"La música no cura por sí sola, pero puede abrir el camino para sanar"
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La licenciada en Musicoterapia Florencia Regner dialogó con Mariana Rupp en el programa La Hora Dorada y explicó cómo el sonido, la voz y el ritmo pueden convertirse en herramientas terapéuticas para afrontar la ansiedad, los ataques de pánico y otros desafíos de la salud mental.
¿Puede una canción ayudar a sanar? ¿Por qué determinadas melodías nos emocionan, nos transportan a un recuerdo o logran calmarnos en momentos de angustia? Son preguntas que la ciencia intenta responder desde hace décadas y que la musicoterapeuta Florencia Regner abordó durante una entrevista con Mariana Rupp en el programa La Hora Dorada.
Recientemente recibida como licenciada en Musicoterapia en la Universidad del Salvador, Regner explicó que la disciplina utiliza la música, el sonido, la voz, el cuerpo y el silencio como herramientas terapéuticas para favorecer procesos de salud, rehabilitación y bienestar.
"La música no cura por sí sola. Lo que hace es crear un espacio para que determinados procesos puedan ocurrir", resumió.
Una vocación que nació de la experiencia
La joven profesional contó que su acercamiento a la musicoterapia no surgió únicamente de su interés por la música, sino también por su curiosidad acerca del funcionamiento de la mente humana.
Ese camino terminó de definirse cuando, durante un año sabático, trabajó acompañando a una niña con Trastorno del Espectro Autista (TEA).
"Me sorprendía cómo la música modificaba completamente nuestro vínculo. Había cosas que le costaban mucho expresar hablando, pero podía cantar una canción completa en inglés con una pronunciación impecable. Ahí entendí el enorme potencial que tiene la música como forma de comunicación", recordó.
Mucho más que escuchar canciones
Regner aclaró que la musicoterapia suele ser confundida con simplemente escuchar música relajante, cuando en realidad se trata de una disciplina de la salud mental con bases científicas y objetivos terapéuticos concretos.
Durante una sesión no necesariamente se utilizan canciones o instrumentos.
"La persona cuenta su historia también a través de cómo respira, cómo se mueve, cómo habla o cómo utiliza su voz. Todo eso forma parte de lo que observamos", explicó.
La intervención puede orientarse a trabajar aspectos emocionales, cognitivos, motrices o vinculares, adaptándose a cada paciente y a cada etapa de la vida.
Del ataque de pánico a una herramienta para ayudar a otros
Uno de los momentos más personales de la entrevista llegó cuando Florencia relató que ella misma atravesó episodios de ansiedad y ataques de pánico.
Lejos de ocultarlo, explicó que esa experiencia terminó impulsándola a profundizar en el estudio del ritmo y del cuerpo como herramientas de regulación emocional.
"Viví esas situaciones en primera persona. Descubrí que el ritmo podía ayudarme a volver al presente y regular lo que estaba sintiendo. Lo experimenté en mi propio cuerpo y por eso sé que funciona", afirmó.
Su tesis de grado estuvo justamente orientada al estudio de la ansiedad y la autorregulación mediante intervenciones sonoras.
Cuando el cuerpo también habla
Durante la conversación, Regner señaló que muchas emociones quedan registradas en el cuerpo y continúan manifestándose incluso cuando la persona intenta relajarse.
"Hay memorias que permanecen en la postura corporal, en la respiración o en tensiones musculares. A veces uno quiere relajarse, pone música tranquila, respira profundo... y el cuerpo simplemente no responde."
En ese sentido, explicó que uno de los objetivos de la musicoterapia consiste en ayudar a reconocer esas señales y generar recursos para autorregularse.
Un campo cada vez más amplio
La profesional destacó que la musicoterapia trabaja con personas de todas las edades.
Las intervenciones abarcan desde la estimulación temprana y el acompañamiento en niños con trastornos del neurodesarrollo hasta adolescentes, adultos y personas mayores.
También se aplica en procesos de rehabilitación neurológica, acompañando pacientes con enfermedad de Parkinson, Alzheimer o secuelas de accidentes cerebrovasculares.
"Cada persona vive sus emociones de manera distinta. No existen recetas universales. Por eso cada proceso terapéutico es único", explicó.
Un taller para aprender herramientas de autorregulación
Durante la entrevista, Regner también presentó el taller vivencial "Ansiedad y Autorregulación", que desarrollará junto al profesor Daniel —especialista en sonoterapia integrativa—.
La propuesta combinará herramientas de musicoterapia y experiencias prácticas orientadas a reconocer las respuestas del cuerpo frente al estrés y aprender estrategias para recuperar el equilibrio emocional.
"Queremos que las personas no solo reciban información, sino que puedan experimentar en su propio cuerpo distintas herramientas para afrontar la ansiedad en la vida cotidiana", señaló.
Para Florencia Regner, la música no constituye únicamente una expresión artística. Es también un lenguaje profundamente humano que permite comunicar aquello que muchas veces las palabras no alcanzan a expresar.
"La voz es nuestro instrumento más propio. Aprender a escucharla, escuchar al cuerpo y escuchar nuestras emociones también forma parte del camino hacia una mejor salud", concluyó.

