“Todos los cuerpos”: el desafío de una sexualidad sin cuerpos de primera ni de segunda
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El lema de este año propone cuestionar estereotipos que todavía determinan qué cuerpos consideramos deseables y quienes creemos que tienen derecho al placer.
En el marco del Día Mundial de la Salud Sexual, que se conmemora cada 4 de septiembre, la World Association for Sexual Health (WAS) propone este año el lema “EVERY BODY”, una expresión que juega con un doble significado: todas las personas y todos los cuerpos.
Y la pregunta que abre es incómoda, pero necesaria: cuando hablamos de sexualidad, de salud, de placer y de derechos, ¿estamos hablando realmente de todos?
Durante mucho tiempo, la sexualidad fue pensada y representada desde modelos muy limitados. Determinados cuerpos, edades, identidades y formas de vincularse parecían tener más permiso que otros para hablar de deseo, placer o intimidad.
Por eso, “Every Body” no es solamente un lema. Es una invitación a revisar quiénes siguen quedando afuera de las conversaciones sobre sexualidad, de los servicios de salud, de la educación sexual y, muchas veces, también del imaginario social.
Hablar de todos los cuerpos implica hablar de diversidad corporal, discapacidad, distintas edades y etapas de la vida, identidades de género, diferencias culturales y también de las desigualdades sociales que condicionan el acceso a la salud y a los derechos sexuales.
Pero también nos invita a llevar la pregunta a un lugar mucho más personal: ¿Qué mensajes recibimos sobre nuestro cuerpo a lo largo de la vida?
¿Cuántas veces escuchamos que un determinado cuerpo era más deseable que otro? ¿Que a cierta edad ya no correspondía hablar de sexualidad? ¿Que había cuerpos que debían esconderse, cambiarse o adaptarse para poder sentirse deseados?
La salud sexual no se limita a prevenir infecciones o abordar problemas médicos. También incluye el placer, el consentimiento, la autonomía corporal, el acceso a información científica, la posibilidad de construir vínculos respetuosos y una vida libre de violencia y discriminación.
Porque la sexualidad no debería estar reservada para algunos. Todos los cuerpos pueden desear, todos los cuerpos pueden sentir placer y todos los cuerpos merecen sentirse deseados.
Y quizás ahí esté el verdadero desafío: no cambiar nuestro cuerpo para entrar en el modelo impuesto por la mirada de los demás, sino cambiar la mirada con la que nosotros mismos habitamos nuestro cuerpo.
“Todos los cuerpos” no debería ser solamente un lema, sino una forma de mirar, sentir y vivir nuestra sexualidad.
Porque todos los cuerpos cuentan.
Porque todos los cuerpos sienten.
Porque todos los cuerpos desean.
Porque todos los cuerpos tienen derecho al placer.
Todos los cuerpos, sin excepción.

