De Gualeguaychú a Kansas en bicicleta: 17.000 kilómetros para llegar al Mundial
:format(webp):quality(60)/https://paralelo32cdn.eleco.com.ar/media/2026/09/vicente_conculini.webp)
Vicente Conculini recorrió durante 293 días junto a dos amigos 17 países de América para acompañar a la Selección Argentina. El viaje comenzó en Entre Ríos y terminó en Kansas City.
Lo que comenzó como una idea surgida después del Mundial de Qatar terminó convirtiéndose en una travesía de 293 días, unos 17.000 kilómetros y 17 países recorridos en bicicleta. Vicente Conculini, oriundo de Gualeguaychú, viajó junto a Miguel Silio y Armando Martínez para llegar hasta Estados Unidos y acompañar a la Selección Argentina durante el Mundial 2026.
El viaje comenzó el 16 de agosto de 2025, cuando los tres cicloturistas partieron desde la Municipalidad de Gualeguaychú, acompañados por familiares, amigos y otros ciclistas. Nueve meses y medio después llegaron a Kansas City, donde se encontraba concentrada la Selección.
En una entrevista con Guido Trosero, Conculini repasó el recorrido, las dificultades, los aprendizajes y los encuentros que marcaron una experiencia que, según contó, todavía está procesando.
Una idea que nació en Qatar
La historia comenzó varios años antes. Miguel Silio ya había viajado en bicicleta a dos Mundiales y, durante su estadía en Qatar en 2022, comenzó a pensar en la posibilidad de repetir la experiencia para el Mundial 2026.
Conculini y Martínez se sumaron al proyecto. Para Vicente, era su primer viaje a un Mundial, aunque ya tenía experiencia en viajes de larga distancia en bicicleta.
“El viaje lo hicimos tres, Miguel Silio, Armando Martínez y yo”, explicó.
El 16 de agosto de 2025 comenzaron el recorrido desde Gualeguaychú. El primer día estuvo marcado por la adaptación al peso de las bicicletas, cargadas con todo lo necesario para un viaje de varios meses.
100 kilómetros por día
Durante el recorrido, el promedio fue de aproximadamente 100 kilómetros diarios, aunque hubo jornadas de hasta 150 y 160 kilómetros.
Uno de los períodos más exigentes fue entre Campeche y Ciudad de México, donde llegaron a recorrer unos 1.300 kilómetros en 14 días. Y explicó que el cuerpo necesita adaptarse progresivamente al esfuerzo y también descansar. Por eso, cuando alguno tenía fiebre, gripe o dolores, modificaban el recorrido previsto y buscaban un lugar donde detenerse.
“El cuerpo es una máquina que se acostumbra a todo, pero hay que darle descanso también”, señaló. La planificación tampoco era rígida. La ruta general estaba definida, pero durante el viaje consultaban a ciclistas y habitantes de cada lugar para encontrar caminos alternativos, con menos desniveles, mejores condiciones o paisajes diferentes.
Carpas, hostels, iglesias y casas de familia
El grupo alternó distintas formas de alojamiento. Durmieron en carpas, casas de familia, iglesias, clubes de fútbol y hostels.
En algunos casos eligieron pagar un alojamiento económico para ahorrar tiempo. Armar y desarmar la carpa podía insumir varias horas y, al tratarse de un viaje con una fecha límite para llegar al Mundial, decidieron priorizar el tiempo de pedaleo.
Para financiar la travesía, los tres trabajaron y ahorraron previamente. El entrevistado contó que incluso trabajó en Holanda, en una isla y en un hotel, para reunir parte del dinero necesario.
El día que pensó en abandonar
Entre las experiencias más difíciles recordó el paso por el Chaco paraguayo, donde atravesaron jornadas de mucho calor y llegaron a quedarse sin agua en dos oportunidades.
A unos 40 grados, durmiendo en carpa y enfrentando diferentes dificultades en la ruta, Conculini reconoció que llegó a preguntarse qué hacía allí. “De 293 días, ese fue el único día que lo pensé”, contó al recordar el momento en que evaluó abandonar el viaje.
Sin embargo, continuó junto a sus compañeros. Para él, uno de los aprendizajes principales de la travesía fue justamente la capacidad de sobreponerse a las dificultades y seguir avanzando.
La fuerza de viajar acompañado
Los tres amigos desarrollaron una particular manera de sostenerse durante el viaje.
Conculini la definió como una “charla silenciosa”: ver a los otros dos seguir pedaleando era suficiente para mantener el ritmo.
Cuando alguno no estaba bien, buscaban adaptar la jornada. También tuvieron que aprender a convivir durante meses, manejar los cambios de humor y evitar que los momentos de cansancio derivaran en conflictos. “No ponerse, si alguien no está con el mejor humor, a equipararte con ese humor, sino intentar aflojar la situación”, explicó.
