Mariela Ulrich contó su historia de búsqueda de la maternidad y cómo encontró una nueva forma de vivir su pasión
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Invitada al programa La Hora Dorada, que conduce Mariana Rupp por Flop!TV de Paralelo 32, la docente y emprendedora de Crespo habló sobre las cuatro pérdidas de embarazos que atravesó junto a su pareja, los tratamientos de fertilidad y el proceso personal que la llevó a compartir su experiencia en redes sociales. “Mi emprendimiento me salvó de tirarme a la cama y no levantarme más”, expresó.
En el marco del mes de la madre, Mariela Ulrich decidió compartir públicamente una parte de su historia personal: el deseo de ser mamá, los embarazos que no llegaron a término y el camino emocional que recorrió junto a su esposo para aprender a convivir con esas experiencias.
La docente y emprendedora fue entrevistada por Mariana Rupp en La Hora Dorada, el programa que se emite los martes a través de Flop!TV, por la web de Paralelo 32. Durante la conversación, habló sobre las dificultades que atravesó, la importancia del acompañamiento y la posibilidad de encontrar nuevos sentidos en la vida sin renunciar a los propios deseos.
La decisión de contar su historia surgió el domingo del Día de la Madre, cuando publicó un mensaje en Instagram. Acostumbrada a mostrarse sonriente, bailar y cantar en las redes sociales, sintió que también era momento de compartir una parte más vulnerable de su vida.
“Me levanté el domingo a la mañana y dije: lo voy a publicar. Lo sentí así”, relató.
La publicación recibió numerosos mensajes de personas que le acercaron palabras de apoyo y compartieron experiencias similares. Para Mariela, esa respuesta fue una confirmación de que no estaba sola y de que hablar de lo vivido podía ayudar a otras personas.
Cuatro embarazos y un camino de tratamientos
Durante la entrevista, Mariela contó que quedó embarazada cuatro veces, pero que los cuatro embarazos terminaron en pérdidas espontáneas. Junto a su esposo, también realizó tratamientos de fertilidad y consultó a profesionales en distintas localidades, entre ellas Paraná, Santa Fe y Rosario. En esta última ciudad realizaron un tratamiento de fertilización in vitro que no tuvo el resultado esperado. Tiempo después, volvió a quedar embarazada de manera natural, pero también perdió ese embarazo.
Uno de los momentos más difíciles ocurrió un viernes previo al Día de la Madre, cuando debió ser internada. Al día siguiente, pese al dolor que atravesaba, abrió su negocio y atendió al público. “Yo me levanté, abrí mi negocio, atendía a todo el mundo y era el Día de la Madre. Puse mi mejor cara”, recordó.
Con el paso del tiempo, comprendió que había intentado seguir adelante sin expresar plenamente lo que le estaba pasando. También reconoció que durante años se culpó por las pérdidas y buscó explicaciones en su ritmo de vida, el estrés o las decisiones que había tomado. “Me cansé de echarme culpa y me di cuenta de que yo misma me estaba tirando abajo. Nadie tiene culpa de nada; es lo que nos pasó”, reflexionó.
La búsqueda de un embarazo, explicó, estuvo marcada por períodos de ilusión y esperanza que luego daban paso a la tristeza. Esa sucesión de expectativas y pérdidas afectó tanto su bienestar como la relación de pareja.
Por eso, junto a su esposo, llegó un momento en que sintieron la necesidad de dejar de centrar toda su vida en ese objetivo y recuperar otros espacios personales.
El desafío de responder cuando preguntan por la maternidad
Otro de los temas que surgió en la charla fue la dificultad de responder a preguntas habituales sobre la maternidad. Mariela contó que, cuando alguien le deseaba un feliz Día de la Madre, solía contestar que no era mamá. Sin embargo, una situación ocurrida en su negocio la llevó a revisar esa respuesta.
Una mujer que había ido a comprar con su hijo le deseó también un feliz día. Mariela respondió que no era madre, pero después, cuando quedó sola, comenzó a preguntarse por qué reaccionaba de esa manera. “¿Por qué yo seguía negando lo que me había pasado?”, recordó que se preguntó.
A partir de esa reflexión, empezó a reconocer que muchas mujeres que atraviesan pérdidas o dificultades para concebir encuentran obstáculos para hablar de sus experiencias. En ocasiones, por temor a incomodar a otras personas, terminan minimizando su propio dolor o evitando explicaciones.
Su publicación en redes sociales fue una forma de dejar de ocultar esa parte de su historia y de reconocerla sin tener que justificarla ante los demás.
Encontrar un nuevo sentido sin renunciar al deseo
Durante la entrevista, Mariela explicó que su deseo de ser madre continúa presente, pero que hoy intenta vivirlo desde otro lugar. “Hoy te puedo decir que creo que vine al mundo para ser madre de mis sobrinos, madre de esos hijos que no tuve, y asumirlos y tenerlos presentes”, expresó.
