Sorprendentes derivaciones de una denuncia por violación y privación de la libertad
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Un reclamo público por justicia incluyó acusaciones a personas no denunciadas formalmente, no vinculadas con el caso que ya tiene detenidos, y hubo un suicidio posterior.
Nogoyá.- No ha sido una semana fácil en materia informativa por los desenlaces inesperados que hubo en torno a una protesta realizada el pasado lunes en Plaza Libertad.
Amigas y familiares de la víctima del caso de abuso sexual y privación ilegítima de la libertad, ocurrido en la madrugada del pasado 27 de junio contra una joven de 19 años, organizaron una marcha que tuvo como punto de concentración la plaza principal.
Allí se confeccionó un petitorio que fue entregado al Juzgado de Transición y Garantías, exigiendo que no se dilaten los tiempos de la causa. Hasta ese momento no había más información que el pedido de justicia de una madre, amigas de la víctima y un importante número de vecinos, para que llegue pronto la condena a los culpables del abuso sexual cometido a manos de tres masculinos, (dos mayores y un menor de edad) que se encuentran detenidos en prisión preventiva.
En la movilización se convocó a quienes deseen contar situaciones de abuso, podían hacerlo de forma anónima en un papel y también quedó a criterio de quienes escriban esa experiencia, poner el nombre del abusador. Fue así que hubo una decena de relatos breves donde en su mayoría se puso el nombre de quien cometió los abusos.
Entre esos nombres, apareció el de Ricardo Ruiz Diaz. Es el nombre a destacar porque Ricardo, el día martes por la mañana se quitó la vida, presuntamente al conocer que su nombre aparecía en el escrache realizado el día anterior en la plaza principal del pueblo. La investigación que inició Paralelo32, confirma que Ricardo no tenía denuncia alguna por abuso.
El abuso se visibilizó por parte de la víctima en una movilización popular pero no en la justicia. Una vez más, la condena social demuestra tener mucho más peso que una condena judicial, como ha pasado con otros casos, pero aquí la situación es distinta, porque se está hablando de abusos contra la integridad sexual. No es un robo, no es un accidente. Detrás hay víctimas que por años han guardado esas horribles experiencias y hoy la sororidad las lleva a visibilizar lo sufrido y sacarse de encima una mochila que por miedo antes no hacían.
Como sociedad, atravesamos hoy un punto de inflexión donde las generaciones actuales no permiten naturalizar absolutamente nada. Y está bien. Lo que está mal, está mal y hay que exponerlo. No existe más lugar para las frases simples o atenuantes, tales como: “no digas nada, por respeto a tu familia”, “quédate callada porque va a ser peor”, “tampoco es para tanto”.
Hoy en una comunidad pequeña como Nogoyá somos testigos de una valentía de víctimas sin precedentes y al ser una ciudad chica, lo vuelve aún más valeroso para quienes deciden dar el paso de contar sus experiencias pasadas y como han sabido convivir con ese peso durante años. Además, esas mujeres deben tomar el doble coraje de salir a su vida cotidiana siendo señaladas, o reconocidas como víctimas.
Claro está que en medio de este valiente accionar, las consecuencias sacuden y conmueven. Algunas voces definen al caso del reciente abuso sexual como la gota que rebalsó el vaso, sacó a muchas mujeres de su silencio y están dispuestas a visibilizar las numerosas situaciones que sufren por parte de hombres y muchas veces de su propio entorno familiar.
Surgen interrogantes también. Hoy tenemos al menos diez delitos expuestos públicamente pero ninguna denuncia. En este caso la justicia no puede actuar de oficio, pero si puede accionar al recibir las denuncias tanto de las víctimas como de los acusados, porque estos también pueden denunciar un perjuicio hacia su persona y solicitar que se ratifique o rectifique lo denunciado en los escraches.
En los tribunales, la causa del reciente abuso sexual marcha a buen ritmo según confirmaron fuentes judiciales a Paralelo32. Se actuó rápidamente apenas recibida la denuncia y se logró poner en prisión a los tres acusados. Incluso a un menor de edad que planta un precedente en la provincia. Es el único menor detenido por un delito de abuso sexual en Entre Ríos. La mayoría queda en libertad, pero supeditados a la causa.
En medio de esto, se quita la vida Ricardo Ruiz Díaz. Sus familiares y allegados repudiaron el accionar de la autora del escrache. Su hermana, dio a conocer unas palabras donde menciona: “digan lo que quieran, para nosotros siempre serás el negro de la sonrisa brillante el que nos enseñó los valores de la vida; fuiste juzgado por una persona cobarde, porque si fue así ¿por qué no hicieron la denuncia correspondiente, por qué no hicieron las cosas como debían hacer? No vengan con que (fue) por no hacerle mal a nuestra madre, porque en esa marcha no pensaron en eso, porque no hicieron las cosas como se deben. Decir que eras enfermo no es ninguna excusa, eso no es verdad. Doce hermanos dormíamos en la misma cama cuando éramos chicos y jamás nos tocó jamás nos hizo daño y ahora me vienen a hablar de un enfermo. Enferma es la persona que te escrachó y no dio la cara ante la justicia, pero hay un Dios y esto no va a quedar así”.
A dos semanas del abuso, queda claro que hay un hartazgo en la sociedad, que no es opción guardar silencio, también queda expuesto cierto descreimiento hacia la justicia ordinaria y se apuesta a la condena social en vez de esperar el lento curso de un expediente judicial. Que si bien cumple con sus procesos correspondientes, se choca con la realidad que atravesamos.
Muchos órganos de estado regulan su funcionamiento con reglamentos y leyes del siglo pasado. Hoy, las redes sociales y la necesidad de respuestas inmediatas en cualquier orden de la vida, nos generan cierto grado de ansiedad que nos hace intolerantes a cualquier organismo con sus debidos pasos procesales, que también incluyen demoras provocadas por las apelaciones de los acusados, mientras el que espera justicia quizás ignora sus formas y capacidad de respuesta.
La valentía y la necesidad de escucha, van relegando a las instituciones y su manera de funcionar. Transitamos tiempos de vaivenes donde la acción espontanea parece superar a la justicia ordinaria y toma partido la justicia por mano propia. El peligroso juego del ojo por ojo, donde puede quedar ciego el mundo.

