La falta de empatía puede costar caro
El preocupante “entretenimiento de aflojar ruedas” que pone en riesgo a alumnos escuelas de Crespo
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La modalidad es tan simple como peligrosa: algunos alumnos manipulan las bicicletas de sus compañeros desajustándoles las ruedas, para ver que sucede cuando salen a circular por la calle.
En los últimos días, a partir del diálogo con padres de alumnos de la ciudad de Crespo, ha comenzado a tomar visibilidad una situación inquietante que se repite en entornos escolares y que dista de ser una simple travesura. Por el contrario, se trata de una conducta que muchos califican como un acto de bajeza, con características propias del vandalismo y una preocupante falta de empatía hacia otros estudiantes.
Según los testimonios recogidos, el problema se ha detectado en instituciones educativas de la ciudad. La modalidad es tan simple como peligrosa: algunos alumnos manipulan las bicicletas de sus compañeros antes de que estos regresen a sus hogares.
En concreto, se ha vuelto habitual que, al finalizar la jornada escolar, quienes se trasladan en bicicleta revisen el estado de sus rodados antes de utilizarlos. Esta precaución no es casual. Se han registrado casos en los que terceros aflojan las tuercas de las ruedas o liberan las palancas de ajuste rápido —frecuentes en bicicletas tipo mountain bike— con la aparente intención de provocar un accidente.
Las consecuencias de estas acciones ya se han hecho visibles. Un adolescente sufrió una caída al emprender su regreso, producto de una manipulación previa en su bicicleta, y debió recibir asistencia médica por las lesiones ocasionadas.
El uso de la bicicleta como medio de transporte escolar es una práctica extendida tanto en nivel primario como secundario. Representa una solución práctica para las familias y fomenta la autonomía de los estudiantes. Sin embargo, esta nueva modalidad atenta directamente contra la seguridad de quienes optan por este medio.
Lo que más preocupa es la naturalización de estos comportamientos. Algunos intentan minimizarlos como bromas, pero lo cierto es que implican un riesgo concreto para la integridad física de los alumnos. La reiteración de los hechos sugiere que no se trata de episodios aislados, sino de una práctica que comienza a instalarse.
Si bien muchas escuelas cuentan con cámaras de seguridad en sectores donde se estacionan las bicicletas, aunque pareciera que estas medidas no están siendo suficientes para prevenir este tipo de acciones durante el horario escolar.
La situación plantea un desafío no solo para las instituciones educativas que deberán realizar un llamado de atención a la comunidad en general; sino también para los padres, que deberán trabajar en la concientización de los hijos sobre la gravedad de este tipo de conductas.