También contó que el amor que imaginaba compartir con sus hijos comenzó a encontrar otros espacios, entre ellos sus vínculos familiares y su trabajo como docente. Sus alumnos, a quienes suele llamar cariñosamente “gurises”, ocupan un lugar importante en su vida. Una de las respuestas que recibió después de publicar su historia fue la de una alumna que le escribió palabras que la emocionaron y que no esperaba recibir.
Esas experiencias la llevaron a pensar que la maternidad y el cuidado pueden expresarse de diferentes maneras, sin que eso signifique que el deseo de tener hijos haya desaparecido.
La entreistada aclaró que no considera que exista una única forma de transitar estas situaciones y que cada persona o pareja necesita encontrar su propio camino. Por eso, evita recomendar tratamientos, prácticas o decisiones personales a quienes atraviesan dificultades similares. “Yo sé que cada experiencia es muy personal”, señaló.
El emprendimiento como una forma de salir adelante
Además de su trabajo docente, ella encontró en su emprendimiento un espacio para reconstruirse y recuperar una pasión que durante mucho tiempo había mantenido en segundo plano.
Contó que hubo una etapa en la que ella y su esposo se trasladaron a Santa Fe durante tres años. La decisión estuvo relacionada con el momento emocional que atravesaba y con la dificultad de encontrarse con personas que le preguntaran por lo sucedido.
Fue durante ese período, según relató, cuando descubrió con mayor claridad cuánto disfrutaba de la comunicación y de compartir contenidos con otras personas. “Mi emprendimiento me salvó de tirarme a la cama y no levantarme más, porque yo tenía que levantarme y seguir”, afirmó.
Hoy disfruta de su negocio, de las redes sociales y de la posibilidad de expresarse con espontaneidad. Su estilo, marcado por el humor, el baile y una actitud cotidiana de alegría, forma parte de su identidad, aunque reconoce que no representa todos los aspectos de su vida. “Yo estoy disfrutando mucho de lo que hago”, aseguró.
La experiencia también le permitió comprender que no siempre es necesario atravesar un momento ideal para descubrir una vocación. En su caso, esa pasión apareció en una de las etapas más difíciles de su vida.
Aprender a aceptar y dejar de buscar culpables
A lo largo de la conversación, habló sobre el acompañamiento de su familia, sus hermanas, sus amigas y su esposo. También reconoció que no todas las personas saben cómo acompañar a alguien que atraviesa una pérdida, y consideró importante comprender esas dificultades sin dejar de valorar los vínculos que sí estuvieron presentes.
La terapia y la fe también formaron parte de su recorrido. Sin embargo, señaló que aceptar lo ocurrido no fue un proceso inmediato ni significó que el deseo de ser madre dejara de existir.
“Yo me cansé de luchar contra la naturaleza de mi cuerpo”, expresó al referirse al momento en que comenzó a revisar la manera en que estaba viviendo la búsqueda de un embarazo.
En ese camino, también mencionó que tiene endometriosis, una condición que le generó dificultades y que continúa atravesando. Su testimonio puso de relieve el desgaste físico y emocional que pueden implicar los tratamientos, las intervenciones médicas y los cambios hormonales.
La conversación permitió abordar, además, la presión que muchas mujeres sienten frente a la idea de que una historia debe terminar necesariamente con un embarazo o con la llegada de un hijo para considerarse una historia feliz.
Mariela cuestionó esa mirada y planteó la necesidad de encontrar otros motivos para seguir adelante, sin convertir el deseo de ser madre en la única fuente posible de realización personal.
“Todas estamos esperando que el cierre sea el bebé ahí. Pero ¿y si no es? Busquemos, metamos la energía en otra cosa”, reflexionó.
La frase no implicó renunciar a la maternidad, sino dejar de postergar la propia vida mientras espera una respuesta que no depende enteramente de sus decisiones.
Una historia compartida para acompañar a otras personas
Hacia el final de la entrevista, Mariela volvió sobre el motivo que la llevó a publicar su experiencia: la posibilidad de que otras personas encuentren en su relato un espacio de identificación y acompañamiento.
Los mensajes que recibió le permitieron conocer historias diferentes y confirmar que existen muchas formas de transitar las pérdidas, la infertilidad y el deseo de formar una familia.
También reconoció que hablar de lo vivido la ayudó a sentirse menos sola y que está dispuesta a compartir su experiencia con quienes necesiten conversar, siempre desde el respeto por las decisiones individuales.
Su testimonio no ofrece una fórmula para superar el dolor ni una respuesta definitiva sobre la maternidad. Expone, en cambio, el recorrido de una mujer que atravesó pérdidas, buscó ayuda, reconoció sus límites y encontró en el trabajo, los vínculos y sus propias pasiones nuevas razones para seguir adelante.
En La Hora Dorada, la conversación puso en primer plano una realidad que muchas veces permanece en silencio: detrás de las sonrisas y las publicaciones cotidianas también existen historias de dolor, preguntas y procesos personales que necesitan tiempo.
Compartirlas puede ser una forma de reconocerlas, de dejar de cargar con ellas en soledad y de abrir un espacio para que otras personas también puedan contar las suyas.

