Preguntados de la política
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De pronto surgen candidatos de los más variados; que no estaban en el radar • Lejos de buscar respuestas, nos preguntamos algunas cuestiones en torno a sus decisiones.
Victoria.- Emprender un proyecto político partidario con miras a gestionar una ciudad no es una idea que le esté dando vueltas a todo el mundo. Es más, si preguntamos en clubes, asociaciones, cooperadoras y demás entidades sin fines de lucro sobre el interés ciudadano por los problemas del otro, la respuesta es unánime: No hay gente para el recambio, y los que están siguen más por compromiso que por motivación. No es algo que ocurra en todos los espacios, pero la mayoría es abrumadora.
Entonces ¿Por qué algunos ciudadanos eligen cruzarse de vereda e intentarlo? ¿Es verdad que piensan que podrán cambiar algo si logran el voto de esa mayoría? ¿Tienen la capacidad y/o el tiempo? ¿Dejarán de lado sus prioridades para atender las nuestras? ¿Quieren un cambio real o son solamente una promesa?
Si nos vamos a los nombres que han surgido en los últimos días como el caso del Luis Perea, Silvio Ruiz Moreno y Luis Weber, surgen nombres que, en principio, no son los que suelen estar en danza. Y pecaríamos de hipócritas si dijéramos que los vemos con posibilidades de cara a los próximos comicios. No porque falte mucho o poco, esa ecuación hasta resulta irrelevante si consideramos que aún no se expresan los que irán con el ‘aparato’ a disputar una elección. Entonces, ¿qué rol juegan estos nombres? Y ¿por qué deberíamos, o no, considerarlos?
Si hablamos del arte de lo imposible, diría Carlos Saúl de Anillaco, parafraseando al estadista Otto von Bismarck — frase que se popularizó como autoría de Maquiavelo—tenemos aquí un fenómeno a priori interesante.
Y es que estos nombres no vienen de la política salvo Ruiz Moreno, que estuvo participando indirectamente en la gestión Maiocco, donde fue su secretario privado, el resto, no acusa recibo político sino más bien del ámbito comercial (uno tiene un corralón y el otro se dedica a la panificación).
De nuevo, se puede ver como algo positivo, el que no tengan una ligazón con el pasado (si es que éste se debiera cuestionar como negativo), pero también con cierto dejo ilusorio, casi romántico: de aquellos que por no estar contaminados de ‘poder’, quieren lo mejor para el resto.
Los que peinamos canas recordaremos aquella frase que ya usó alguien que no venía de la política dura, y había tenido un paso decoroso como dirigente en un club de los más importantes de la city, precisamente desde allí dio el gran salto, y tras algunos tropiezos iniciales dijo aquella frase: “Los dos primeros años son para aprender”.
Si en el hipotético caso que alguno de ellos ganara, siempre se podrá volver a desempolvar otras frases categóricas tranquilizadoras: “La herencia recibida es muy pesada”; “Asumimos en medio de un colapso económico sin precedentes”; o el clásico: “estoy convencido que somos el cambio”, de qué no sabemos, pero son parte de los speech que la política usó recurrentemente y nosotros convalidamos.
Lejos de cuestionar a quiénes asumen ese desafío, lo que pretendemos con estas pocas líneas es ayudar a la reflexión de nuestros lectores. No tenemos la/s respuesta/s, pero nos surgen muchas preguntas: ¿Cómo, o de qué forma financiarán su campaña? Ya que es sabido que nadie hace política sin dinero, y que, llegado el momento, todos deben echar mano a sus bolsillos o los de un padrino para intentar asumir ese recorrido con dinero contante y sonante.
Otra, y en consonancia con la anterior: ¿responden a sus propios intereses? Porque la frase, “me insistieron tanto que…”, expresada en el flyer de uno de ellos, marca que no era de sus ideas más firmes.
En el caso de Perea y Greco, plantean el escenario de volver a una política que sea “servicio y no un privilegio”. Veremos si alcanza ese “café y abrazo del alma” reciben el acompañamiento de la gente, o solamente será un par de sorbos que se enfríe con el paso de los días.
Si de Weber hablamos, lo acompañaría el arquitecto Edmundo Poggio, que ha intentado por varias vías acercar propuestas a la actual gestión, incluso a la anterior, vinculadas a su experiencia en planificación y ejecución de proyectos urbanísticos en la vecina orilla.
Se deduce que Ruiz Moreno tendrá el apoyo de la provincia, o el acompañamiento de quienes, trabajando en Victoria, accedieron a un cargo en el gabinete de Frigerio. Todo este escenario se extiende sin que se conozca quién estaría bendecido/a por quien gobierna los destinos de las Siete Colinas.
Lo divertido de este escenario que planteamos es que hoy puede parecer que falta mucho, pero el tiempo corre inexorablemente y tarde o temprano deberemos pensar en un nombre, ‘elegir’, y esa decisión debe tener más que un flyer en redes sociales; un planteo con IA; y/o un palmarés de la lucha por los oprimidos…debe tener un equipo y un proyecto de ciudad.
Sabemos que al menos uno de ellos hizo reuniones, planteó adhesiones, las buscó y hasta tiene algunos nombres que agregar a esa lista, pero como siempre ocurre con esta parte de nuestra realidad llamada Política, hasta que no hablen los que callan y ‘rara vez otorgan’, parecería que estamos frente a poco más que buenas intenciones.

