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El Cuarteto de Nos en Paraná: Postales de un 'Maldito Show' que la capital entrerriana no va a olvidar
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Después de casi dos años, El Cuarteto de Nos regresó a Paraná y volvió a demostrar por qué sigue siendo una de las bandas más convocantes, vigentes y queridas del rock rioplatense. El pasado sábado 30 de mayo, en un Hierlam XL completamente colmado, el grupo uruguayo ofreció un show de dos horas que recorrió gran parte de su repertorio reciente, mezclando humor, crítica social, emoción y una energía inagotable.
La última visita había sido en el Estadio Echagüe el 5 de septiembre de 2024. Esta vez el escenario fue otro, pero la respuesta del público fue la misma: un predio repleto, con el sector VIP que rodeaba el recinto lleno y un campo que desde mucho antes del inicio del espectáculo ya exhibía la ansiedad de los fanáticos.
A las 21:20, las luces se apagaron y comenzó el viaje. Un viaje que tuvo como punto de partida "Puertas", el disco que da nombre a la gira con la que vienen de agotar un Movistar Arena y recorrer distintos puntos de Argentina.
Desde temprano llamó la atención la cantidad de remeras con las ilustraciones del nuevo álbum y los numerosos carteles levantados entre la multitud. Uno de los más repetidos tenía el emoji de la cara roja, convertido ya en un símbolo inevitable para quienes adoptaron "Cara de Nada" como una de las canciones más representativas del último año del grupo.
Como sucede en cada presentación de El Cuarteto de Nos, una de las imágenes más llamativas estuvo en el público. Padres compartiendo el recital con sus hijos adolescentes, jóvenes que descubrieron la banda hace pocos años gracias a las plataformas digitales y seguidores históricos que los acompañan desde los tiempos de "Raro", o incluso antes. Esa convivencia generacional se volvió evidente al ver para los costados del escenario. "Es mi primer recital, qué emoción, no me voy a olvidar de este momento", esbozó un pequeño sin poder contener la emoción. A su lado estaban sus padres. Una postal perfecta de lo que hoy representa la banda.
Sobre el escenario, Roberto Musso volvió a desplegar una de sus mayores virtudes: la capacidad de conectar con el público. Risueño, cómplice y siempre dispuesto al intercambio, fue hilvanando canciones con anécdotas, explicaciones y chistes que funcionaron como pequeños descansos antes de volver a la intensidad musical.
El repertorio estuvo concentrado principalmente en los discos más recientes, aunque sin olvidar ese punto de inflexión que significó "Raro", el álbum que cambió para siempre la historia del grupo y lo proyectó definitivamente hacia Latinoamérica.
Hubo momentos para saltar, para cantar y también para pensar.
"Contrapunto para Humano y Computadora" se sintió especialmente actual. En tiempos atravesados por la inteligencia artificial y los debates sobre el futuro de la humanidad, la canción volvió a interpelar desde un lugar incómodo y reflexivo, uno de esos momentos en los que El Cuarteto demuestra que detrás del humor siempre hay algo más profundo para decir.
El humor, precisamente, apareció de manera brillante antes de "Me Amo". Luego de interpretar "Rorschach", Musso recordó la clásica interpretación psicológica de la imagen que da nombre a la canción no solo veía manchas sino que mientras algunos ven dos personas enfrentándose, bromeó diciendo que él veía dos personas amándose. La ocurrencia desató las risas del público y dio pie al ingreso de "Me Amo", acompañada por un corazón que rezaba "Yo y Yo".
Los grandes pogos de la noche llegaron con "El Hijo de Hernández", "Marioneta", "Invierno del 92" y, sobre todo, "Yendo a la Casa de Damián", una de esas canciones que parecen no perder vigencia con el paso del tiempo y que transforman cualquier recital del Cuarteto en una celebración colectiva. Siendo, una especie de cierre obligado para los de Musso y compañía.
Hubo también espacio para la emoción. Durante "No Llora", miles de luces de celulares iluminaron Hierlam. Entre las voces que acompañaban la canción podían verse niñas, adolescentes y también mujeres adultas y padres encontrándose con sus propias historias en una letra que sigue tocando fibras sensibles.
Y cuando llegó "Maldito Show", el nombre de la canción terminó describiendo literalmente la escena. Una lluvia de papelitos cubrió el predio mientras la banda sonaba con toda su potencia y el público respondía con una fiesta visual que quedará entre las imágenes más recordadas de la noche.
Pogo, luces, risas, emoción, reflexión y hasta lágrimas. Los recitales de El Cuarteto de Nos tienen la particularidad de recorrer todos esos estados sin perder coherencia. Tal vez porque sus canciones hablan de nosotros mismos. De nuestras contradicciones, nuestros miedos, nuestras obsesiones y nuestras preguntas.
Hacia el final, mientras sonaban las últimas canciones, volvió a resonar aquella idea que Roberto Musso alguna vez explicó sobre "Yendo a la Casa de Damián": que muchas veces no importa tanto el destino como lo que ocurre durante el trayecto.
Y eso fue precisamente el recital del sábado en Paraná: un recorrido.
El Cuarteto de Nos es presente. Y su público volvió a estar ahí para comprobarlo, atravesando una vez más esas puertas que la banda abre en cada show para invitarnos a mirar el mundo desde otro lugar. A veces seguimos buscando respuestas. Pero mientras tanto, siempre queda una buena historia para contar en el camino.
