‘Soy mayor, no idiota’
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En este punto de la evolución tecnológica se producen asimetrías entre la inteligencia artificial y la realidad de muchos seres humanos. Evoluciona lo suficientemente rápido para los jóvenes, pero demasiado rápido para los ‘no nativos’ de la era digital, o tercera edad. ¿Debería detenerse a esperarlos? Claro que no, solo facilitarles las cosas con algunas excepciones.
Un médico español de nombre Carlos San Juan de Laorden, de 78 años, que tiene la enfermedad de Parkinson y el temblor de sus manos le dificulta pulsar los botones de cajeros automáticos, organizó una campaña para llamarles la atención a los bancos de su país. La llamó “Soy mayor, no idiota”, logrando en dos meses 600.000 firmas que acompañaron su petición ante la Asociación Española de Banca, logrando cambios importantes en el servicio bancario. Su historia fue contada por el periodista Raphael Minder.
Todo empezó cuando el banco redujo las horas de atención en sucursales, y luego le informó que la única forma de contactar con un agente de servicio al cliente era concertar una cita a través de una aplicación que le parecía muy complicada, Seguramente esta situación les resulta muy familiar a muchos de los que ahora mismo están leyendo esta columna.
San Juan no solo se sintió agobiado sino agraviado cuando: “con cortesía, me informaron que podía cambiar de banco si no estaba contento. Tengo mi dinero en el mismo banco desde hace 51 años, desde que me pagaron mi primer sueldo, y molesta darse cuenta que el mundo digital nos ha deshumanizado hasta tal punto que la lealtad ya no vale para nada”, se quejó.
En su intento de mudarse a los servicios de línea e ir reduciendo la atención presencial, los bancos implementan sistemas que no solo sustituyen al cajero que nos daba la plata en mano, o la persona que nos explicaba algo con lo que teníamos dificultad, sino que sustituyen también otras funciones. Aparecen exigencias a cumplir que deben realizarse por Home Banking y otras aplicaciones. Lo mismo sucede con Afip y Anses, que se regodean en anunciar nuevos servicios personalizados que, aún las personas mayores que dominan esa tecnología, se topan con toda clase de dificultades. Y ni hablar de las caídas de sistemas y baja o nula conectividad.
Laorden se lleva bien con la tecnología; de hecho, la usó para recoger firmas para su petición, pero tiene Parkinson. Solo reclama que la gestión digitalizada sea implementada en los bancos a conciencia de que no todos sus clientes están en condiciones de acceder a ella. Es injusto descartar a un cliente que lleva 51 años de fidelidad, prefiriendo reemplazarlos por clientes jóvenes a los que se debe explicar menos.
Qué bueno que la Asoc. de Bancos Argentinos (ADEBA) y la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA), discutieran este tema e hicieran algo al respecto, porque a los derechos no solo se los proclama, se los honra facilitando su cumplimiento.

