Miguel Ángel Pusineri: “Hay que aprender a producir sin destruir”
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El ambientalista aficionado de Crespo habló sobre su vínculo con la naturaleza, la biodiversidad y los proyectos que impulsa para acercar a los vecinos y, especialmente, a los niños al ambiente.
Observar una pequeña porción de pasto y descubrir allí un mundo de insectos y plantas. Salir al campo, aprender a reconocer aves y recorrer distintos ambientes naturales. Viajar para conocer lugares de gran biodiversidad y, al regresar, compartir esas experiencias con estudiantes.
Ese recorrido forma parte de la historia de Miguel Ángel Pusineri, ambientalista aficionado de Crespo, quien fue entrevistado en el programa La Hora Dorada, conducido por Mariana Rupp.
Su vínculo con la naturaleza comenzó durante la infancia y con el paso de los años se transformó en una tarea de observación, aprendizaje y difusión de cuestiones ambientales. Hoy participa de proyectos vinculados con la educación ambiental, la forestación y la recuperación de espacios naturales dentro de la ciudad.
De la curiosidad por las aves a la educación ambiental
Pusineri recordó que desde muy chico tenía curiosidad por observar lo que ocurría en la naturaleza.
“Me gustaba, con mucha imaginación, tirarme en el pasto y ver lo que sucedía en un cuadradito de pasto ahí adelante mío”, contó.
Su relación con el campo también estuvo presente desde temprano. Su familia tiene un negocio de semillas que lleva alrededor de 70 años en el mismo lugar, lo que le permitió mantener un vínculo permanente con el sector productivo.
Con el tiempo comenzó a interesarse especialmente por las aves. El acceso a una guía para identificar especies fue, según relató, un punto de inflexión.
“Para intentar proteger o cuidar la naturaleza, uno tiene que empezar a conocerla”, explicó.
A partir de allí comenzó a realizar observaciones y registros que luego utilizaba para acercar esos conocimientos a estudiantes.
“No sirve nada si te lo guardás”
El entrevistado diferencia su actividad de la tarea científica de un ecólogo. Explicó que no cuenta con estudios superiores específicos, pero que realizó cursos de educación ambiental y acumuló una extensa experiencia de campo.
Por eso, define su trabajo principalmente desde la observación y la difusión de temas ambientales.
Durante años registró especies en distintos viajes y llevó esos materiales a las escuelas para compartirlos con los chicos. Incluso tuvo un programa de cable en Crespo en el que difundía contenidos vinculados con la naturaleza.
“No sirve nada si te lo guardás”, sostuvo durante la entrevista.
Para él, transmitir esos conocimientos es una parte central de su actividad y una forma de generar interés por la biodiversidad.
La ciudad también es un espacio natural
Uno de los conceptos que atraviesa su mirada es que la naturaleza no está únicamente en el campo, los montes o los parques nacionales.
Según explicó, la expansión de las fronteras agrícolas y la pérdida de hábitats naturales llevan a distintas especies silvestres a utilizar las ciudades como espacios para vivir.
Por eso considera necesario aprender a convivir con ellas.
“Si aprendemos a convivir con esas especies”, señaló, su presencia puede convertirse también en un beneficio para los ambientes urbanos.
En ese contexto mencionó especialmente a las comadrejas y las aves rapaces, que cumplen funciones de control natural sobre otras especies.
Entre las aves que observa habitualmente en Crespo mencionó al carancho y al gavilán de los caminos o taguató, que pueden contribuir al control de poblaciones de roedores y algunas aves. Su planteo es que eliminar determinados depredadores puede alterar ese equilibrio y generar condiciones para que otras especies ocupen el espacio que dejan disponible.
Corredores verdes para conectar espacios
Miguel también participa desde hace años de una propuesta de corredores verdes para Crespo. La iniciativa plantea aprovechar los bulevares, calles anchas, plazas y otros espacios verdes para conectarlos mediante la incorporación de especies autóctonas. La idea es generar una red que permita el desplazamiento de especies y favorezca lo que en términos ecológicos se denomina flujo genético.
