Deportes en Entre Ríos
El corazón del triatlón vuelve a latir en el norte entrerriano
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Más que una carrera, La Paz representa ese reencuentro anual con esa identidad deportiva más pura • Entre el calor de la ruta y el abrazo de un pueblo, los atletas victorienses se preparan para ser parte de una mística que ya supera las cuatro décadas.
Hay algo en el aire de La Paz en cada enero, que no se puede explicar con cronómetros ni clasificaciones. Es una vibración que se siente en el agua del Paraná y se padece en el asfalto de la Ruta 1. Este fin de semana, la 41ª edición del Triatlón de La Paz no es solo una fecha más en el calendario; es la confirmación de que hay legados que el tiempo, lejos de desgastar, vuelve más esenciales.
Para quienes hemos seguido de cerca la evolución de esta disciplina, queda claro que la esencia de la Asociación Entrerriana de Triatlón (AET) no reside hoy en los grandes anuncios, sino en la memoria compartida. Se percibe en el silencio previo a la largada y en el estallido de las mangueras de los vecinos que, décadas después, siguen allí para aliviar el paso de los corredores. Es esa impronta genuina, despojada de artificios, la que mantiene a esta prueba como el baluarte de nuestro deporte.
Victoria y su presencia en la largada
Nuestra ciudad, históricamente ligada a la épica paceña, tendrá una vez más a sus representantes en competencia. Muchos de ellos llegan con el roce competitivo que dejó el reciente desafío de la Copa Jeep en Victoria, donde el nivel de los victorienses y la marcada convocatoria hizo la diferencia.
En este sentido, se espera que varios de los protagonistas de aquella jornada dominguera con 144 atletas en la largada, digan presente. Máximo Andino, quien viene de coronarse como el gran ganador, sería de la partida en esta edición. Si bien su participación aún aguarda la confirmación oficial de su entorno, su presencia es una de las más esperadas por lo que representa su figura para el triatlón local y provincial. Junto a él, otros atletas de las Siete Colinas buscarán ese "plus" de energía que solo el público paceño sabe transmitir.
Una mística que resiste
A veces, en la búsqueda de la evolución, se corre el riesgo de perder el norte. Sin embargo, al observar lo que sucede en el norte entrerriano, queda claro que el verdadero valor de una carrera no se mide por su alcance internacional, sino por la lealtad de quienes la corren.
Aunque el contexto actual imponga realidades complejas —con inscripciones que hoy rondan los 180 mil pesos como un dato más de la coyuntura—, el atleta elige volver. Elige La Paz porque sabe que allí el esfuerzo se respeta y la historia se honra. Lo que sobrevive de la AET es precisamente eso: la convicción de que el triatlón es, ante todo, una construcción colectiva entre el deportista y su tierra.
Este fin de semana, cuando el sol castigue y las piernas flaqueen, los nuestros sabrán que no están corriendo una carrera más. Estarán habitando un mito que sigue vivo, tan entrerriano y tan nuestro como hace más de cuarenta años.

