Gente Necesaria
Radiografía de una mujer frágil
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«Recuerdo bien esos días de verano del ’80, luminosos, resplandecientes, justamente así estuvo el tiempo cuando con Pablito [su hijo] y Carlos [su marido] cruzamos la frontera, previamente arreglamos en Paso de los Libres con un taxista para ir de compras a Uruguayana, convinimos que nos traería de regreso, cosa que no ocurrió”
Así comienza esta crónica de Delia, su militancia y su huída en tiempos de la última dictadura en Argentina, mujer extremadamente frágil por su aspecto físico-“la flaca” para sus compañeros- pero de convicciones de acero. “Mis padres nos habían seguido discretamente, acordamos que nos acompañarían hasta Uruguayana, llevaba a mi bebé conmigo, si nos detenían, ellos tomarían a nuestro hijo y se harían cargo.”
En la frontera, Delia simulaba pintarse los labios mientras miraba por el espejo retrovisor y veía cómo revisaban el equipaje a sus padres. Finalmente, se encontraron en la plaza de Uruguayana.
«Desgarradora la despedida, marchábamos al más incierto de los destinos… teníamos un hijo que nos obligaba».
Así llegan a Río de Janeiro y se dirigen al Episcopado, donde funcionaba una oficina de Cáritas Internacional, que los derivaba a ACNUR para el pedido de refugio (ACNUR: Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) Les destinaron una casilla de chapa
Recuerda su sorpresa al ver la cantidad de personas que esperaban para solicitar asilo político, y, la toma de conciencia que después de este paso a dar no había marcha atrás. Brasil otorgaba asilo político transitorio a los que no tenían muertes pendientes en sus países, para eso pedía información a la cancillería argentina con los datos de los solicitantes.
“Era como una afirmación a las autoridades argentinas de nuestra militancia, y de dónde estábamos, ahora sí que no podíamos volver.”
Una vez otorgado el asilo político en tránsito, viene la espera, el no saber qué país los recibirá, mientras tanto Delia crea una guardería para los niños de los asilados, además ayudaban mediante la coordinadora de refugiados políticos asesorando a los recién llegados sobre la documentación necesaria a presentar. Brasil los alojó por 6 meses, luego vino la partida, en ese mismo año.
Recuerda con especial cariño a una pareja de uruguayos con los que hicieron amistad nacida en el exilio y la tristeza de una nueva separación.
Mientras en Argentina Seru Giran cantaba Canción de Alicia en el país (1980) mezcla la obra de Lewis Caroll («Alicia en el país de las maravillas») con la realidad argentina aún en dictadura: «no cuentes lo que viste en los jardines/ el sueño acabó/ se acabó ese juego que te hacía feliz/ no tendrás poder ni abogados, ni testigos/los inocentes son los culpables/ reflejan la situación del país por esos tiempos. Ya en democracia la canción fue símbolo de resistencia. Mientras en cine Hugo Sofovich estrenaba “Departamento compartido” con los actores Alberto Olmedo, Tato Bores, Graciela Alfano, clara muestra del cine pasatista permitido por la dictadura.
No tuvieron opción de elegir el país dónde asilarse, únicamente había cupo en Francia; Méjico y España estaban completos… el dolor de alejarse cada vez más de la familia, sabiendo que no podrían volver a ver a sus seres queridos. La incertidumbre que genera un país absolutamente distinto, con un idioma y costumbres que desconocían; seis meses de idioma francés intensivo y el miedo, siempre el miedo, que perduró durante la estada en ese país, el no querer hablar con desconocidos, por temor, la excusa para protegerse era que no hablaban el idioma.
«Nos alojaron en una misión católica, éramos 20 familias,» rememora Carlos. «Vivíamos en una habitación de cartón prensado… Fueron seis meses de francés intensivos… nos urgía conocer el idioma para poder trabajar». Durante la estadía en Francia, el miedo perduró, y la excusa para protegerse era que no hablaban el idioma.
“Delia, trabajó, en Francia en el periódico Latinoamericano, -comenta Carlos- que dirigía Hipólito Solari Irigoyen, también exiliado político, el diario se solventaba mediante suscripciones de embajadas, relaciones exteriores francesas e interesados en América latina.
