Sociedad
El futuro del avión Guaraní en debate: entre el valor histórico y el riesgo del olvido
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A más de dos décadas de su llegada a Crespo. La situación del IA-50 Guaraní II volvió a generar debate. Mientras crecen los pedidos para su recuperación y puesta en valor, resurgen testimonios y documentos que reconstruyen cómo llegó la aeronave a la ciudad y por qué terminó emplazada en un predio privado.
La situación del avión IA-50 Guaraní II emplazado en el Distrito Comercial Norte se instaló en la agenda pública de la ciudad a partir de la preocupación expresada por el profesor e investigador Claudio Schulz, quien advirtió sobre el estado de deterioro de la aeronave y reclamó una intervención municipal que permita preservar una pieza que considera parte del patrimonio histórico y tecnológico nacional.
La discusión no es nueva. Sin embargo, la transformación urbanística que experimenta el predio donde se encuentra instalado el avión volvió a encender las alarmas sobre el futuro de una aeronave que llegó a la ciudad en 2002 con la intención de convertirse en un símbolo accesible para toda la comunidad.
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Un proyecto pensado para toda la ciudad
Schulz, reconocido por sus investigaciones sobre los héroes crespenses de la Guerra de Malvinas, Juan José Falconier y Danilo Bolzán, sostiene que el Guaraní constituye mucho más que una estructura decorativa.
“Ese avión, como todos los aviones, son cedidos por la Fuerza Aérea en comodato a las municipalidades para su resguardo. Lo que ocurrió en Crespo es que terminó apropiado a nivel privado”, expresó recientemente a Paralelo 32.
En una nota elevada al Concejo Deliberante, el investigador recordó que el propósito de estas cesiones es permitir que las aeronaves sean exhibidas y apreciadas por la población como piezas representativas de la historia de la aviación argentina.
Según argumentó, el hecho de que actualmente el avión permanezca dentro de un predio privado, sin acceso libre para la ciudadanía y mostrando evidentes signos de deterioro, justifica una intervención del Estado municipal para su recuperación, puesta en valor y eventual reubicación.
La otra mirada
La publicación de estos planteos generó una respuesta por parte del empresario Fernando Huck, quien en un escrito publicado en El Observador, mencionó que el proyecto encontró dificultades desde sus inicios por la falta de un espacio público consensuado para emplazar la unidad.
Según relató, fue el suboficial mayor (R) Isabelino Martínez quien gestionó ante la Fuerza Aérea la cesión del avión para Crespo. Ante la imposibilidad de concretar su instalación en terrenos municipales, Huck ofreció un sector de Organización Avanzar SRL para evitar que la aeronave fuera devuelta.
El empresario mencionó que la colocación demandó una importante inversión económica y un complejo trabajo técnico. La estructura requirió una base de hormigón de grandes dimensiones, columnas especialmente diseñadas para sostener el peso de la aeronave y el traslado del avión en varias secciones hasta la ciudad. Expresando además que la obra contó con la colaboración del ingeniero Amílcar Waigel, personal de la II Brigada Aérea y trabajadores de la empresa.
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Lo que decía Paralelo 32 en 2002
Los archivos periodísticos permiten reconstruir el contexto en que se tomó la decisión.
En una entrevista publicada por Paralelo 32 el 31 de agosto de 2002, Isabelino Martínez explicó que su intención original era emplazar el avión en un espacio público visible para quienes ingresaban a la ciudad. Sin embargo, las diferencias con el municipio respecto del lugar de ubicación frustraron aquella alternativa.
Mientras desde el gobierno local se proponía instalarlo en Plaza San Lorenzo, Martínez sostenía que debía ubicarse cerca de la ruta para garantizar una mejor exhibición.
Finalmente, ante la falta de acuerdo, surgió el ofrecimiento de Huck para colocarlo en el predio lindero al Salón Castillo, donde permanece hasta la actualidad.
En aquella misma entrevista, Martínez reconocía que no existía un convenio formal para la instalación de la aeronave y destacaba el aporte de la Colectividad Alemana en la construcción de la base y la infraestructura necesaria para sostenerla.
Al cerrar la nota periodística, el entrevistado expresó a Paralelo 32:
El lugar está cercado, pero se piensa abrir una puerta para permitir el libre acceso.
Martínez, como depositario del avión, se mostró agradecido con la familia Gottig que cuidó la unidad mientras estuvo en la playa de estacionamiento, «sin cobrar absolutamente nada», dijo.
Además, en la lista de agradecimientos incluyó al municipio, policía y bomberos, que tuvieron a su cargo la tarea de remolcar el «Guaraní» bimotor hasta Crespo.
—Les llevó 7 horas traerlo y afrontar inconvenientes con el tendido de los cables de electricidad —señaló el entrevistado.
Un símbolo en discusión
Más de veinte años después, el debate parece centrarse en una pregunta de fondo: cuál debe ser el destino de una pieza que forma parte de la historia de la industria aeronáutica argentina y que fue incorporada a Crespo con la intención de transformarse en un patrimonio visible para toda la comunidad.
Mientras algunos destacan el esfuerzo privado que permitió evitar su devolución y posibilitó su instalación definitiva, otros sostienen que el espíritu original de la cesión fue garantizar su preservación y acceso público.
Entre ambas posiciones existe un punto de coincidencia: el avión Guaraní constituye un elemento singular de la identidad local y requiere acciones concretas para evitar que el paso del tiempo continúe deteriorando una pieza histórica que, desde hace más de dos décadas, forma parte del paisaje urbano de Crespo.

