Tan actual como las viejas noticias
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** Si alguien dispusiera elegir a nivel nacional “la frase de la década”, no dudaríamos en votar por esta genialidad que resume de manera superlativa a nuestro país. «La Argentina es un país donde, si te vas de viaje veinte días, al volver cambió todo, y si te vas de viaje veinte años, al volver no cambió nada». El autor es desconocido. Premio desierto.
Sería por la nostalgia propia de esta altura del año, o por la proximidad del medio siglo de vida de Paralelo 32, que se nos dio esta semana por hojear lo publicado hace décadas; en esta oportunidad un ejemplar del 7 de diciembre de 2001. Los economistas de entonces miraban con un ojo el tipo de cambio y, con el otro, el nivel de las reservas. Veamos:
** Abrimos comillas:
–“¿Vió lo que hicieron ahora?
_’¿Y si, usted qué esperaba, sidra y pan dulce? Cuando atrás uno tiene el precipicio no tiene más remedio que mandarse para adelante, a lo que venga’, dijo esta semana Juan Carlos De Pablo. No dijo qué es lo que hay hacia adelante; seguramente caníbales y jíbaros, pero nos dio una gran alegría porque según este analista económico, todavía no estamos cayendo al precipicio sino que está ahí nomás, a nuestras espaldas.
El nuestro es un país donde los bordes de precipicios tienen barandas. Hace pilas de años que se nos anuncia que estamos al borde del precipicio, y aunque cada vez estamos peor, nadie se anima a decir que ya estamos en caída”. Cerramos comillas.
** Aunque parece haber sido escrito hoy, a este párrafo que antecede, lo hemos escrito y publicado en El Mangrullo en 2001. Han transcurrido dos décadas, las noticias son las mismas y muchos de aquellos economistas también, salvo las canas y algunos kilos más.
Nada más viejo que el diario de ayer ni más actual que el de hace veinte o treinta años. Si así no fuera, muchos monólogos de Tato Bores de la década del 60, la del 70, la del 80 y la del 90, no tendrían tanta actualidad.
Palabras nuevas, problemas viejos
** Decíamos que el precipicio parece no tener barandas porque no se cae todo un país a la vez, pero tiene una puerta de avión por donde vamos cayendo por sectores… otros quedan colgados de alguna roca saliente y vuelven a treparse luego. Lo único novedoso es el Covid19 y la conspiración de los dueños del planeta.
En 2001 nos referíamos a la “bancarización”. Como había cada vez menos guita, aprendimos esta palabra nueva que nos mandaba a todos a comprar y vender con tarjetas magnéticas. Se obligaba al comerciante, hasta el kiosco más chico, a tener posnet y aceptar plásticos a pesar de la deficiente conexión a internet, que en 20 años mucho no mejoró.
** Comillas: “Juan D. Perón y José B. Gelbard nos ilusionaron con inflación cero y le echaron la culpa del mal al agio (acaparamiento de mercaderías). Con Isabel Martínez y Celestino Rodrigo las palabras rodrigazo e hiperinflación. Con Videla y Martínez de Hoz tendríamos que aprender indexación. Con Alfonsín y Sourrouille la novedad del desagio y luego hiperinflación; con Menem y Cavallo la palabra convertibilidad; con De la Rúa y Cavallo, déficit cero, y ahora la bancarización.
¿Y qué es la bancarización? Quizás bancarse cualquier cosa”. (Mang. 7/12/01)
** Puede hasta resultar divertido repasar aquellos mangrullos (llamémoslo así porque las décadas lo han convertido en un sustantivo). En 1996 llegó a nuestro país el genio Nicholas Negrponte, para dictar una serie de conferencias. Era y es un recontracapo en el nuevo mundo de la digitalidad y era un privilegio oírlo hablar en nuestras universidades, pero algo falló e hicimos un poco de humor con esa tragedia…
Los anticipos de Negroponte
** Abro comillas: “El genio del Instituto de Tecnología de Massachusetts (EEUU), vino al país para dar una conferencia en la que anunciaba y explicaba que en el futuro desaparecerá el papel moneda de la faz de la tierra. Al cabo de la misma se produjo una aglomeración a su alrededor para pedirle que autografiara su libro “Ser digital”, y en esa amuchada le afanaron la billetera. Son todos buenos muchachos pero es evidente que alguno pensó que, si el tipo cree que la guita no tendrá razón de existir en el futuro ¿para qué la quiere conservar?
Le demostraron que acá fuimos especialistas en hacer desaparecer el dinero ajeno mucho antes de lo que él profetiza”.
** “Las crónicas del momento daban cuenta de un Negroponte que, muy indignado, canceló todos sus compromisos, se hizo llevar a Ezeiza y regresó a los Estados Unidos. En el camino llamó a su oficina en aquel país para que cancelaran la validez de sus tarjetas de crédito. Sus amigos locales apenas tuvieron tiempo de hacer una vaquita de dos mil pesos (dólares) y reponerle la viyuya que le birlaron. Porque la plata en mano no hará falta en el futuro pero en 1996 calma los nervios tener en el bolsillo algunos sucios billetes en papel moneda con marca de agua”. (Mang. 1996).
** En 2001, un lustro después de aquel episodio de 1996, casi se cumplió su profecía, porque fue tal la miseria que los billetes tendieron a desaparecer de los bolsillos de la gente. Al día de hoy (2021) transcurrido un cuarto de siglo, lo que sobra son billetes. De hecho, no dan abasto las dos fábricas de nuestro país y se manda a imprimir parte a Chile, porque hay quien piensa que imprimiendo billetes sin aumentar la producción de bienes, se crea riqueza. Es lo mismo que creer que imprimiendo títulos de grado vamos a tener más profesionales.
Que no decaiga la fe
** ¡Pero mire lo que son las cosas! Comenzamos esta columna con una afirmación del economista De Pablo y su “arriesgado” pronóstico de que “estamos junto al precipicio pero de espaldas a él”, y el lunes de esta semana, en declaraciones a El Cronista volvió a pronunciar uno de sus diagnósticos “ni”, al decir “Si tenemos un acuerdo con el Fondo (FMI), no todo será una maravilla, y si no, la economía se desbarranca, y mi impresión es que no es una cosa ni la otra”
** Traslademos este razonamiento a un consultorio médico: -lo hemos conectado a un respirador para que viva, de lo contrario muere; para mí no sucederá ni una cosa ni la otra.
Ya lo ve, el país no cambia con el paso del tiempo. Algunos economistas tampoco.
** Pero hay algo más. Ayer como hoy los argentinos mantenemos la esperanza, que siempre nos ayudó a disfrutar la vida a pesar de todo. Eso tampoco ha cambiado, a Dios Gracias.

