El sujeto que escribe sobre grotescos
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** El sujeto se dispuso a escribir su columna semanal donde se supone que debe abordar los asuntos menos graves de la vida, y en eso le avisaron que el presidente Alberto hablaría para imponer nuevas restricciones que nos hagan marcar el paso y cumplir con la obediencia debida. Obligar y ser obedecido es el sueño dorado de los dictadores, a los que sin embargo nadie podrá acusar de tales, porque a ellos los asustan desde más arriba, desde el poder pretendidamente invisible que a esta altura ya está quedando más pintado que Piñón Fijo.
** Cada vez que el mundo dice “bueno, ya está”, desde el Olimpo de los malos sueltan un SarsCov modifield (llámenle variante Manaos, Pepsi, o como quieran) y con su mejor sonrisa mefistofélica susurran “más despacio baby, esto recién empieza”.
El ‘SarsCov modificado’ sería una especie de SarsCov2 pero Turbo; el segundo de la saga que sale a aterrorizar a la humanidad, mientras otros de alta gama esperan su turno aún congelados en Wuhan. Los desesperados, los aburridos, los necesitados, los desinformados… pensaron en algún momento que ya está, nos vacunamos y chau Pinela, pero eso sería creer que el ‘gran plan’ fracasó.
** No me haga reír que no traje barbijo, sepa que los amos globales nunca fracasan, los think tanks (tanques del pensamiento) juegan a la pelota con el globo terráqueo, cualquier dificultad es tan solo un escollo a superar. Si en 2020 no han achicado lo suficiente la población del globo es porque el primer año fue solo de ensayo. Un picadito para ir entrenando.
¿Y qué podemos hacer?, si como ciudadanos de a pie no estamos en el frente de batalla para pelearla sino en el territorio donde caen las bombuchas de Napalm.
El sujeto y lo que lo sujeta
** El sujeto (que bien podría ser sujeta pero no nos metemos con la jeta de los demás) se sintió desafiado, resuelto a seguir escribiendo sobre las paradojas de la vida, las contradicciones, lo grotesco, o las cosas que hacemos sin saber por qué, en fin.. esos temas que son habituales en esta columna. Pero supo que la realidad también suele ser todo eso y comenzó a tipear sobre realidades.
** Está bien, habrá que aceptarlo, estamos ante un plan del poder global que quiere imponer un gobierno mundial, no lo niegan los mentores de esta idea, solo lo presentan como algo bueno y necesario. Se están escribiendo libros al respecto (gracias al amigo que me acaba de regalar ‘Un mundo que cambia’, de César Vidal) y prestigiosos científicos nos esclarecen sobre el SarsCov2 y su evidente diseño de laboratorio. Ni siquiera los diez científicos europeos y norteamericanos que viajaron a China para investigarlo, han podido demostrar que el virus que nos ataca sea de origen natural. El famoso murciélago no aparece. No hay ‘conspiranoia’ sino hechos concretos.
** Bien con todo eso, podemos aceptarlo o desecharlo, ¿entonces qué haremos?… si alguien quiere hacerse la guapa o el guapo y enfrentarlo, allá elles (mire cuán musical suena la inclusividad) si creen que pueden vencer lo invencible. Decir no me vacunaré, no usaré barbijo ni haré esa estupidez de cantar el feliz cumpleaños mientras me froto las manos con jabón, me hace parecer a cuando un malo se propone pasarme por encima con un camión y, como sé que es un turro y un criminal, me le paro en mitad de la calle.
** Podemos ir a la fiscalía y denunciarlo al malo, y para aportarle pruebas al fiscal, buscar a un escribano y pararnos en medio de la calle para que certifique cómo la trompa de ese camión nos levanta por el aire como batata en pala. Es querer parar al toro en carrera encarándolo de frente.
El blanqueo de los cuernos
** El Covid-19, ahora devenido en nuevas cepas muy oportunas para un cambio de discurso, vino a imponer sus reglas, cuarentena y distancia social para tutti quanti. En el medio, abuelos que no pueden ver a sus nietos, tíos que no pueden ver a sus sobrinos, amigos que no pueden reunirse y… compañeros sexoafectivos o amantes que quedaron en banda, aunque es difícil creer que estos últimos no hallarán el modo de quebrar la regla. Todo esto sucede justo cuando los militantes del “vamos por más” vienen por el poliamor, promocionándolo con mucha insistencia.
** ¿Qué es poliamor? Lo explica el sitio AmorLibre.org,, todo un emblema de la llamada Nueva Era, destinado a promover esta nueva forma de disolución de la familia: «Es un neologismo que significa mantener más de una relación íntima, amorosa, que puede o no ser sexual y duradera, de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los involucrados”.
** La palabra sonaba divertida en boca de Florencia Peña, que fue una de las primeras voces, o por lo menos la más sonora, que habló de poliamor, vocablo que degrada al amor identificándolo con la promiscuidad, utilizado para darle un formato indecoroso a la infidelidad. De aquí en más este vocablo tramposo se oirá cada vez con más frecuencia en los medios, a los que no se puede hacer culpables porque se deben a la realidad, y ésta es una nueva realidad, más allá de que algunos insisten más que otros en vestirla con un ropaje blanco inmaculado (pintar de blanco los cuernos) y anunciarlo como una tendencia de vanguardia, tratándose de una regresión.
Maxi produce mientras duerme
** Las tendencias son apenas modas, pero muchas han venido para quedarse, no pocas vienen ofrecidas como derechos. Ojalá no se vuelva tending topic el blanqueo de viyuya, que también es algo común en nuestro país. El blanqueo más demorado fue el de Máximo Kirchner, quien declaró en 2018 un patrimonio de más de 191 millones de pesos, y al año siguiente -última presentación conocida- declaró de igual forma casi 292 millones. La diferencia exacta de lo que ganó entre un año y otro es de 100.556.390 pesos.
** “El incremento no es por sumar a sus bienes la herencia de su padre Néstor, fallecido en 2010, ni la transferencia de parte de la herencia de su madre Cristina, hecha en 2016”, porque eso ya estaba en el patrimonio 2018. Lo que falta explicar es cómo obtuvo mas de cien millones de mangos al año siguiente. Los que hilan más fino calcularon esa viyuya por día y por hora: Si Máximo duerme 8 horas al día, cada vez que se levantó tuvo 93.104 pesos más que cuando se acostó. ** Chau. Un aplauso para el asador desocupado.

