Toy Story (Historia de juguetes)
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** El mundo es así, hay quienes pueden elegir y quienes solo soñar con ser elegidos. Los elegidos suelen parecernos agraciados, pero su suerte siempre es incierta y su vida no tan feliz como se la ve tras ese afortunado día cuando alguien les dijo “sos vos”. Pueden sufrir las torturas de la duda, pensando que quien les levantó el pulgar podría bajarlo, y ese temor, a menos que tengan la fortaleza e inteligencia de extender sus propias alas, los somete a la servidumbre.
No escribí esta reflexión pensando en Alberto Fernández sino en Woody el vaquero, juguete predilecto de Andy en la película Toy Story cuya primera versión fue estrenada en 1996 y significa ‘historia de juguetes’, pero sí, ¿por qué no decirlo?, al concluir este pensamiento se me presentó Alberto.
** Refieren los resúmenes disponibles, que “cuando el pequeño Andy se va de su habitación, sus juguetes cobran vida y forman toda una sociedad bajo el liderazgo de su muñeco favorito, Woody el vaquero. El chico también ignora que cada cumpleaños suyo es un momento de angustia para sus juguetes, incluso las navidades, debido a que se sienten realmente aterrados al pensar que pueden ser suplantados por unos nuevos. Woody es el único juguete al que esto no le preocupa, pues cree asegurado su estatus de mejor amigo de Andy.
** Quienes han visto la peli o alguna de sus remakes (que en criollo significa rehacer), quizás recuerden detalles de las aflicciones que se vivían en el cajón de los juguetes y en todo el cuarto de su desparramo, donde Woody el vaquero tranquilizaba a los demás pero finalmente entendió algo: era el elegido y en consecuencia tenía más para perder.
Por momentos les ayudaba la terapia de grupo. Después de todo compartían una misma preocupación; que el gurisito no los descarte por encariñarse con otro juguete, quizás más evolucionado.
Unidos por el espanto
** La premonición se cumple; el mundo del vaquero se derrumba cuando uno de los regalos del último cumpleaños de Andy es un Buzz Lightyear, un sofisticado y moderno juguete espacial que está teniendo gran éxito en ese momento. Este intrépido aventurero del espacio, casi sin proponérselo, se granjea el cariño total de Andy, por lo que éste pasa prácticamente a jugar solo con él y marginar a Woody.
Allí comienza una larga confabulación para serrucharle el piso al nuevo elegido (para ellos un intruso) plegándose a la conspiración del vaquero algunos de los juguetes, con abstención de los que ya están muy jugados. Es ficción, pero la ficción siempre describe realidades existentes o posibles.
** Aquella entretenida película para gurises nacidos a partir de 1990 es por momentos divertida, mientras dos juguetes sin alma ni aliento se desflecan disputándose la preferencia de su dueño. Pero llegó la Navidad y el espanto los unió de nuevo, y no hubo terapia que valiera. ¿Qué nuevo juguete vendrá a robarnos la atención y los favores de Andy? Llegado aquel día supieron que el regalo de Papá Noel había sido un perrito, vivito y coleando. Ahora el recién llegado Buzz también tenía una razón para preocuparse. Finalmente se unieron, que es lo que vemos en el campo de la política, donde hoy son enemigos y mañana se unen, porque el enemigo de mi enemigo es mi amigo.
No estamos todos locos
** Uno piensa,,, bueno, después de todo Woody el vaquero ya disfrutó un tiempo las mieles de los elegidos. Es triste ser descartado pero ¿quién le quita lo bailado? Y entonces vuelve a cruzarse en nuestro pensamiento la imagen de Alberto Fernández, que ya no enamora a quien lo eligió y para colmo no cuenta con el apoyo de muchos juguetes, que de última no quieren poner de mal humor a la que todavía, mal que mal, los mima o los ignora (que a veces es mejor). ¡A ver si todavía adopta un perrito faldero y los patea!
** Se nos cruza su imagen, por ejemplo, cuando le escuchamos decir palabras como las que expresó esta semana durante el relanzamiento del Consejo Económico y Social: “por qué de una vez no probamos de sentarnos en una mesa, contarnos qué nos pasa, hagamos una suerte de terapia de grupo y encontremos una solución dialogada”. Textual, refiriéndose a la CGT y la UIA y quizás al sector disidente de su partido.
** En el caso de Toy Story, la terapia de grupo ayudó a bajar el estrés pero no trajo soluciones. En el caso de Alberto, está bien que lo intente pero en la primera ronda le recordarán que en su primer y segundo año de gobierno se mostró inamistoso con ellos. El vaquero necesitaba culpables para sus desaciertos y los eligió, entre otros. Supongo que terapia de grupo significa dejemos todo como está pero seamos amigos. ¡Hummm!
** La frase de la terapia está tomada dentro de su contexto. No sacada fuera de él, tampoco tomadas de algún meme que ande circulando. Porque eso también pasa, seamos justos con Alberto por lo menos ahora que va a ser papá. En esta misma semana habló en Río Grande, Tierra del Fuego. Su extensa alocución se puede leer en el sitio oficial de la Casa de Gobierno (casarosada.gob.ar), de la que un meme, buscando el blooper, extrae que mencionó a Ushuaia como capital de las Malvinas. Sin embargo la frase original no configura un error; tiene sentido dentro del contexto de su mensaje y se entiende perfectamente.
Pensamiento puramente político
** Pero seamos realistas, Alberto jamás tendrá el triste destino que Woody el vaquero. Podrán quitarle el cargo pero nunca “lo bailao”. Pongámonos en sus zapatos. Andas sobreviviendo como profesor adjunto en una universidad y viene alguien a proponerte la presidencia de la Nación. ¿Te pondrías a pensar en los problemas que deberás afrontar en un país donde el Estado gasta más de lo que recauda y al presidente designado le dicen que reparta más todavía para que la miseria no se note?
La respuesta podría ser: acepto y después vemos. Si cuando caigo en la cuenta que un país así es inviable y quiero cambiar las cosas, me van a echar los sectores beneficiados con la generosidad estatal, ¡que me echen! Podrán quitarme el cargo pero ¿¡quién me quita lo bailao!?
** Si unas manos me fallaron / otras fueron más cordiales, / unos besos fueron dulces, / y otras bocas como hiel. (…)
Hago fiestas en pandemia / y aunque no me quede un cobre, / al sonar mi última hora, / ¡Que me quiten lo bailao! Con que me paguen como pensión solo la mitad de lo que cobra la ex presidente y pongan un busto mío en la Casa Rosada… ¡te regalo la llave del bolonqui, con moñito y todo!

