¿Qué lugar le damos al deporte? integrar visiones un desafío irresoluble
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El óvalo de ciclismo o pista multipropósito seria intervenido por una calle que pasará por el medio, para dar lugar a un corsódromo. • No se tiene en cuenta ni el espíritu del lugar, ni el proyecto que el Grupo 7 Colinas donó a la ciudad.
Victoria.- Hay iniciativas que nacen del abrazo colectivo, del esfuerzo ad honorem y de horas de trabajo profesional pensadas para enriquecer a la comunidad. La historia del óvalo multipropósito en la zona de la vieja estación de Victoria es un claro reflejo de ello.
Concebido formalmente hace una década y media a partir de una iniciativa impulsada por el Grupo 7 Colinas —por entonces presidido por el ingeniero civil Hugo Jara—, el proyecto original se estructuró con un riguroso criterio técnico durante la tercera gestión de César Garcilazo.
Si bien su posterior ejecución material, concretada en la administración de Rubén Darío Garcilazo, se realizó de manera acelerada y al margen de los planos iniciales, el predio supo ganarse un lugar indispensable en la cotidianidad victoriense.
Con el correr de los años, ese sector se transformó en un refugio seguro para la práctica deportiva: desde atletas amateurs a familias enteras, niños aprendiendo a andar en bicicleta, clases de patín carrera sostenidas a pulmón por profesores y padres, caminatas y prácticas recreativas encontraron allí un ámbito de pertenencia.
Hoy, ante los anuncios de la actual gestión municipal encabezada por la intendenta Isa Castagnino de intervenir el predio para trazar un corsódromo, surge una legítima preocupación en la comunidad. Más allá de la necesidad y el valor cultural de los carnavales —esenciales para el turismo y la economía local—, el interrogante profundo pasa por la imposibilidad de articular visiones y cuidar, y/o potenciar lo que ya funciona.
Un proyecto que nació integrador y hoy se cruza por el medio
Vale recordarlo: aquel proyecto original donado por el grupo de deportistas locales que conformaron el Grupo 7 Colinas (y que llamó a una reunión masiva para el apoyo de la iniciativa con firmas, logrando la adhesión de un gran número de victorienses – N. de R.) ya contemplaba una calle de uso múltiple que preveía el paso de los corsos, pero diseñada de manera tal que, el resto del año sirviera armónicamente a los fines deportivos. No se trataba solo de ciclismo competitivo, sino de un espacio abierto para trotar, caminatas, patín, etc. y todo minimizando el riesgo que puede implicar el tránsito sobre una calle tradicional, o la misma costanera.
Días atrás, luego de conocerse la noticia en algunos portales, y ver algunos detalles de la intervención que ya se habría empezado a ejecutar, han surgido interrogantes planteados desde el ámbito legislativo local mediante pedidos de informes advierten sobre la falta de claridad en el proyecto actual, cuyo trazo proyectado amenaza con atravesar directamente la pista y afectar los playones deportivos. Al respecto, el profesor de educación física Daniel Lizarsoain, que integró aquel grupo inicial, y tuvo participación directa el día que por temas de fuerza mayor, se vio obligado a intervenir como nexo entre los maquinistas que estaban apurados por hacer el trazado, y como no sabían cómo, le pidieron a alguien del grupo que fuera nexo con Jara que por ese entonces trabajaba en Rosario, y les indicó como pudo desde el teléfono para que se pudieran concretar las curvas, que era un gran desafío para los operarios, por la inclinación que necesita: “La idea original era una recta que pasara por detrás de la vieja estación, permitiendo que ambas actividades pudieran confluir y potenciar el lugar de otra manera”.
La voz de los chicos y el costo de no escuchar
Quizás el destello más conmovedor de esta historia provenga de los propios destinatarios del espacio. Lizarsoain relata con honda preocupación cómo la noticia repercutió en los más chicos: su propia hija, cursando el segundo grado, le trasladó la inquietud porque en el aula era el tema de conversación entre los compañeritos. Chicos que cada fin de semana se encuentran espontáneamente en ese predio para andar en bicicleta o jugar. Esa genuina apropiación infantil pone de relieve un contrasentido complejo. Mientras desde distintos ámbitos discursivos se jerarquiza la salud mental, la contención y la vida activa de las nuevas generaciones, en los hechos se emiten señales contradictorias. "No es lo que decís, es lo que hacés", resume con claridad Lizarsoain, advirtiendo sobre el alto costo social de priorizar una obra en detrimento de un espacio deportivo consolidado. El debate actual deja al descubierto asignaturas pendientes de larga data en la zona, como la situación de la empresa Ardal, el ordenamiento vehicular, el control del ingreso de animales y el cumplimiento de ordenanzas preexistentes. Pero por sobre todas las cosas, deja abierta una pregunta fundamental para la convivencia urbana: ¿es posible replantear las intervenciones para que el desarrollo cultural y el deporte encuentren, finalmente, un punto de encuentro armónico en nuestra ciudad?