La experiencia le permitió descubrir que el esfuerzo físico también tiene un componente mental. Incluso, contó que hubo momentos en los que se sintió más cansado pedaleando en terreno llano que subiendo una montaña.
América, sus paisajes y la solidaridad
Entre los lugares que más lo sorprendieron mencionó Colombia, México y Costa Rica, especialmente por la vegetación, los animales y los paisajes.
También destacó la experiencia de recorrer Centroamérica y señaló que muchas veces existe poco conocimiento sobre sus paisajes y posibilidades para el turismo.
Pero uno de los recuerdos que más valoró fue la solidaridad de las personas que encontraron en el camino. “En Paraguay la gente es muy solidaria. En Colombia la gente es muy solidaria. En México y en Estados Unidos la gente es muy solidaria”, relató. Según contó, en distintos momentos las personas les ofrecieron agua, comida o alojamiento y se interesaron por saber de dónde venían y hacia dónde se dirigían.
Los tramos que no pudieron hacer en bicicleta
Aunque el objetivo era realizar el recorrido sobre dos ruedas, hubo algunos tramos que debieron resolver de otra manera.
En Ecuador, debido a la situación de seguridad en la zona de Machala y Guayaquil, recibieron la recomendación de trasladarse unos 200 kilómetros en colectivo.
Otro tramo imposible de completar en bicicleta fue el Tapón del Darién, la zona selvática que separa Colombia de Panamá.
Después de pasar por Cartagena, viajaron en avión hasta Ciudad de Panamá y trasladaron las bicicletas desarmadas.
La llegada a Kansas City
El grupo ingresó a Estados Unidos el 1 de mayo, por la frontera entre Nuevo Laredo y Laredo. El último tramo los llevó hasta Kansas City.
Finalmente, el 2 de junio, los tres llegaron al hotel donde se encontraba la Selección Argentina.
El recibimiento fue uno de los momentos más importantes del viaje. Allí se encontraron con medios argentinos y locales y recibieron el reconocimiento de personas que habían seguido su travesía.
“El último día de pedaleo se llegó, llegamos los tres, que eso es lo más importante”, destacó Conculini.
Sin embargo, contó que en ese momento todavía no alcanzaba a dimensionar la magnitud del recorrido realizado.
“Es como que pedaleo día a día, pedaleo 293 días, recorrí todos estos países, todos estos kilómetros y llegué”, explicó.
El encuentro con la Selección y con Ginóbili
Después de llegar a Kansas City, recibieron una invitación para visitar a la delegación argentina.
El grupo fue recibido en las instalaciones donde se encontraba la Selección, donde pudo conversar con integrantes del cuerpo técnico, sacarse fotografías y recibir una camiseta y entradas para el primer partido.
Conculini contó que también pudo ver a algunos jugadores, aunque no tuvo contacto personal con ellos.
Otro de los encuentros que recuerda especialmente fue con Manu Ginóbili, a quien visitaron en San Antonio. El exbasquetbolista argentino los recibió junto a su madre y compartieron aproximadamente una hora y media de conversación.
Para Conculini, las fotografías con Ginóbili y con el cuerpo técnico de la Selección se encuentran entre los recuerdos más importantes del viaje.
“La vida se pasa muy rápido”
Después de casi diez meses de viaje, una de las principales conclusiones de Conculini tiene que ver con el tiempo.
“La vida se pasa muy rápido, muy rápido. Y hay que disfrutar y hacer lo que uno quiere cuando puede y tiene el dinero, las ganas y el tiempo”, reflexionó.
Actualmente permanece en Estados Unidos y planea regresar en algún momento a Argentina. También tiene pendiente ordenar las anotaciones que realizó durante todo el recorrido.
Conculini escribió prácticamente cada uno de los 293 días del viaje, además de las semanas posteriores. La idea es convertir ese material en un libro.
Incluso ya tiene una posible frase para el título: “Vinimos a esto”, expresión que los tres utilizaban cuando aparecía una montaña, viento en contra, lluvia o alguna otra dificultad.
El próximo desafío
El ciclista de Gualeguaychú ya piensa en futuras travesías. Le gustaría recorrer Europa en bicicleta, donde, según explicó, encontró mejores condiciones de infraestructura y campings para el cicloturismo.
También observa con interés el próximo Mundial, aunque reconoce que su organización en varios países y continentes plantea un desafío diferente.
Por ahora, su mensaje para quienes sueñan con viajar es sencillo: animarse a proyectarlo.
“Que haga lo que tiene ganas. Que si tiene ganas de viajar, que lo proyecte. Que se pueda hacer”, sostuvo.
Y dejó una última idea: no hace falta esperar a tener las condiciones perfectas. Puede ser durante dos semanas, un mes o un año; en bicicleta, mochila, una van o un motorhome.
Para Conculini, lo importante es empezar mientras sea posible.

