“No he visto tanto movimiento cultural como en Buenos Aires”
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Crespo.- Daniel Wendler es un artista integral: cantante, bailarín y actor. En su corta pero intensa vida dedicada al arte, acumuló experiencias valiosas en los circuitos oficiales e independientes de Buenos Aires. Y últimamente, también de Europa. Reside actualmente en la capital alemana, Berlín, donde trabaja en diversos proyectos. También actúa en la movida cultural de París, que a salto de avión le queda a menos de tres horas de su casa berlinesa. De vacaciones en Crespo hasta este domingo 23 de enero, ‘Dany’ visitó Paralelo 32 y habló de su nueva vida europea, pero comenzó recordando su trabajo en Buenos Aires: “Hice de todo, trabajé como actor, bailarín, cantante, mixto. Hice algunas producciones propias, también. En general, trabajo en un ‘palo’ menos de la palabra y más de la danza. Como estudié todas las carreras por separado, hoy me dedico a cruzar el mundo de la música clásica barroca, con la danza, por ejemplo”. Destacó la calidad de la cultura artística argentina, ahora que puede comparar de primera mano con Europa. “Estamos bien parados en muchas cosas, a nivel cultural. Yo no siento que me haya perdido algo estando en Argentina. Creo que algo muy europeo que tenemos es la enseñanza pública. Yo estudié en la universidad pública con una formación de primera con profesionales increíbles”, subrayó Wendler.
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Viajar y quedarse
Comentó que se fue a Alemania a mediados de 2018. “Estaba trabajando en una producción en Francia, El Baile, dirigida por la coreógrafa Mathilde Monnier. Eso me permitió viajar entre Europa y Argentina muchas veces en el año. Y tenía la intención de mudarme”.
– ¿Hiciste una estadía en Francia, primero?
— Nunca me quedé, estábamos de tour, íbamos dos meses y volvíamos. La producción era francesa pero íbamos por toda Europa. Vivía entre Europa y Argentina. El Baile me permitió dar el salto a Europa. Después, fue un poco casual, me fui quedando. En Berlín encontré mucha gente querida, me sentí muy cómodo, la visa era más fácil de obtener que en otros lugares. Y ahí estoy hace tres años.
– ¿Qué estás haciendo ahora?
— Actualmente, una obra que se llama “Ubi caritas et amor” (donde hay caridad y amor, traducido del latín) que indaga en los rituales de masculinidad en el básquetbol, cantando cantos gregorianos. Cruza la música más clásica con el básquet. La ensayamos durante toda la pandemia; tuvimos que ‘frizarla’ y ahora hay que ‘descongelarla’. Tenemos dos semanas para retomar la obra en Berlín y en Leipzig. En mayo estreno otra obra en Francia, “Cúmulus” con Francois Chaignaud y el Ensamble “Les Cris de París”. Somos trece performers cantando música coral del siglo XV y bailando danza contemporánea.
– Estás mezclando básquet y canto gregoriano, música del siglo quince y danza contemporánea. ¿Tienen público esas producciones? (sonrisas)
— Lleno. En Argentina también, supongo que sí. No es ‘El champagne las pone mimosas’, pero tienen público. Son producciones de un alto nivel artístico. Las experiencias que tuve en Europa siempre fueron a sala completa, con entradas agotadas. Obviamente, son las grandes producciones. Después, las producciones pequeñas funcionan como en todos lados: hay que conseguir público.
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Comparaciones
– Estuviste en la movida cultural de Buenos Aires. Estás en Berlín y en Paris. ¿Son comparables Argentina y Europa?
— En ningún lado he visto tanto movimiento cultural como en Buenos Aires. Con riqueza, y sobre todo con creatividad. En el ámbito independiente, los medios son a menudo inexistentes, pero hay mucho en Buenos Aires. Extraño, a nivel artístico, esa cosa tan loca de estar ensayando mil proyectos distintos y con gente muy ecléctica. Hacer proyectos divertidísimos, hacer teatro hasta la una de la mañana. Esas cosas que se viven como un vértigo. Luego, cuando uno se vuelve más grande, quiere un poco más de tranquilidad, poder trabajar y estar tranquilo en lo material. Obviamente, Alemania o Francia son el Primer Mundo y sus inversiones en cultura son altísimas. El gobierno da muchísimo dinero, tiene muchos planes para ayudar a los artistas. Yo fui seleccionado en un programa para producir una investigación respecto de danza contemporánea y música barroca, que es mi tema. Eso significa que durante cinco meses, el gobierno alemán me va a dar dinero para que yo pueda investigar con artistas un material para, en el futuro, producir una obra.
– ¿Eso en Argentina no se da?
