Cultura
Literatura y política se cruzaron en la apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires
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La inauguración de la 50ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires estuvo atravesada por un clima de tensión y debate, que se trasladó rápidamente al escenario principal con una conversación entre las escritoras Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero.
El encuentro, coordinado por la periodista María O'Donnell, reemplazó el tradicional discurso de apertura a cargo de un solo autor y se desarrolló inmediatamente después de la intervención del secretario de Cultura de la Nación, Leandro Cifelli, que fue interrumpida por abucheos y protestas del público.
Una apertura con posicionamiento
Desde el inicio, el intercambio tuvo un tono marcado por definiciones públicas. Cabezón Cámara exhibió una consigna en su vestimenta —“El agua vale más que todo”— y defendió la vigencia de la Ley de Glaciares, convocando además a una movilización vinculada a la temática ambiental.
Durante ese momento, Almada y Guerriero acompañaron el gesto levantando carteles ilustrados por Maitena, en una escena que combinó intervención artística y posicionamiento político dentro de uno de los eventos culturales más importantes del país.
Debate sobre literatura y género
La conversación luego se orientó hacia los ejes literarios propuestos, donde uno de los puntos centrales fue el rechazo a la categoría de “literatura femenina”. Las tres autoras coincidieron en cuestionar ese rótulo.
“No me gusta, es algo de gueto”, sostuvo Guerriero, aunque reconoció los avances en visibilidad de las mujeres dentro del ámbito editorial. En la misma línea, Cabezón Cámara remarcó que “las mujeres somos seres humanos y los seres humanos escribimos”, ampliando la discusión hacia otras formas de subrepresentación.
La lectura como derecho
Otro de los ejes destacados fue el rol de la lectura como derecho social. Almada vinculó esta idea con su experiencia en la educación pública y advirtió sobre su deterioro.
“En estos días, donde la educación pública está cada vez más desmantelada, se vulnera el derecho a la lectura”, afirmó, en referencia a la situación de docentes y estudiantes.
Cabezón Cámara, por su parte, definió la lectura como una herramienta transformadora: “La lectura me salvó la vida”, expresó, destacando su capacidad para ampliar horizontes y construir alternativas. Guerriero evocó su paso por bibliotecas populares y describió la lectura como “una vida paralela” que habilita nuevos conocimientos.
Lenguaje, sociedad y clima cultural
El intercambio también incluyó reflexiones sobre el contexto social y el uso del lenguaje. Guerriero advirtió sobre una “sociedad infectada por el desprecio” y cuestionó la proliferación de discursos hostiles.
Cabezón Cámara utilizó una definición contundente para describir el presente, mientras que Almada llamó a ejercer una escritura más cuidadosa frente a ese escenario. “Cuando desde el poder se es descuidado con el lenguaje, eso habilita ese mismo desprecio en la sociedad”, sostuvo.
“El desafío para quienes escribimos es hacer un esfuerzo por ser amorosos”, concluyó Almada, en una intervención que fue acompañada por aplausos del público.
La apertura de la Feria del Libro dejó así una postal clara: en un contexto de tensiones, la literatura no solo funciona como expresión artística, sino también como espacio de debate, posicionamiento y reflexión sobre la realidad contemporánea.