En 1983, Solari Irigoyen regresa a la Argentina y se cierra el periódico”
De su relato, se desprende, que fueron cuatro largos años llenos de vivencias, unas enriquecedoras y otras dolorosas, la separación de su compañero, el pozo profundo de la depresión, las noticias de la patria y la suerte corrida por sus compañeros. Le cuesta hablar de ese período de su vida,
Los Inicios: La Semilla de la Militancia (Pre-1974)
En la secundaria, Delia era una joven como la mayoría de su edad: «salía, iba a bailar, lo que se hace a esa edad». No participó en ningún reclamo estudiantil; de hecho, fue su hermana mayor quien fue una activa participante en la confrontación por la enseñanza laica o libre.
Sin embargo, a los 17 años, al ingresar a la facultad, su vida cambió. Se identificó con La Vanguardia Comunista y su rama estudiantil, La TUPAC (Tendencia Universitaria Popular Antiimperialista Combatiente). Adherían a los postulados maoístas, a la revolución cultural estudiantil, y ella leía el Libro Rojo de Mao.
Gremialismo y el Conflicto de Paraná
Al año siguiente, abandona la facultad y comienza a trabajar en una concesionaria de autos en Paraná, donde tuvo su primer contacto con el gremialismo y se afilió a SMATA. (Sindicato de mecánicos y afines del transporte automotor) Siempre comprometida con las conquistas sociales, sus compañeros la eligieron delegada, al poco tiempo descubrió connivencia con la patronal e irregularidades en el sindicato, su desempeño activo molestó tanto a la patronal como a algunos sindicalistas. A pesar de los conflictos, «la flaca» —como le decían sus compañeros de trabajo— disfrutaba tocando la guitarra y el arpa, amenizando las reuniones de camaradería dentro del gremio.
La culpa fue de la nieve
En 1970, Delia, aprovechando sus vacaciones laborales, viajó con sus padres a Chile para presenciar los cambios tras la asunción de Allende. Una gran nevada en el paso fronterizo de Las Cuevas la obligó a demorar su regreso. «No llegaría a tiempo para reincorporarme al trabajo, andamos telegrama colacionado a la empresa… y ahí a la patronal no le quedaron dudas: la empleada era comunista, estaba en Chile festejando».
Con la anuencia del sindicato, la acusaron de malversar la caja que tenía a cargo para forzar su renuncia. Apuntaron a su padre, un militar retirado, pues la acusación de comunista le causaría un grave daño. Su padre la apoyó en su decisión de no renunciar. Ganó el juicio dos años después, probando que la hoja de su rendición de cuentas había sido arrancada. Sus abogados fueron el Dr. Luis Agustín Brasesco, amigo personal de su padre, y Manuel Gaggero.
La Vida Clandestina (1974-1980)
Tras el allanamiento de la casa paterna, Delia se trasladó a Buenos Aires el 29 de junio de 1974 y asume un rol más participativo en la logística del partido. A pesar de hacer una vida como todos, se sentía en la clandestinidad.
Carlos relata el encuentro: «En julio del ’74, dos días antes de la muerte de Perón, llega Delia A Buenos Aires, a la semana siguiente, nos presentan en una reunión de Vanguardia comunista… nos casamos por civil en enero del ’75. Delia contaba con 26 años y yo con 23».
La Dictadura y el Escape
La dictadura de Videla los encontró en la clandestinidad. Un sábado por la mañana, mientras iban a visitar a sus suegros, recibieron el aviso de que el ejército los estaba esperando.
La casa fue allanada esa madrugada.Secuestraron a los hermanos de Carlos: Horacio, militante activo, y Osvaldo, de 16 años, quien fue confundido con Carlos.
Osvaldo fue detenido y torturado, pero regresado a su hogar. Horacio fue detenido, torturado y alojado en el centro de detención El Vesubio. Pese a las torturas, no reveló su paradero, simplemente porque lo desconocía. Por seguridad, cada integrante de Vanguardia mantenía en secreto su domicilio, si alguien era detenido, no podía dar el paradero de sus compañeros
La pareja no volvió a su departamento. Al día siguiente, Delia se arriesgó para «limpiar» el lugar.
«Tomando todas las precauciones del caso llegué y me puse a juntar lo mínimo y necesario, tocan el timbre, comencé a sentir miedo», si la secuestraban su plan era tirar los documentos al portero, para avisar que había «caído», falsa alarma, era un amigo y camarada.
