Eventos en Victoria
Cuando ciertas prácticas tradicionales entran en debate
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La prohibición de pialar, aprobada por el Concejo Deliberante de Victoria, tras la muerte de un caballo en pista de arena, abrió un debate que excede lo local.
Victoria.- La reciente decisión del Concejo Deliberante de esta ciudad, de prohibir las pialadas (definida como: enlazar con un lazo las extremidades delanteras de un equino durante una carrera), normativa que se aplicará dentro del ejido urbano, no pasó inadvertida. La ordenanza, aprobada por mayoría el 23 de diciembre, tuvo como autora a la concejal Luciana Zorzabal y se inscribe en un contexto que excede largamente el recinto legislativo: pone en discusión el límite entre tradición, espectáculo y maltrato animal.
La norma local no surge en el vacío. Apenas un mes antes, el 23 de noviembre, un hecho conmocionó a la comunidad: un caballo murió durante una pialada realizada en el marco de un festival de destrezas criollas en la zona de Playa de esta ciudad. El animal sufrió una fractura cervical tras ser enlazado, situación que fue denunciada públicamente y derivó en presentaciones judiciales por presunta crueldad animal. El caso tuvo repercusión provincial, y actuó como disparador de un debate que ya venía latente.
A partir de ese episodio, Paralelo32 pudo saber que organizaciones como Conciencia Animal Entre Ríos y Ecoguay Gualeguay, solicitaron intervenir como querellantes ante la Justicia, invocando la Ley Nacional 14.346 de Protección Animal, que penaliza los actos de maltrato y crueldad. Según lo consignado por el portal ERA Verde, las entidades advirtieron además la falta de un marco legal que regule este tipo de prácticas en la provincia.
En paralelo, el Colegio de Médicos Veterinarios de Entre Ríos fijó una postura institucional contundente. A través de un comunicado oficial difundido el 19 de diciembre, la entidad rechazó explícitamente las pialadas de equinos por considerarlas incompatibles con el bienestar animal y prohibió a sus matriculados participar, asesorar o avalar este tipo de eventos. El documento, replicado por medios como Elonce y Tal Cual Chajarí, remarca que estas prácticas pueden provocar lesiones graves e incluso la muerte de los equinos, además de vulnerar principios éticos de la profesión veterinaria.
Con estos antecedentes, el debate llegó al Concejo Deliberante de Victoria. Durante la sesión en la que se trató la ordenanza, el concejal Zorzabal fundó el proyecto en la necesidad de adecuar las prácticas locales a los estándares actuales de protección animal y a la normativa nacional vigente. Fragmentos de esa sesión circularon luego en redes sociales y medios digitales locales, ampliando la discusión más allá del ámbito legislativo.
La repercusión fue inmediata. Mientras sectores vinculados a la tradición rural cuestionaron la prohibición por considerar a las pialadas, parte de las destrezas criollas, otros actores sociales y profesionales celebran la decisión como un avance en materia de derechos de los animales. La discusión se trasladó así a las redes sociales, donde convivieron mensajes de apoyo, críticas y llamados a revisar otras prácticas naturalizadas.
Lo cierto es que la ordenanza sancionada en Victoria marca un punto de inflexión. No sólo por lo que prohíbe, sino por lo que habilita a discutir: hasta dónde una costumbre puede sostenerse cuando entra en tensión con nuevas sensibilidades sociales y con marcos legales que ponen el foco en el bienestar animal.
En ese cruce entre pasado y presente, entre identidad cultural y derechos emergentes, Victoria se convirtió —quizás sin proponérselo— en un caso testigo. Y lo que allí se debatió ya no es sólo un asunto local, sino parte de una conversación más amplia que atraviesa a toda la provincia. Y puede impactar en fiestas nacionales como el caso de Diamante o la provincia de Córdoba, donde este tipo de actividades representan un fuerte componente turístico a partir de su festival nacional.

