El club de los vituperadores del plástico
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** Lo que comentaré en este primer párrafo no tiene que ver con el pasado sino con la última millonésima fracción de segundo de la civilización, desde que se inventó el hacha hasta los próximos 80 años. Siendo un gurisito conocía, por razones de vecindad, el taller –al que llamaban fábrica– de construcción de baldes y fuentones de chapa galvanizada de los hermanos Diel, con amplia distribución provincial. La fábrica cerró, por la misma razón que en Victoria Maggiorini dejó de fabricar botones con conchas de ostras; los mató el plástico. Don Víctor Diel cambió de rubro y el curso de la vida me vinculó con él, en esporádicos y breves contactos. Te hablo de cuando para despachar una carta había que caminar quince cuadras para llegar a un buzón.
** Recuerdo a don Víctor como a un hombre parco y malhumorado, poco afecto al diálogo con terceros, pero muy cumplidor con su trabajo. Ya fallecido, conversando cierto día con su viuda de segundas nupcias, me comentó que en su casa no existía el balde plástico ni nada parecido. Ante mi asombro me proporcionó un dato que no olvidé por lo sorprendente, pero sobre todo por ser referencial. Me comentó que el día que su esposo tuvo que cerrar la fábrica de baldes y fuentones de metal, porque los de plástico habían llegado para copar definitivamente ese mercado, juró que a su casa nunca entraría el enemigo que lo llevó a la quiebra; es decir esas imitaciones hechas con material sintético.
** Había pasado un poco más de medio siglo desde que el millonario belga Leo Baekeland inventó el plástico practicando su hobby favorito. Leo era hijo de un zapatero que no entendía por qué su hijo mayor debía estudiar pudiendo aprender el oficio del padre, y de madre ama de casa que lo apoyó para que estudiara de noche. Se recibió de doctor en química e hizo una fortuna fabricando papel para fotografías Velox. Vendió la patente y se recluyó en una casa muy confortable, con laboratorio, y experimentó hasta obtener el precursor del plástico, la bakelita (lo llamó Bakelite), el primer plástico completamente sintético.
Aplaudiendo al monstruo
** Mientras el mundo aplaudía este progreso increíble de la raza humana, surgieron infinitas mezclas y usos, sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial, que al interior profundo de la Argentina llegaron como baldes y otras prestaciones novedosas a fines de la década del 50.
La Corporación Bakelite lo bautizó: «El material de los mil usos». Y -una vez más- no estaban equivocados. Se utilizó en teléfonos y radios, aisladores, armas y tazas de café, bolígrafos, pelotas de billar y en joyas. Incluso se usó en la primera bomba atómica.
El éxito del Bakelite también inspiró nuevas creaciones: ¿qué otros materiales artificiales podrían crearse, con propiedades que no necesariamente encuentras en la naturaleza? Probablemente también zapatos o suelas de zapatos que comenzaron a quitarle trabajo al zapatero que nunca fue, gracias a su madre.
** La Corporación Bakelite no fue modesta a la hora de publicitar su producto. Señaló que los humanos habíamos logrado trascender la vieja taxonomía de animal, mineral, vegetal y que ahora había «un cuarto reino, cuyas fronteras no tienen límites». Suena exagerado, pero era cierto. Hasta entonces los científicos habían buscado imitar o mejorar sustancias naturales, pero Leo creó la naturaleza artificial.
Una historia de amor tóxico
Cuando en 2011 la autora Susan Freinkel quiso escribir su libro Plastic: A Toxic Love Story (Plástico: Una historia de amor tóxico), pasó un día tomando nota de todo lo que tocaba que estaba hecho de plástico: el interruptor de la luz, el asiento del inodoro, el cepillo de dientes, el tubo de pasta dentífrica. También tomó nota de las cosas que no eran de plástico: el papel higiénico, el piso de madera, la canilla de porcelana. Al final del día enumeró la cantidad de objetos: 102 no eran de plástico y 196 lo eran.
** Fabricamos tanto plástico que insume cerca del 8% de nuestra producción de petróleo: la mitad para el material crudo y la mitad para la energía. Se estima que en 2030 la fabricación de plásticos insumirá el 20% del petróleo y se multiplicará exponencialmente, si nadie lo detiene.
** Según un informe emitido por la Fundación Ellen MacArthur, los plásticos consumirán el 20 % de toda la producción de petróleo de los próximos 30 años, con la consiguiente emisión de residuos que conlleva: sería equivalente a vaciar cuatro camiones en el océano cada minuto para el año 2050. Para entonces habrá más plástico que peces en el océano. A menos, claro está, que cambiemos radicalmente nuestra relación con los plásticos, dice Tim Harford (Muyinteresante.es). En otras palabras… A menos que adoptemos la posición de don Víctor, tomada hace como 60 años.
El fin de los buenos tiempos
** El plástico también trajo beneficios, por supuesto. Autos más livianos que en consecuencia queman menos combustible, o los tupperware con los que se guarda comida bien conservada y se tira menos, entre otros. Pero no se trata de un cálculo de costo beneficio sino de supervivencia. Es un elemento extraño que está arruinando el planeta. Ni animal, ni mineral ni vegetal; sintético. Contra natura.
El viejo Baekeland se hizo millonario por segunda vez. Había nacido en Bélgica y falleció en…. Estados Unidos, por supuesto, que coopta a todo el que descubre algo bueno, a la edad de 80 años, en 1944, mucho antes de joderle la vida a Diel, a Maggiorano, y a millones como ellos.
** Hoy basta con googlear palabras como ‘el fin de la civilización’ así como la conocemos’, para encontrar coincidencias científicas en cuanto a que en 80 años más, la extinción de especies será incontrolable. Y la humana, por inteligente que sea, es una especie más y lo pasará muy mal si no reacciona a tiempo.
Parece mentira pero entre la aparición de los grandes elementos contaminantes y el fin de las especies, que algunos científicos demuestran que ya comenzó, hay un tiempo tan exiguo, tan efímero como la vida de un hombre. Si, hoy una persona de 70 años puede decir que asistió al nacimiento de la materia antinatural y al clamor por su desaparición, que no se producirá porque prácticamente no tiene sustituto.
** Los tiempos se aceleraron y pisan cada vez más el fierro. Mientras celebramos el presente no deberíamos distraernos. Plantar árboles, cultivar plantas que cobijan a insectos y pájaros, descartar menos baterías y cuidar el agua, podrían ser tareas para quienes no tenemos la manija del mundo.

