Las epidemias siempre motorizaron la búsqueda de una arquitectura de la higiene
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Colegio de Arquitectos de Victoria
¿Qué cambiará en nuestras ciudades, en nuestras casas, en nuestra vida después del Covid 19?
Posiblemente dependerá de la duración. Si nos liberamos de esto pronto, no tendrá tanta repercusión, pero si se prolonga en el tiempo el impacto será mayor.
No es la primera vez que, como humanidad, por una pandemia, debamos pensar en nuestros hábitos y en el espacio que habitamos para rediseñarlo y hacerlo más funcional.
A lo largo de la historia sobrevinieron numerosas epidemias. Entre las más significativas: la Peste negra (1320); Viruela (1520), Cólera (1820), Peste bubónica y Peste neumónica (1920). Todas modificaron las costumbres de sus habitantes e influyeron en el lugar donde se habita y se trabaja.
En el S XIX la “teoría del miasma” afirmaba que las enfermedades se producían por el aire tóxico, fétido que provenía del suelo y de las aguas impuras. Esa creencia transformó los espacios urbanos. Muchos pueblos que tenían callecitas estrechas, serpenteantes y de extensiones irregulares fueron reorganizados con calles que se cruzaban en ángulo recto y formaban manzanas cuadradas que facilitaron la extensión de redes de agua y proporcionaron el sistema de alcantarillado. Las paredes de las casas fueron revestidas y barnizadas para protegerlas de los gases tóxicos que flotaban en el aire. Los cementerios fueron mudados afuera de los pueblos y las ciudades amuralladas derribaron sus fortificaciones para abrirle paso al viento y al sol. Se advierte aquí una estrecha relación entre salud y arquitectura.
La arquitecta Beatriz Colomina, que estudió la relación entre arquitectura y sanidad, afirma que las ciudades siempre han respondido a la enfermedad, a las epidemias, adecuándose en sus construcciones a las demandas de la sociedad y considera que la arquitectura de la higiene, de la forma, de la estructura aparente, del amor por el vidrio y el metal nació como respuesta cultural a la tuberculosis
Durante décadas sólo parecía curar el sol, la limpieza y el descanso. Por ese motivo se diseñaron hospitales sin ornamentos en la fachada, con enormes terrazas, erigidos en lugares espaciosos, con cuartos de esquinas curvas para evitar la acumulación del polvillo.
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El paisaje urbano se vio modificado en general
En la actualidad el encierro nos hizo visualizar un espacio que nunca habíamos habitado tan intensamente porque la casa era un lugar de convivencia pasajera donde pasábamos sólo parte del tiempo. Hoy se ha convertido en guardería infantil, escuela, lugar de recreación, gimnasio, oficina, espacio de meditación, lugar de convivencia y mucho más.
En nuestros días debemos replantearnos la forma en que vivimos porque la distinción entre el espacio público y el privado fue borrada por la cuarentena.
¿Alguna vez imaginamos usar en la cotidianeidad de nuestras casas una tradición japonesa, destinando zona de ingreso al hogar en espacio para quitarnos el calzado y desinfectarnos antes de entrar a las habitaciones?
La preocupación por el Covid19 es de tal magnitud que el primer premio del Concurso de Rascacielos “Skyscrapus Competition 2020 ” de Nueva York fue obtenido por arquitectos chinos que diseñaron un edificio sanitario de atención médica, de despliegue rápido para los brotes epidémicos y que agrega habitaciones en altura según la demanden de la epidemia actual y las posteriores.
El Siglo XXI ha visto el Sars, el Mers, Ëbola, la gripe aviar, gripe porcina y ahora el Covid 19. Ya ha pasado casi un año desde el inicio del confinamiento y parece difícil pensar en una reapertura total. Los constantes rebrotes en Europa y Estados Unidos y los anuncios de posible nuevas cepas y nuevos virus nos anticipan el invierno que enfrentaremos. Por tal motivo es necesario el replanteo del espacio público y el privado para brindar a todos los habitantes calidad en sus vidas. .
A pesar de que las infraestructuras de las ciudades no son fácilmente modificables y la población no puede organizarse de manera inmediata, permitámonos concretar sueños de más calles peatonales y grandes explanadas públicas. Procuremos repensar más pulmones verdes en las ciudades y más parques que contemplen la inclusión de usuarios no videntes, hipoacúsicos, de movilidad reducida entre otros. Repensemos la organización de entradas y salidas de escuelas, museos, centros de salud, edificios públicos y privados con estaciones de desinfección a lo largo de sus paredes. Es necesario en lo inmediato acuerdos acerca de referencias comunes por color, intensidad para aplicar en la demarcación de espacios; concienticemos sobre ambientes abiertos y ventilados, lugares públicos con gran cantidad de baños individuales, de fácil acceso y diseñados para evitar el mayor contacto posible.
Es imprescindible pensar en puertas automáticas, elevadores con controles de movimiento o voz; luces y termostatos que se activen con sensores. La vida deberá, en general, optimizar los controles a distancia.
Nos merecemos, como sociedad que trabaja y aporta para el bienestar de todos, edificios públicos, privados y hogares acordes con nuestras necesidades actuales.
El cambio es tan imprescindible como la consulta, asesoramiento y participación de personas idóneas para aportar ideas y trabajo en cada aspecto tratado. Es necesaria la inversión para poner en marcha toda una sociedad que enfrenta a una pandemia. Siempre será menos oneroso que el costo humano y material que conlleva una epidemia.
Permitámonos ganarle a la improvisación que va de mano de la mediocridad de ideas y del egoísmo.
En lo arquitectónico el manifiesto de Bauhaus predica: minimalismo, simplicidad y diseño en los edificios del futuro concebidos como una creación integral entre arquitectura, pintura y escultura.
Los arquitectos, ingenieros, paisajistas, urbanistas, ecologistas tenemos que diseñar las ciudades del mañana de manera que el exterior no se convierta en una zona prohibida, sino que siga siendo un espacio seguro y habitable
Las construcciones de cada uno de nosotros cambiarán después del Covid porque las personas hemos cambiado. Nos hemos enriquecido y fortalecido con esta experiencia única. Todos transformaremos, en alguna medida, nuestros espacios en otros más útiles para encontrarnos con la salud y bienestar propio y de los que nos rodean.
No planifiquemos sólo resolver una pandemia; planifiquemos para vivir un futuro mejor. Necesitaremos especialmente concientización, creatividad, inversión y honestidad.