Su historia con el cáncer: “Me lo detectaron por un control”
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En el marco de Octubre Rosa, Marisa Beisel compartió en Crespo en Vivo su experiencia con el cáncer de mama y de tiroides. Contó cómo fueron sus diagnósticos, los tratamientos que atravesó y el impacto que tuvieron en su vida. Su principal mensaje fue la importancia de realizar los controles médicos.
Marisa Beisel tenía alrededor de 40 años cuando una mamografía de control detectó un pequeño nódulo en su mama derecha. No había sentido dolor ni había notado cambios que le hicieran sospechar que algo estaba ocurriendo. Era 2020 y ese estudio marcó el comienzo de un proceso que todavía continúa.
En el marco de Octubre Rosa, Beisel visitó el programa Crespo en Vivo, que conduce Valeria Torresín, para compartir su experiencia y hablar sobre la importancia de los controles para la detección temprana del cáncer de mama. “Fue un hallazgo. Yo no sentía nada, no lo veía, no lo palpaba”, relató.
Un antecedente que la llevó a mantenerse controlada
La historia de Marisa con los controles médicos había comenzado varios años antes. Cuando su hija tenía tres años, le detectaron un quiste en uno de sus ovarios. Inicialmente se trató de una formación que fue extraída, pero durante los controles posteriores los médicos encontraron nuevamente una alteración que requirió una intervención.
Finalmente, la situación no derivó en un cáncer, pero a partir de entonces le indicaron mantener controles periódicos. Años después, esa conducta de seguimiento sería determinante.
Cuando su hija tenía 10 años, una mamografía permitió detectar un pequeño nódulo. El profesional que la atendía decidió retirarlo y enviarlo a analizar, aunque inicialmente no presentaba características que hicieran pensar en una lesión maligna. El análisis confirmó el diagnóstico de cáncer de mama.
“Me dijo: ‘Esto no es nada, pero lo vamos a sacar igual y lo vamos a mandar a analizar’. Y ahí dio cáncer”, recordó.
Cirugía y tratamiento
En menos de dos meses fue sometida a una intervención quirúrgica en la mama derecha, en la que le retiraron un cuadrante. Luego realizó radioterapia y tratamiento con medicación oral, de acuerdo con la indicación de sus médicos.
La entrevistada explicó que, al tratarse de un diagnóstico realizado en una etapa inicial, el tratamiento fue diferente al de otros pacientes y no requirió quimioterapia intravenosa. Sin embargo, el proceso continuó durante varios años.
Con el tiempo debió someterse a nuevas intervenciones y tratamientos. También le diagnosticaron cáncer de tiroides, por el que fue operada y posteriormente recibió tratamiento con yodo radiactivo. A esto se sumaron otras complicaciones de salud y efectos asociados a los tratamientos, entre ellos una trombosis por la que permanece anticoagulada.
“Son muchos años que ya vengo con esta lucha”, contó.
Un tratamiento que continúa
Aunque actualmente se encuentra en remisión, aclaró que continúa bajo tratamiento y con controles médicos. La remisión significa, según explicó en la entrevista, que actualmente no se encuentran signos detectables de cáncer, pero no implica que haya finalizado el seguimiento médico.
Su rutina incluye consultas con distintos especialistas y controles periódicos. Entre ellos, oncología, hematología, endocrinología y cardiología. “Los controles son muy seguidos. Tengo muchos médicos”, explicó. También continúa con medicación oral y espera que en algún momento sus profesionales puedan darle el alta definitiva del tratamiento.
La enfermedad y la vida cotidiana
El proceso tuvo además un fuerte impacto en su vida familiar. Cuando recibió el diagnóstico, su hija tenía 10 años y una de las preguntas que más la conmovió fue si iba a morir de cáncer.
“Me preguntó: ‘Mami, ¿vos te vas a morir de cáncer?’. Y yo le contesté que no”, recordó.
Durante los momentos más difíciles llegó a aislarse de familiares y amigos. Su pareja de entonces fue una de las personas que la acompañó durante buena parte del proceso, incluidos los viajes que debió realizar durante la pandemia para recibir atención médica. Además, reconoció que atravesó períodos en los que prácticamente no tenía fuerzas y que la enfermedad modificó profundamente su manera de ver la vida.
La fe religiosa ocupó un lugar importante en su experiencia personal. También encontró en las prácticas que denomina terapias holísticas y alternativas una forma de acompañamiento. En ese contexto nació Espíritu Luminoso, el proyecto que actualmente desarrolla y que, según explicó, surgió a partir de una experiencia espiritual que tuvo durante su recuperación.
La importancia de no postergar los controles
Uno de los principales mensajes que ella buscó transmitir durante la entrevista fue que los controles pueden permitir detectar enfermedades antes de que aparezcan síntomas. Su propio caso, contó, es un ejemplo de ello: el cáncer de mama fue descubierto mediante una mamografía y no porque ella hubiera detectado un cambio en su cuerpo.
“Yo no sentía nada. Simplemente fue un control”, remarcó. Por eso llamó a las mujeres a seguir las recomendaciones de sus profesionales de salud y a no postergar los estudios correspondientes a cada edad y situación personal.
“Que se hagan los controles todos los años, que no lo dejen pasar”, pidió.
“Siempre con una sonrisa”
Después de casi seis años desde aquel diagnóstico de 2020, continúa con controles y tratamiento. Al mirar hacia atrás, reconoce que el camino estuvo marcado por operaciones, medicación, viajes, momentos de agotamiento y también por el acompañamiento de familiares, amigos y profesionales.
“Los médicos pueden hacer lo que tienen que hacer, pero uno también tiene que poner su fuerza, su garra y sus ganas”, sostuvo. Su historia, compartida durante Octubre Rosa, busca poner en primer plano una idea sencilla: un control médico puede detectar una enfermedad incluso cuando no existen síntomas evidentes.

