Sandra Reynoso, nueve años después del cáncer de mama: “Esto te enseña a ver la vida desde otro punto de vista”
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En el marco de Octubre Rosa, Sandra Reynoso compartió en Crespo en Vivo su experiencia desde que detectó un bulto en una de sus mamas hasta la cirugía, el tratamiento de quimioterapia y los controles que mantiene nueve años después. Su historia también refleja el impacto emocional, familiar y económico que puede atravesar una persona durante un tratamiento oncológico
“Me detecté un bultito bañándome”. Así comenzó, para Sandra Reynoso, un proceso que cambiaría su vida. En el marco de Octubre Rosa, Sandra fue invitada al programa Crespo en Vivo, que conduce Valeria Torresín, para compartir su historia como parte del espacio “Yo sobreviviente”, dedicado a visibilizar experiencias de personas que atravesaron un cáncer.
El primer hallazgo ocurrió a fines de 2017. Sandra contó que notó algo que no había sentido antes, pero que demoró alrededor de tres meses en consultar con un médico. Finalmente, a comienzos de 2018 acudió a una consulta en Crespo y los estudios confirmaron la presencia de un tumor en la zona de la areola y el pezón. Según relató, el diagnóstico correspondía a un carcinoma ductal in situ.
“Fue un cachetazo. Jamás me lo hubiese esperado”, recordó.
La cirugía y el tratamiento
Luego de realizar nuevas consultas, decidió avanzar con la cirugía. El 3 de mayo de 2018 le realizaron una mastectomía de la mama derecha y también le extirparon ganglios axilares para su análisis. La intervención fue seguida por un tratamiento de quimioterapia que comenzó aproximadamente un mes después.
En total fueron cerca de 20 sesiones. Las primeras cuatro se realizaron con una medicación que, según relató, le provocaba fuertes efectos adversos. Luego continuó con 16 aplicaciones semanales, que toleró de otra manera. “Empezás a sentir enseguida las molestias, las descomposturas, el estómago, las náuseas”, contó sobre las primeras sesiones.
También atravesó la caída del cabello y la pérdida de peso asociadas al tratamiento. Sin embargo, destacó que intentó mantenerse activa durante todo el proceso. “Yo caminaba, salía a caminar, no me quedaba encerrada”, relató.
El impacto más allá de la enfermedad
La enfermedad no solamente modificó su rutina y su aspecto físico. Sandra también tuvo que atravesar dificultades vinculadas con el trabajo y la cobertura médica. Durante el tratamiento perdió su obra social y debió recurrir al acompañamiento de familiares, amigos y distintas iniciativas solidarias para poder sostener los gastos.
A pesar de esa situación, aseguró que pudo completar todas las sesiones previstas. “Cuando empezás un tratamiento de quimio no se puede suspender ese tratamiento. Están pactadas para tal y tal día”, explicó desde su experiencia.
El proceso también tuvo un fuerte impacto emocional. Sandra recordó especialmente el momento en que recibió el diagnóstico. “Uno asimila la palabra cáncer con muerte y no siempre es así”, reflexionó.
Con el paso del tiempo, aseguró, pudo comprender que el diagnóstico no significaba necesariamente un desenlace fatal y que existían posibilidades de tratamiento y recuperación.
Volver a mirarse
Uno de los momentos más difíciles estuvo relacionado con los cambios físicos provocados por la enfermedad y el tratamiento. En la entrevista contó que durante un tiempo evitaba mirarse al espejo porque no se reconocía. La caída del cabello y la cicatriz de la cirugía formaron parte de ese proceso de adaptación.
En ese período recibió también el acompañamiento de Pelucas de Esperanza, que le permitió contar con una alternativa para afrontar la caída del cabello y recuperar parte de la seguridad necesaria para salir a la calle. “Después con el tiempo vas tomando coraje y te vas mirando la cicatriz, te vas mirando que el pelo empieza a crecer”, recordó.
Nueve años después
Tras finalizar el tratamiento, Sandra atravesó un período de recuperación física. Según contó, le llevó aproximadamente un año volver a sentirse plenamente recuperada. Con el tiempo, los controles médicos fueron espaciándose. Primero eran cada tres meses, luego cada seis y actualmente son anuales.
En la actualidad continúa realizando los estudios indicados por sus profesionales y aseguró que, hasta el momento, los resultados son satisfactorios. En el camino también tuvo que cambiar de especialista. El oncólogo que la había acompañado durante el tratamiento dejó de atender en el país y ella comenzó a tratarse con la doctora Jacqueline Becker, en Paraná.
“Esto te enseña muchísimo”
Al mirar hacia atrás, la entrevistada reconoce que la experiencia modificó su manera de valorar la vida. “No me enojé. Siempre creí que esto era por y para algo”, sostuvo.
La enfermedad, explicó, le permitió revisar algunas de las preocupaciones cotidianas y ponerlas en perspectiva. “Esto te enseña muchísimo a ver la vida desde otro punto de vista”, afirmó. Y agregó: “Lo único más importante que tenemos es la salud”.
También destacó el acompañamiento recibido durante el proceso y el papel de quienes estuvieron cerca de ella, tanto profesionales como familiares y amigos.
Un mensaje para otras mujeres
Hacia el final de la entrevista, Sandra dejó un mensaje relacionado con la importancia de la atención de la salud y los controles preventivos. Recomendó a las mujeres estar atentas a cualquier cambio que detecten en sus mamas y realizar las consultas y controles indicados por los profesionales de salud. “Palpate, tocate. Cuídate”, expresó.
Después de nueve años, decidió contar su historia públicamente. No para presentar su experiencia como un camino igual para todas las personas, sino para mostrar que detrás de un diagnóstico hay miedo, tratamientos, cambios, dificultades y también posibilidades de seguir adelante.
“Fue difícil, porque no voy a decir que fue fácil. Pero de todo lo malo se aprende muchísimo”, concluyó.

