan algo, pero dejan también una propina. No pido nada, a muchos les nacen simplemente las ganas de ayudar y lo agradezco”.
“Me gusta charlar con la gente, conocer, que me conozcan. Siempre tuve la ‘filosofía del 10%’. Le digo al que quiera escucharme que si tenés ingresos más o menos dignos y podés, destinés el 10% a una obra de caridad. Eso te hace sentir bien, útil, ayudás y le podés cambiar la vida a alguien o al menos mejorársela un poquito”, agregó.
“No pretendo ser ejemplo de nadie, solo decir que siempre algo se puede hacer. Confío en Dios, Él siempre te saca y te lleva a un mejor lugar. La cabeza a veces me ‘trabaja’, tengo 55 años, para jubilarme falta un montón, esto no es fijo, pero es una herramienta para vivir con dignidad”, cerró.