— No se da por falta de medios, lamentablemente. O los períodos de investigación se ven fuertemente reducidos, porque no podemos trabajar sin que nos paguen o recibiendo poco dinero. Entonces, siempre terminamos ensayando tres semanas ‘a las patadas’ cuando lo ideal es ensayar dos meses. La posición del artista es más cómoda en Europa. Lo podemos discutir en términos de arte, si es interesante o no. Hay algo del vértigo que es lindo y se siente en los trabajos artísticos. Pero, bueno, uno no puede vivir toda la vida así. Son elecciones y mantenerse conectado a lo que uno sabe que es lo suyo. Hasta el día de hoy estoy en un período en el que mi propia poética la estoy desarrollando todavía. Siempre supe que lo mío está entre la música clásica, la danza, el teatro; una cosa que no es ni una ni otra, en el medio y lo tengo que inventar de alguna manera. En el país donde esté, me tengo que mantener fiel a eso.
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París, ciudad loca
– ¿A cuál preferís, entre Berlín y París?
— Vivir en Berlín y trabajar en París, creo que estoy encontrando un buen balance (sonríe). No lo pensé así, pero se dio. En mi experiencia siento que Alemania es un país bastante abierto, respecto a otros países. París es una ciudad ‘muy loca’, busco una ciudad más tranquila. Viví muchos años en Buenos Aires y es como París, que a veces parece peor.
– ¿En qué sentido decís ‘ciudad loca’?
— La gente corre, necesitás varios trabajos para llegar a fin de mes, todo es carísimo, se vive estrés social en el transporte público. Obviamente, París tiene su imagen, salís a tomar algo, es linda. Pero una cosa es pasear por París y otra vivir allí.
– ¿Berlín zafa de la locura?
— Sí. Berlín es una ciudad muy relajada, enorme, con todas las cosas del Primer Mundo, pero no te obliga a ir a un ritmo loco, como puede ser Londres, Madrid o París.
– Uno puede pensar que los alemanes están más metidos en un ritmo intenso.
— Me da la sensación que eso pasa en otras ciudades como Munich o Frankfurt. Pero Berlín no es la potencia económica del país. Es una ciudad de artistas, mucho más bohemia. La población vivió hasta 1989 separada por un muro. Por lo que vivieron el siglo pasado es una ciudad que está sanando después de tantas separaciones y tragedias. La gente vive con mucha libertad y mucho respeto por el pensamiento diferente. También es la capital de la música electrónica y sus clubes para bailar música tecno, se mueve mucho el mercado en ese sentido.
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Quién es
Daniel Wendler nació en Crespo hace 31 años, es hijo de Juan Francisco ‘Pancho’ Wendler y Estela Eberhardt. Estudió en el Instituto Sagrado Corazón. Es licenciado en Actuación por la Universidad Nacional de las Artes (CABA), es bailarín e interprete egresado del Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín y realizó la Tecnicatura en guitarra en la Escuela de Música “Constancio Carmiño” de Paraná. Además, estudió canto con Silvia Meuli y con Víctor Torres en la Capital Federal. Trabajó como bailarín, cantante y actor en los teatros Colón, San Martín, Cervantes y Maipo, y también en el circuito underground e independiente porteño.
El arte en tiempos de covid
“La pandemia va y viene. Ahora está bravo. Es un poco agotador. Tuvimos proyectos, temporadas y estrenos cancelados. Por suerte, el gobierno alemán invirtió muchísimo dinero en darnos soporte para ese momento. Eso nos dio un estado de tranquilidad”.
– Acá, muchos artistas hicieron presentaciones por las redes, por ejemplo.
— Yo terminé de editar un corto sobre danza, que habíamos filmado justo antes de la pandemia. Di un par de clases de canto y técnica vocal. Tengo entre cinco y diez alumnos por año. La pandemia fue difícil. Alemania, de todos modos, es muy cuidadosa con las restricciones a la libertad. En España o Francia, eran más estrictos. Los alemanes son muy lógicos y racionales en sus medidas, y la gente, si les dicen que hagan algo, lo van a hacer.
Ahora estamos viendo que la gente necesita consumir cultura. No puede estar en sus casas solo con Netflix. Hay una experiencia cuando uno va al teatro, que no existe en otro lado. Y a esta altura de la pandemia es necesaria. Creo que la cultura funciona si la gente la necesita.
– ¿Qué extrañás de Argentina?
— Las empanadas (risas). Y soy re matero, compro yerba. Hablando en serio, ¿qué extraño? Creo que estoy todavía un poco obnubilado. Hace tres años que estoy allá. Al comienzo, uno llega y ve todo como maravilloso, pero no creo que sea ‘todo maravilloso’. Lo que uno puede hacer es estar bien con lo que quiere hacer y siente que es suyo. Después, se extrañan los afectos. Tampoco siento mucho que uno ‘sea’ de un lugar; creo que uno ‘viene’ de un lugar. No siento que porque nací en Argentina, después de un tiempo deba volver. Uno debe estar donde se siente cómodo. Yo me quedé en Berlin hasta por azar. Después hay cosas buenas y malas, como en todos lados.