“Flaca, dejame que te ayude” y comenzó a quemar agendas, fotos familiares, documentos y papeles dentro del lavarropas. Nunca más lo vieron; al tiempo, supieron que estaba secuestrado en El Vesubio y que, a pesar de las torturas, no los delató. Continúa desaparecido.
“La razón por la que no nos detuvieron se debe a que siempre cumplimos el protocolo que tenía nuestro partido desde la proscripción: Una sola persona sabía nuestro domicilio, nadie más, ni nuestros padres, si esa persona era detenida, debíamos cambiar de alojamiento en el acto. Nosotros lo cumplimos al pié de la letra”
Otra tarde, otro encuentro.” A ver que te puedo contar… ¿te interesa esto? … hay cosas que casi no las recuerdo, ni quiero”
No se permite quebrarse, a pesar de su esfuerzo se le escapa un sollozo, respira muy hondo, hace una larga pausa, enciende un cigarrillo y continúa su relato.
Decidieron salir de Buenos Aires y viajar a Mendoza. Allí estuvieron más de un año, haciendo una vida que, aunque común, era de «mucho mucho miedo, con sobresaltos, no querer ni poder hacer amigos».
Tiempo después, Carlos se reencontró con su hermano Horacio, ya liberado. En una charla extendida hasta la madrugada, Horacio relató sus días en prisión como sobreviviente de las torturas en el centro clandestino El Vesubio, eran 80 los detenidos con los que convivió, de ellos más de 50 están desaparecidos.
Se entera, además, que unos vecinos de sus padres, los habían visto en Mendoza y comentado en el barrio que estaban bien
La alarma se encendió: ya no podían quedarse allí
El exilio
Ante el riesgo de detención, planearon viajar a Brasil, Delia quería ver a sus padres antes de partir al exterior, el encuentro fue en la basílica de Guadalupe, en Santa Fé, luego los acompañaron hasta suelo brasileño. «Desgarradora la despedida, marchábamos al más incierto de los destinos… teníamos un hijo que nos obligaba».
Al miedo casi crónico sentido todo ese tiempo, se agregaba el dolor por el alejamiento de sus seres queridos, dejar sus afectos, el querer un mundo mejor, todo por lo que habían luchado.
Llegan a Río de Janeiro se dirigen al episcopado, donde funcionaba una oficina de Caritas internacional, son derivados a ACNUR (alto comisionado de la Naciones Unidas para los refugiados) para solicitar refugio.
Se sorprenden al ver la cantidad de personas en espera para solicitar asilo político, y la toma de conciencia que después de ese paso no había marcha atrás, Brasil otorgaba asilo político transitorio a los que no tenían muertes pendientes en sus países, para eso pedía información a la cancillería argentina, con los datos de los solicitantes.”Era como una afirmación a las autoridades argentinas de nuestra militancia y de donde estábamos, ahora sí que no podíamos volver”
«Nos alojaron en una misión católica, éramos 20 familias,» comenta Carlos. «Vivíamos en una habitación de cartón prensado… Fueron seis meses de francés intensivos… nos urgía conocer el idioma para poder trabajar». Durante la estadía en Francia, el miedo perduró, y la excusa para protegerse era que no hablaban el idioma.
El exilio fue un periodo de cuatro largos años, de vivencias enriquecedoras y dolorosas. Apenas restaurada la democracia, Delia regresó a la patria en los primeros meses de 1984, a comenzar una nueva vida.
Y aquí vivió transitando los vaivenes político-sociales argentinos, con una vida hecha, con hijos, nietos, familia.
“Conocí a Delia en la militancia, ya regresada del exilio-María Luz Piérola, amiga-
Rescato su compromiso, su lealtad, gran luchadora, con ella fundamos Hijos, inclaudicable con su principios, nos hicimos grandes amigas”
“Con Delia compartíamos la vecindad en nuestras infancias, cuando su familia cambia de domicilio, nos dejamos de ver, cada cual construyó su vida, nos volvimos a ver en el regreso de su exilio. Fuimos inseparables, nos veíamos a diario, fundamos
La Asamblea por los derechos ciudadanos, la acompañé en su dolorosa enfermedad, gran amiga, fiel y leal” Alicia Glauser, la recuerda
La vida de Delia, una mujer que demostró una enorme fortaleza ante la lucha por sus convicciones, culminó el 10 de octubre de 2018. Su recuerdo se mantiene vivo en quienes la conocieron.

