Fernando Peirano: “Rafaela no tiene que imitar a nadie, tiene que parecerse cada vez más a Rafaela”
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Durante la Muestra Industrial “En el Centro de Todo”, el economista y especialista en innovación destacó el potencial de las ciudades intermedias para impulsar el desarrollo productivo. Planteó que la clave no está solamente en los recursos o la infraestructura tecnológica, sino en la capacidad de las instituciones, las empresas y la comunidad para compartir conocimientos y generar nuevas oportunidades.
El desarrollo productivo de una ciudad no depende únicamente de los recursos que posee, sino también de su capacidad para transformarlos en conocimiento, innovación y oportunidades. Con esa mirada, el economista Fernando Peirano expuso durante la Muestra Industrial “En el Centro de Todo”, en Rafaela, y propuso fortalecer los vínculos entre empresas, instituciones educativas, gobiernos y centros de conocimiento.
A lo largo de su exposición, el especialista vinculó la trayectoria industrial de la ciudad con los desafíos actuales de la innovación. También recurrió a experiencias internacionales y referencias históricas locales para explicar por qué las comunidades que logran compartir conocimientos y construir proyectos colectivos pueden generar mejores condiciones para su desarrollo.
“¿Qué es el desarrollo? Es transformar recursos en capacidades”, sintetizó Peirano, al señalar que la disponibilidad de recursos naturales o económicos no garantiza por sí sola el crecimiento. El desafío, según planteó, consiste en aprovecharlos y convertirlos en capacidades que impulsen la producción.
Las ciudades intermedias y el valor de sus instituciones
Uno de los conceptos centrales de la exposición fue la porosidad institucional, entendida como la capacidad de las organizaciones para intercambiar conocimientos, establecer vínculos y trabajar más allá de sus propias estructuras.
Peirano sostuvo que las ciudades intermedias, como Rafaela, cuentan con condiciones particulares para impulsar la innovación. Su escala permite reunir a empresas, instituciones y distintos actores sociales, mientras que la cercanía facilita el intercambio de experiencias y la construcción de iniciativas compartidas.
“Si las ciudades intermedias no saben jugar esta carta, no saben tener instituciones de paredes porosas donde entrar y salir sea fácil, pierden su ventaja”, advirtió.
En ese marco, recuperó los estudios del sociólogo Manuel Castells sobre las tecnópolis y los sistemas territoriales de innovación. A partir de esas referencias, destacó la importancia de construir vínculos entre el sector productivo, las universidades, los gobiernos y los espacios dedicados a la investigación.
El economista también cuestionó la idea de que la creación de infraestructura tecnológica sea suficiente para generar innovación.
“Muchas veces se piensa que todo esto se resuelve creando un parque tecnológico y, en el mejor de los casos, se termina generando un lindo cartel. Si no tiene alma, no sirve”, señaló.
Con esa expresión, puso el foco en la necesidad de que los espacios destinados a la innovación tengan actividad real, intercambio de conocimientos y relaciones sostenidas entre quienes los integran.
Almacenes Ripamonti: una referencia para pensar el desarrollo
La historia de los Almacenes Ripamonti ocupó un lugar destacado en la exposición. Peirano propuso mirar más allá de su función comercial y recuperar el valor que tuvo ese espacio como punto de encuentro, intercambio de experiencias y construcción de vínculos en la comunidad rafaelina.
La referencia permitió relacionar la historia local con una idea central de su planteo: el conocimiento no se genera exclusivamente en universidades, laboratorios o centros tecnológicos. También surge de la experiencia cotidiana, de la práctica compartida y de las relaciones que se construyen entre las personas.
Desde esa perspectiva, los espacios de intercambio pueden contribuir a transmitir saberes, desarrollar habilidades y generar oportunidades que se proyectan más allá de una actividad puntual.
El desafío actual, según la mirada expuesta por Peirano, consiste en recrear esas condiciones mediante nuevas formas de cooperación entre empresas, instituciones educativas, centros tecnológicos y organismos de desarrollo.
La innovación requiere equipamiento e infraestructura, pero también ámbitos donde los conocimientos puedan circular, combinarse y convertirse en soluciones aplicables a la producción.
Una identidad propia para innovar
Peirano destacó que Rafaela cuenta con una trayectoria industrial, una red institucional y una proximidad entre actores productivos que pueden servir como base para desarrollar nuevas capacidades.
El desafío consiste en fortalecer esos vínculos y aprovechar la experiencia acumulada para impulsar proyectos, inversiones y procesos de aprendizaje que respondan a las características de la ciudad.
Su reflexión final sintetizó esa idea y reivindicó la importancia de construir un modelo de desarrollo basado en la identidad local.
“Rafaela no tiene que imitar a nadie, tiene que ser y parecerse cada vez más a Rafaela”, afirmó.
El mensaje dejó planteada una perspectiva sobre el futuro productivo que trasciende la incorporación de nuevas tecnologías. Para el economista, el desarrollo también depende de reconocer el conocimiento acumulado, promover su circulación y convertirlo en capacidades colectivas.
En una ciudad con una fuerte tradición industrial, esa articulación entre historia, instituciones y producción aparece como uno de los caminos para generar nuevas oportunidades de innovación y crecimiento.

