Política internacional
La intervención estadounidense en Venezuela inaugura una etapa de pragmatismo geopolítico y prioridades petroleras
:format(webp):quality(40)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2026/01/petroleo_de_venezuela.jpg)
La sorpresiva intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro han marcado un antes y un después en la historia reciente de la región, dando inicio a una nueva fase de pragmatismo geopolítico en Washington que prioriza objetivos estratégicos específicos por encima de la democratización inmediata, según expertos en relaciones internacionales.
La operación, ejecutada a comienzos de enero de 2026 y que culminó con la captura y traslado a Nueva York de Maduro para enfrentar cargos en un tribunal federal estadounidense, ha generado una profunda crisis política, social y diplomática. La Casa Blanca argumentó que la acción formaba parte de una campaña contra el “narcoterrorismo” en la región, aunque voces críticas, tanto dentro como fuera de Estados Unidos, sostienen que el trasfondo va más allá de la seguridad y se inscribe en la competición global por el control de los recursos energéticos venezolanos.
Un enfoque estratégico más que ideológico
Para Francisco Resnicoff, investigador senior del Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones Sociales de la Universidad Austral, la intervención y sus consecuencias están guiadas por lógicas de poder y pragmatismo, no por un impulso ideológico de democratización.
“La intervención de Estados Unidos fue inusual por donde se la mire: entrar a un país y llevarse a su Presidente es algo muy poco frecuente en el sistema internacional.”
“Tan inusual como la intervención es lo que estamos viendo después: un pragmatismo enorme por parte de Trump, que no habla de cambio de régimen ni de democratización inmediata.”
Resnicoff subraya que la administración estadounidense no ha colocado la democracia en la agenda como prioridad absoluta, sino que ha puesto el foco en garantizar que los recursos estratégicos de Venezuela, en particular el petróleo, no queden en manos que Washington juzga como adversas. “El objetivo primario de Estados Unidos no es la democracia, sino el petróleo y que esos recursos no terminen en manos que Washington considera inapropiadas.” afirmó.
En efecto, tras la captura de Maduro, el gobierno estadounidense ha mostrado interés en controlar las exportaciones petroleras venezolanas e incentivar inversiones en el sector energético, aunque analistas advierten que la infraestructura está severamente deteriorada tras años de abandono.
Negociación con sectores del chavismo residual
Otro punto clave en el análisis de Resnicoff es que Estados Unidos parece dispuesto a negociar con sectores del chavismo que permanecen en el poder, si esto contribuye a la estabilidad política y energética necesaria para avanzar en sus objetivos.
“En ese marco, Estados Unidos está dispuesto a negociar incluso con sectores del gobierno que quedaron tras la salida de Maduro, si eso garantiza estabilidad. Hay una parte del gobierno venezolano, encabezada por Delcy Rodríguez, que parece muy dispuesta a aceptar las condiciones que impone Estados Unidos como única opción para mantenerse en el poder.”
De acuerdo con Resnicoff, esta fracción del antiguo gobierno chavista estaría más receptiva a acuerdos con Washington, contrastando con otros sectores —como los encabezados por figuras como Diosdado Cabello— que rechazan la intervención y denuncian una violación flagrante a la soberanía venezolana. Estos últimos se habrían negado incluso a cumplir demandas formuladas por Estados Unidos, como el cierre de centros de detención de presos políticos.
Frustración social y prioridades contrapuestas
Resnicoff también advirtió sobre el sentimiento dominante de frustración dentro de la sociedad venezolana. La caída de Maduro no ha significado, de acuerdo con su perspectiva, la caída automática de la dictadura ni un retorno inmediato a reglas democráticas plenas.
“La salida de Maduro no implica automáticamente la caída de la dictadura, y eso genera una enorme frustración en buena parte de la sociedad venezolana.”
La situación económica tampoco se resuelve de un día para el otro. Venezuela enfrenta una debacle económica sin precedentes, con una caída drástica del PIB per cápita, pobreza extrema e incapacidad para acceder a bienes básicos. En el corazón de esta crisis está el colapso del sector petrolero: la producción habría caído cerca de un 70 % y reconstruir la industria requeriría inversiones masivas durante al menos una década.
Equilibrio militar y riesgos de presencia extranjera
Resnicoff apuntó además que la estructura militar venezolana no muestra divisiones tan profundas que permitan pensar en un golpe interno eficaz contra la actual conducción del país, liderada por Delcy Rodríguez. Esto limita la posibilidad de un cambio de poder por fuerzas internas sin un alto costo social o político.
Respecto a una presencia militar prolongada de Estados Unidos en Venezuela, el investigador enfatizó los riesgos que eso conllevaría, recordando experiencias como las de Irak o Afganistán.
“Una presencia militar prolongada de Estados Unidos implicaría riesgos enormes, como ya se vio en Irak o Afganistán. Trump va a tratar de evitar bajo cualquier circunstancia una ocupación prolongada, y por eso probablemente siga negociando con el madurismo residual.”
Un escenario complejo y global
La intervención y su aftermath han desatado también un clima internacional tenso: numerosos países y organismos internacionales han condenado la operación como una violación del derecho internacional y de la soberanía venezolana, mientras que otros han aplaudido la caída de Maduro o han llamado a una transición pacífica y ordenada.
En medio de este escenario, la política exterior estadounidense parece estar recalibrando sus prioridades regionales, moviéndose hacia un enfoque que combina negociación, intereses estratégicos y control de recursos, con una clara voluntad de evitar la implicación directa de larga duración en el terreno militar.

