Política
Escalada de tensión en Medio Oriente pone en riesgo el suministro global de gas y sacude los mercados
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Los recientes ataques a infraestructura energética en Qatar e Irán encendieron alarmas en los mercados internacionales y abrieron un nuevo escenario de incertidumbre para el suministro global de gas natural licuado (GNL), un recurso clave para la generación eléctrica, la industria y la transición energética.
El impacto fue inmediato. El precio del petróleo Brent superó los 119 dólares en operaciones intradiarias, mientras que el gas en Europa alcanzó máximos de varios años y el mercado estadounidense también registró subas. Sin embargo, especialistas advierten que la preocupación va más allá de la volatilidad de precios.
“La reacción de los mercados no puede interpretarse como un simple sobresalto geopolítico. Lo que estamos viendo es que se empieza a descontar una posible restricción física de oferta, especialmente en gas”, explicó Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral.
Uno de los focos más críticos fue el ataque a Ras Laffan Industrial City, en Qatar, considerado el principal nodo exportador de GNL a nivel mundial, donde se concentran instalaciones estratégicas como la planta Pearl GTL.
“Se cruzó una línea particularmente peligrosa: ya no se trata de ataques a activos periféricos, sino al corazón del sistema energético regional”, advirtió Carnicer.
A diferencia del petróleo, el gas presenta mayores dificultades ante este tipo de contingencias. “El petróleo tiene un mercado más flexible, con mayor capacidad para redireccionar cargamentos. El gas, en cambio, depende de una infraestructura mucho más rígida. Cuando se afecta una gran planta exportadora, el riesgo pasa rápidamente de precios a abastecimiento”, detalló.
En este contexto, el especialista alertó sobre la posibilidad de un escenario de escasez si las interrupciones se prolongan. “Cuando el cuello de botella es material, la sustitución es más lenta, más costosa y más incompleta”, señaló.
Carnicer comparó la situación con la crisis energética que atravesó Europa tras la guerra entre Rusia y Ucrania, aunque marcó una diferencia sustancial. “En aquel caso el gas existía, pero se interrumpió la relación política y comercial. Aquí el problema puede ser más grave, porque está en juego la capacidad física de producir y exportar”, sostuvo.
Las consecuencias podrían extenderse más allá del encarecimiento de la energía. Según el análisis, existe un riesgo creciente de desabastecimiento relativo, presión sobre los sistemas de generación eléctrica y una mayor competencia entre países para asegurarse cargamentos en el mercado internacional.
Frente a este escenario, el especialista remarcó la necesidad de repensar la seguridad energética global. “No alcanza solo con avanzar en energías renovables. También es fundamental diversificar geográficamente el origen del gas”, indicó.
En ese marco, Argentina comienza a posicionarse como un actor con potencial estratégico. “Vaca Muerta adquiere relevancia no solo por su escala y productividad, sino porque puede aportar oferta desde una región alejada de los principales focos de conflicto”, explicó.
Asimismo, destacó el desarrollo de proyectos de exportación de GNL en el país. “Si el mercado global internaliza que la infraestructura del Golfo puede ser un blanco recurrente, toda nueva plataforma exportadora fuera de esa región mejora su posicionamiento estratégico”, afirmó.
No obstante, Carnicer llamó a mantener una mirada realista. “Vaca Muerta no puede reemplazar en el corto plazo el volumen de Qatar, pero sí puede convertirse en una pieza importante dentro de un sistema energético más equilibrado”, concluyó.
El escenario actual deja en evidencia una fragilidad estructural del sistema energético global, donde gran parte de la oferta crítica se concentra en pocos nodos. Para los especialistas, el desafío hacia el futuro no solo será avanzar en energías limpias, sino también construir una red más diversificada y resiliente de proveedores confiables.

