Cuando el árbol tapa el bosque
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Un ejemplar centenario; más de 60 metros de grietas; y un hospital que necesita algo más que ocurrencias poco fundamentadas.
Victoria.- El palo borracho centenario del Hospital Salaberry volvió a quedar en el centro de la escena tras publicaciones en redes sociales que atribuyeron las rajaduras de un sector del edificio a sus raíces. Sin embargo, desde una perspectiva técnica no existen elementos para sostener esa correlación directa. El deterioro responde a un cuadro más amplio que involucra al suelo de fundación, la humedad y antiguas instalaciones.
Hay imágenes que, a simple vista, parecen ofrecer una respuesta inmediata. Un árbol de gran porte, con un tronco imponente e historia centenaria; a pocos metros, un sector del edificio con grietas profundas y signos evidentes de deterioro. En la era de la inmediatez digital, la asociación visual suele convertirse de manera automática en una conclusión categórica.
Ese fue el disparador de una controversia que volvió a circular en las últimas horas a través de redes sociales, donde se señaló al clásico palo borracho ubicado en uno de los patios internos del Hospital Salaberry como el responsable directo de las fallas estructurales que afectan a un sector del nosocomio.
La hipótesis, vertida sin rigor ni sustento profesional, encontró un rápido eco en plataformas donde la controversia suele amplificarse con facilidad.
Sin embargo, la responsabilidad sobre la infraestructura de un edificio público exige trascender las simplificaciones. Una cosa es formular una sospecha desde la intuición; otra muy distinta es determinar las causas reales mediante una evaluación técnica.
Para analizar el cuadro con criterios profesionales, Paralelo32 consultó al ingeniero civil Hugo Jara, profesional a cargo de la Oficina Zonal de Arquitectura que ha participado en relevamientos técnicos encomendados por el Gobierno Provincial y su área de Salud.
La falta de evidencia directa
Desde el punto de vista estrictamente técnico, Jara aclaró que en la actualidad no existe ningún estudio o elemento probatorio que permita establecer una relación de causa y efecto entre el sistema radicular del palo borracho y el agrietamiento de la mampostería.
Para confirmar o descartar una incidencia directa de las raíces, sería indispensable realizar una exploración de subsuelo que permita verificar qué ocurre bajo la superficie y de qué manera se disponen las raíces respecto a las fundaciones. Hasta tanto esa verificación no se lleve a cabo, cualquier afirmación en ese sentido no pasa de ser una mera especulación.
Existe, además, un dato de escala que invalida la teoría de una causa única localizada en el patio: la falla no es puntual.
Según detalló el profesional, el deterioro se manifiesta a lo largo de una línea continua de aproximadamente 60 a 70 metros de extensión, comprometiendo a dos alas del edificio. Resulta complejo atribuir una patología edilicia de semejante magnitud a la presencia de un único ejemplar arbóreo, aunque no se descarte que sus raíces puedan llegar a tener algún grado de incidencia localizada en el sector más próximo.
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Suelo, humedad e infraestructura antigua
El origen de las fallas estructurales en edificios de la antigüedad del Salaberry suele obedecer a la confluencia de múltiples factores. Entre las hipótesis técnicas más consistentes para explicar los asentamientos o descensos diferenciales del terreno aparece el comportamiento del suelo de fundación en presencia de humedad.
En la zona afectada convergen elementos clave: allí se sitúa el núcleo de los antiguos baños públicos del hospital —actualmente clausurados por su estado de deterioro— y han existido históricamente complicaciones vinculadas al escurrimiento y drenaje de las aguas pluviales.
La filtración e ingreso constante de agua en el suelo puede alterar sensiblemente su capacidad de soporte, provocando movimientos en las bases que terminan manifestándose como grietas en los muros. En ese sentido, la institución ha encarado trabajos en el sistema de drenaje pluvial y se encuentra ejecutando la construcción de nuevos núcleos sanitarios para dejar en desuso las instalaciones vetustas, abordando así los factores que verdaderamente inciden en la estabilidad del terreno.
Prioridades en la infraestructura
El debate sobre el palo borracho cobra relevancia en el marco de un establecimiento de salud central para Victoria y su zona de influencia. Por sus pasillos transita a diario una porción sustancial de la atención médica comunitaria, lo que vuelve plenamente legítima la preocupación ciudadana por el estado edilicio del nosocomio.
Sin embargo, centrar la atención exclusivamente en el árbol invisibiliza otras prioridades de ingeniería de mayor gravedad. Un ejemplo de ello es el estado del antiguo tanque elevado de agua.
A partir de un relevamiento preventivo realizado por el ingeniero Jara, se documentó el estado de conservación e inclinación de la reserva principal: una estructura de hormigón armado ubicada a unos 15 metros de altura con capacidad para almacenar 30.000 litros de agua (lo que representa una carga de aproximadamente 30 toneladas). El paso del tiempo provocó desprendimientos en el recubrimiento del hormigón, dejando las armaduras metálicas expuestas y oxidadas.
Frente a este diagnóstico, las autoridades sanitarias y de mantenimiento del hospital implementaron un plan de contingencia provisorio mediante un sistema de cisternas terrestres y bombeo para desafectar progresivamente la gran masa de agua elevada. De forma paralela, el reemplazo definitivo del depósito central mediante un esquema de tanques distribuidos por sectores forma parte de proyectos en evaluación que deberán seguir sus respectivos carriles administrativos y presupuestarios dentro de la órbita del Ministerio de Salud provincial, organismo competente en la materia.
Una institución que exige rigor
El palo borracho centenario del Salaberry constituye, indudablemente, un elemento icónico del paisaje institucional. Si en algún momento una evaluación técnica multidisciplinaria determina que su presencia genera un riesgo cierto para las personas o la infraestructura, su retiro deberá ser resuelto sobre bases objetivas. Mientras tanto, atribuirle la responsabilidad del deterioro general responde más a una narrativa apresurada que a la realidad edilicia.
Las redes sociales suelen ofrecer la ilusión de respuestas inmediatas para problemas complejos. La labor periodística y el análisis profesional requieren el camino opuesto: contextualizar, acudir a la palabra calificada y desglosar las causas reales.
El Hospital Salaberry no necesita explicaciones simplificadas ni controversias pasajeras; requiere planificación, inversión sostenida y un seguimiento técnico continuo que garantice la conservación de su patrimonio y la seguridad de la comunidad que diariamente acude a sus servicios.