Según explicó, se trata de un proyecto de largo plazo que requiere tiempo y continuidad. También mencionó iniciativas para conectar corredores hacia sectores ubicados en el entorno de la ciudad, aunque señaló que existen cuestiones administrativas vinculadas con las rutas que dificultan su implementación.
Otro de los objetivos es reemplazar progresivamente árboles exóticos deteriorados por especies autóctonas de Entre Ríos.
Del vivero municipal al EcoJardín Educativo
Actualmente, trabaja en la transformación del antiguo vivero municipal en un EcoJardín Educativo y Vivero. El espacio está ubicado en Corrientes y Estrada y tiene como uno de sus principales objetivos acercar a los estudiantes a la naturaleza.
Allí se realizan tareas de reproducción de plantas y árboles autóctonos y actividades de educación ambiental. También se ofrecen visitas guiadas para escuelas, con recorridos por el lugar y un espacio destinado a que los grupos puedan permanecer y merendar.
Pusineri invitó a las instituciones educativas de Crespo y la zona a conocer el espacio, especialmente durante la primavera.
Las escuelas interesadas pueden comunicarse con la Municipalidad para coordinar las visitas y establecer día y horario.
“Los chicos tienen un arma fundamental”
Para el ambientalista, trabajar con niños tiene un valor particular.
“Los chicos son los que más absorben información”, afirmó.
Aunque reconoce que las decisiones ambientales requieren procesos de largo plazo, considera que los estudiantes tienen una capacidad importante para transmitir lo aprendido dentro de sus propias familias.
“Tienen un arma fundamental, que es influir sobre los padres”, explicó.
El EcoJardín busca aprovechar justamente esa capacidad para generar experiencias directas de contacto con plantas, animales y otros componentes del ambiente.
En el lugar, según contó, se procura intervenir lo menos posible sobre determinados procesos naturales. Se protegen las comadrejas, algunas serpientes y las aves rapaces que utilizan el espacio.
Para Pusineri, ese lugar funciona también como un ejemplo concreto de cómo la presencia de depredadores naturales puede contribuir al equilibrio del ambiente.
“Pensamiento global, acción local”
Una de las ideas que sintetiza su mirada es “pensamiento global, acción local”. Desde esa perspectiva, considera que las grandes discusiones ambientales también pueden abordarse a partir de acciones concretas dentro de cada comunidad.
Por eso, además de su trabajo en el EcoJardín, participa en iniciativas junto con grupos ambientales y voluntariados de Crespo. También mencionó el vínculo con estudiantes del Centro del Ambiente del Instituto Comercial Crespo, que participan en proyectos vinculados con la educación ambiental.
Además, señaló que busca generar espacios de participación para que los jóvenes puedan aportar ideas y desarrollar sentido de pertenencia respecto de las iniciativas ambientales.
“Producir sin destruir”
Otro de los conceptos que planteó durante la entrevista fue la necesidad de avanzar hacia formas de producción que tengan en cuenta los procesos naturales.
“Hay que empezar a trabajar en todo sentido, inclusive en la parte productiva, empezar a trabajar con la naturaleza y no en contra”, sostuvo.
En ese sentido, habló de la importancia de preservar el suelo, los microorganismos, la flora y la fauna que forman parte de los sistemas productivos.
También destacó el papel que pueden cumplir los corredores verdes, los espacios naturales asociados a cañadas y la diversificación de cultivos para conservar biodiversidad y contribuir a los sistemas productivos.
Su propuesta, explicó, no apunta a elegir entre producción intensiva o extensiva, sino a buscar alternativas que permitan producir sin destruir y aprovechar mejor la relación entre producción y ambiente.
Una tarea que continúa en Crespo
Después de décadas de observación, viajes y difusión, Pusineri asegura que todavía encuentra motivos para sorprenderse. Durante la entrevista contó que recientemente registró una especie de ave que nunca había observado en Crespo a lo largo de sus años de trabajo.
Esa capacidad de seguir mirando y descubriendo es, en definitiva, el punto de partida de su propuesta: conocer la naturaleza para comprenderla, compartir ese conocimiento y generar herramientas para convivir con ella.

