Nueva postal urbana
Mafalda ya tiene su banco en Victoria
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La escultura del personaje emblemático creado por Quino fue instalada sobre el bulevar Rivadavia. Vecinos y turistas se apartan para la foto, aunque el entorno —y la naturaleza— obligan a prestar atención.
Desde hace un par de semanas, Mafalda se sumó al paisaje urbano de la ciudad de Victoria. La escultura del personaje histórico creada por Joaquín Salvador Lavado, Quino, fue emplazada el pasado 16 de enero sobre un banco en el boulevard Bernardino Rivadavia y rápidamente se transformó en una nueva atracción para quienes recorren la zona, que a esta altura es un verdadero mirador natural del riacho.
La figura, de tamaño natural, invita a sentarse a su lado, sacarse una foto y compartirla. No hace falta ser lector habitual de la historieta para reconocerla, pero quienes conocen el simbolismo de Mafalda se encuentran en esa escena algo más que una postal: hay ironía, pensamiento crítico y una mirada incómoda —aunque siempre vigente— sobre el mundo.
La iniciativa surgió a partir del aporte de un vecino de la ciudad, Justo Molina, y fue acompañada por la Municipalidad, que destacó el valor de sumar expresiones culturales al espacio público. Desde entonces, la imagen de Mafalda sentada en el banco comenzó a circular en redes sociales y a formar parte del recorrido habitual de turistas y visitantes.
El lugar elegido, sin embargo, no está exento de particularidades. La escultura se encuentra próxima a una de las bajadas más pronunciadas y transitadas, que conecta el boulevard Rivadavia con otro sector clave de la ciudad, la Costanera Pedro Radío. Se trata de un punto donde el movimiento vehicular es constante y se hace necesario extremar la precaución.
Los bancos, incluido el que ocupa Mafalda, están ubicados en el divisorio de las manos del boulevard, por lo que, quienes se detienen a observarla, fotografiarse o estacionarse deben, hacerlo del lado correspondiente y con atención. La postal invita a frenar, pero el entorno exige responsabilidad.
Hay un detalle más que los habitués del lugar ya conocen bien: al caer la noche, la mosquitada no perdona. Quien se sienta demasiado confiado junto a Mafalda puede terminar llevándose una foto muy distinta a la planeada, con gestos que pueden dificultar la sonrisa. Un condimento inesperado que, de cierto modo, también encaja con el humor ácido del personaje.
Así, entre cultura, tránsito, selfies y naturaleza en estado puro, Mafalda encontró su lugar en Victoria. Sentada en un banco, observando el mundo pasar… y recordando que incluso las mejores postales requieren atención.

