El riesgo financiero empresarial aumentó en agosto, advierte Fidelitas
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El índice SERF cayó 6,9 puntos y pasó a “Riesgo Elevado”. La morosidad empresarial creció 56,5% interanual y preocupa la cadena de pagos.
Las empresas argentinas enfrentan un escenario de mayor exigencia financiera, pese a algunas señales de estabilización de la economía. El Sistema de Evaluación de Riesgo Financiero (Índice SERF) de Fidelitas se ubicó en 38,3 puntos en agosto, 6,9 puntos por debajo de los 45,2 registrados en julio.
El retroceso provocó que el indicador pasara de la categoría “Señales Mixtas” a “Riesgo Elevado”, reflejando las dificultades que atraviesa el sector empresario para sostener el crédito, la liquidez y la cadena de pagos.
Según el informe difundido por la compañía, la principal fragilidad continúa concentrada en el frente crediticio. El Índice de Riesgo Crediticio descendió a 17,8 puntos, en un contexto marcado por dificultades de pago, bajo nivel de endeudamiento mediante crédito y una morosidad que continúa elevada, particularmente entre las empresas.
La industria profundizó la caída
Uno de los principales factores que explican el deterioro del escenario es el comportamiento de la actividad manufacturera.
La producción industrial registró en julio una caída interanual del 4,9% y acumuló una contracción del 2,6% entre enero y julio de 2026. En la comparación con junio, una vez descontados los factores estacionales, la baja alcanzó el 5%.
El retroceso fue generalizado: 12 de las 16 divisiones manufactureras registraron descensos interanuales.
Entre los sectores más afectados aparecen algunos vinculados directamente con la inversión. La fabricación de maquinaria y equipos cayó 26,7%, con una baja del 46,6% en maquinaria agropecuaria y del 20,9% en aparatos de uso doméstico.
También se registraron fuertes descensos en otros equipos, aparatos e instrumentos, que retrocedieron 31,4%, mientras que la fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado disminuyó 15,9%.
En contraste, cuatro divisiones mostraron crecimiento: refinación de petróleo, madera y papel, metálicas básicas y otro equipo de transporte.
Más empresas tienen dificultades para pagar
El deterioro del crédito tiene como contracara un aumento significativo de la morosidad empresarial.
De acuerdo con Fidelitas, actualmente existen 57.045 empresas en situación irregular, cerca del 12% de las aproximadamente 480.000 empresas activas. La cifra representa un incremento interanual del 56,5%.
Entre enero y junio de 2026, además, la cantidad de empresas en mora aumentó un 18,7%.
Comercio y Servicios concentran el 71,9% de la morosidad empresarial total, mientras que los mayores incrementos interanuales se observaron en Comercio, Manufactura y Agropecuario.
El escenario también está marcado por la persistencia de los cheques rechazados, que se mantienen en torno de los 80.000 mensuales. Durante los primeros ocho meses de 2026 ya se acumuló una cantidad de rechazos equivalente a la registrada durante todo 2025.
El problema se traslada a toda la cadena de pagos
Para las empresas, una dificultad financiera puede rápidamente impactar sobre otros actores de la economía.
Una compañía que demora sus pagos puede trasladar la presión financiera a sus proveedores y generar un efecto en cadena, particularmente cuando varias empresas dependen del mismo sector o ciclo de demanda.
Desde Fidelitas remarcaron que, en este contexto, la evaluación de un proveedor no debería considerar solamente aspectos vinculados con la calidad del producto o servicio, sino también su solidez financiera.
El Índice de Actividad del SERF se ubicó en agosto en 54,2 puntos, mostrando comportamientos dispares y sin evidencias de una recuperación generalizada.
Vender más no garantiza una mejor caja
Otro de los factores señalados por el informe es el costo del financiamiento.
En agosto, la diferencia entre las tasas efectivas anuales con capitalización mensual de los préstamos personales, del 88,86%, y de los depósitos, del 23,40%, alcanzó aproximadamente 65,46 puntos porcentuales.
Para las empresas, el impacto se siente especialmente en el capital de trabajo. Cuando los plazos de cobro se extienden, las compañías deben sostener durante más tiempo el financiamiento de mercadería, salarios e impuestos.
Por eso, un aumento de las ventas no necesariamente implica una mejora inmediata de la caja. Si el dinero queda inmovilizado en cuentas por cobrar o en stocks y los márgenes no compensan el costo financiero, la situación puede incluso generar mayor presión sobre la liquidez.
A esto se suma la evolución de los costos empresariales medidos en dólares. Si aumentan sin una mejora equivalente de la productividad, los márgenes pueden reducirse y afectar la competitividad.
Estabilización sin recuperación generalizada
El informe de Fidelitas reconoce algunas señales positivas, entre ellas la inflación de 1,7% en agosto y un desempeño relativamente favorable del comercio exterior.
Sin embargo, considera que esos factores todavía no alcanzan para compensar la debilidad del mercado interno y el deterioro de las condiciones crediticias.
“La economía muestra señales de estabilización, pero todavía no de recuperación generalizada”, sostiene el análisis.
Para las empresas entrerrianas, que forman parte de cadenas productivas vinculadas al comercio, la industria, el agro y los servicios, el comportamiento del crédito y de la cadena de pagos constituye un factor central para las decisiones de inversión y actividad.
El escenario planteado por Fidelitas obliga a prestar especial atención a la situación financiera de clientes, proveedores y otras contrapartes comerciales, en un contexto donde también se observa una mayor presencia de empresas con deudas previsionales impagas y un incremento de sanciones de organismos como la UIF y el BCRA, según el informe.
La conclusión empresarial que plantea el estudio es que el desafío no consiste solamente en vender más, sino en vender y cobrar, preservar liquidez y evaluar cuidadosamente el riesgo de cada operación.

