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Falleció el empresario Artemio Waigel
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El jueves 14 de agosto fueron inhumados en la necrópolis crespense los restos de Miguel Artemio Waigel, quien falleció a los 85 años. Lo acompañaron en su despedida los familiares más íntimos y un sacerdote que ofició una breve ceremonia. Sus últimos días transcurrieron en un hogar para adultos mayores de Paraná.
Junto a su hermano Fermín, Artemio fue un emprendedor que continuó con las actividades iniciadas por su padre, hasta consolidar un corralón de materiales para la construcción que alcanzó gran relevancia en la provincia.
“Miguel Waigel y Cía se convirtió en uno de los principales proveedores del mercado de la construcción, en una etapa de gran dinamismo productivo. Era la única casa que reunía todos los artículos necesarios para edificar. Waigel fue la firma proveedora más grande de Crespo y de las localidades vecinas, con un ascenso vertiginoso a comienzos de los años 80”, recuerda Orlando Britos en su libro Waigel, publicado cuando la compañía atravesaba el proceso de quiebra, luego caratulado judicialmente como fraudulento.
Ante las dificultades llegó a configurar 12 empresas más, que interactuaban entre sí y terminaron conformando una red de ocultamientos en procura de amortiguar la crisis. En 2022, Artemio Waigel fue condenado junto a otras 13 personas —que recibieron penas menores— y continuó con prisión domiciliaria, que ya cumplía de manera preventiva. En mayo de 2025 se le concedió la libertad condicional por razones de salud.
Uno de los pilares del éxito inicial fue el sistema de venta anticipada de materiales sin plazo de retiro, que permitió a centenares de crespenses construir sus viviendas, ampliar sus casas, levantar locales comerciales o galpones. El mecanismo se sostuvo durante décadas, incluso en tiempos de hiperinflación, hasta transformarse en un esquema Ponzi: los nuevos aportes de ahorristas y compradores financiaban las deudas acumuladas. Una inspección de la AFIP precipitó la caída, acelerada luego por el retiro masivo de clientes que tenían materiales pendientes o depósitos de dinero, aun cuando la firma no estaba habilitada como entidad financiera.
Aunque compartía la gestión con su hermano Fermín —y, en los últimos años, con sus propios hijos tras dividir bienes con aquel—, el rostro visible de la compañía siempre fue Artemio.
Con él se cierra también la historia de un hombre que, más allá de la polémica empresarial, se destacó por su generosidad: nunca se negó a colaborar con instituciones de la ciudad, donando dinero y materiales para obras como el hogar de ancianos, la casa parroquial, el pabellón de la Avicultura, la comisaría, escuelas y la vía aeróbica, entre otras.
Su declive comenzó en 2008 y culminó en 2009, con la pérdida laboral para más de un centenar de empleados, y la estafa a unos 1.500 ahorristas y adquirentes de materiales anticipados. El episodio provocó un fuerte impacto en Crespo y la región, ya que en muchos casos estaban en juego los ahorros de toda una vida, destinados a garantizar la vejez.

