Con aulas cerradas y patios en silencio: “En este contexto no me siento maestra”
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Por Nora de Sosa (Crespo).- Como nunca antes, la celebración del Día del Maestro, este viernes 11 de septiembre, cobró otro significado en un contexto donde la labor se volvió más intensa, complicada y hasta más difícil. Sin festejos en las escuelas, con aulas cerradas y patios en silencio, la ausencia de los niños llena de nostalgia a esos maestros que debieron cambiar el pizarrón de la escuela por la pantalla de su computadora o de su celular para poder enseñar.
“Siento que me van a faltar las cosas más importantes de una maestra, que son los niños, porque si bien pueden mandar un audio, un mensaje, no estuvo ese vínculo fortalecido, porque no fui yo quien les enseñó. Los puedo felicitar, lo mismo a la mamá, pero en este contexto yo no les enseñé y como no les enseñé no me siento maestra. Entiendo que la docencia no es solo transmitir contenidos, es estar y acompañar al niño compartiendo sus sentimientos y emociones”- dice María Asunción Dittler (Marita) a Paralelo 32, al recibirnos en su domicilio para hablar de la realidad que toca vivir a los maestros a raíz de la emergencia sanitaria.
Sus ojos se humedecen al decir que “esta vez no tendremos un Día del Maestro. Van a faltar las cartitas, los dibujitos, y si los hacen, llegarán por una foto. Y no estarán los niños, faltará ese abrazo, esa inocencia y ese amor que anima, llena el alma y sin niños no habrá maestra. Creo que la maestra lo es con sus niños en un aula, no el espacio físico de la escuela –aclara- sino juntos, trabajando, estudiando, aprendiendo algo”.
Con 26 años en el ejercicio de la profesión y nuevamente con primer grado a cargo, jamás se imaginó que daría clases a la distancia a través de una computadora, sin el pizarrón, la cercana calidez y la posibilidad de brindarles la contención que muchas veces necesitan.
“Hacía varios años que no estaba en primero y fue una alegría volver a ese grado, pero nunca imaginé que daría clases a la distancia. Es terrible, horrible, una mezcla de sentimientos –describe-. Hubiera preferido la suspensión de clases a ser parte de acrecentar la desigualdad educativa que se está produciendo y el individualismo que estamos creando”- dice preocupada.
Muchos docentes no llegaron ni a conocer a sus nuevos alumnos. “Estuvimos siete días con los chicos, por suerte los observé mucho y es como que me los traje a casa. Puedo decir cómo cada uno fue en el aula y es lo me que ayudó a dar clases virtuales”.
“La enseñanza no es solo la virtualidad –apunta-. Uno prepara la clase pensando en el chico que está sentado al fondo. Hoy ya no pienso en ese niño, sino en la mamá, la hermana o quién le va a enseñar en la casa, porque no estoy llegando al niño”. Sostiene que sería diferente si tuviera la posibilidad de abrir la pantalla y encontrarse con los 25 alumnos a la vez e interactuar.
Muy a pesar de su vocación y entrega, en las actuales circunstancias Marita no se siente maestra de sus alumnos. “La actividad que voy a dar cada día la escribo y pienso buscándole la vuelta para facilitarle la tarea a esa mamá que tiene que estar tranquila para enseñarle al hijo”.
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¿Aprenden o solo cumplen?
“Por classroom –cuenta- hago videos, trato de hacerlos divertidos, a veces grabo hasta 10 veces, y los subo para que las a mamás lo abran cuando puedan. Al principio era horario corrido, después empezaron a trabajar las familias. Eso también es un problema. Siento que vuelco a esa mamá o hermana mayor una tarea que no le corresponde a la familia. Me dicen ‘es lo que nos tocó’, pero la maestra lo es en el aula, en el grado, porque el niño aprende mirando, escuchando”.
La docente plantea una gran duda. “No sé si realmente el chico está aprendiendo o si está cumpliendo. El sistema educativo; sostenido por los docentes que manejamos, hacemos, armamos, llevamos, todo lo que se quiera; no sé si realmente está dando el aprendizaje que se da en el aula”. Y sigue deslizando “primer grado es un poco especial, aprenden a leer, los números y el docente va viendo. Las mamás filman a los chicos y mandan los videos, pero no sé si el nene sabe leer o le dieron la oración para que la lea 40 veces antes de filmarlo. Por eso sostengo que no sé si se está aprendiendo o se está cumpliendo porque la maestra está”.
“Soy muy insistente” –se define. Quienes conocen su trayectoria al frente del aula, lo saben. “Ahora lo estoy siendo con los padres –argumenta- y siento que estoy agotando y seguramente alterando a esa familia porque quiero que el nene responda, que me dé algo”.
“Hace unos días –relata- una mamá me avisó que se retrasó en mandar las actividades porque recién a las 9 de la noche podía sentarse con su hijo para hacerlas. Me pongo en el lugar de ella que salió de trabajar, llegó cansada a la casa, falta preparar la cena y todo lo que le espera al final del día y encima sentarse a dar clases. Le dije que lo deje”.
“También creo –reflexiona- que muchas veces la mamá dice poné un 2, poné un 3, poné la A, poné la B, porque tampoco tiene esa paciencia de esperar que el chico razone”. No obstante rescata el valioso trabajo de las mamás de su grupo, pero aclara “no puedo pensar por mi grupo, sino por el sistema educativo completo donde el chico no tiene internet, no tiene computadora, no tiene celular, donde yo como maestra no llego”.
“Cuando no recibía la devolución me comunicaba con la mamá para saber que pasó. Lo dejé de hacer después de las vacaciones de invierno porque sentí muchas veces una invasión a la familia. La educación es un punto importante, pero hoy es un problema en la familia que tiene como tarea enseñar. Lo vivo, lo veo, lo escucho. Sinceramente, me gustaría otra cosa, porque estamos queriendo que la casa sea un aula y no es”.
“Los chicos del barrio, con los que hablo, dicen no tengo más ganas. Claro –asiente mientras exterioriza su punto de vista- si es en la escuela donde se aprende de escuchar, de mirar, de debatir. Falta el vínculo con el maestro que la virtualidad no permite. Falta abrazarnos, los recreos donde a veces aprendemos mucho más que en el aula”.
Marita se siente agotada con esta manera de dar clases. “Pararía esto para empezar el año próximo –agrega- porque tengo miedo que nos enfermemos todos porque nos estamos agotando por querer cumplir con el sistema educativo y eso no tiene sentido. Lo que no se aprendió este año, se aprenderá el próximo, pero con chicos sanos. Saquémosle hoy a una familia la escuela y se verá una liberación”.
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Un encuentro a través de la ventana
Después de cuatro meses sin clases y de no haber vuelto a ver a sus alumnos en ningún lado, Marita tuvo la feliz ocurrencia de visitarlos y saludarlos a través de la ventana, antes del receso de invierno. Organizó un cronograma y acordó el horario con las mamás de sus 25 niños de primer grado.
“Me ponía nerviosa antes de salir, no sabía cómo me iban a recibir, fue como el primer día de clases cuando me iba a encontrar con ellos –dice-. Quería que sepan quién era la maestra más allá de los videos. Los niños me esperaron recién bañados, hermosos, algunos con cartelitos. Me quedé mucho rato mirándolos a los ojos, porque me preguntaba quién soy yo para ellos”.
“Les pregunté cómo estaban, algunos me miraban, otros contestaban, algunos lloraron, hubo de todo. No se acuerdan de los nombres entre los compañeros, se acuerdan del que fue al jardín, pero del resto no. Para un primer grado será un año de nunca olvidar”-opina. Y enseguida agrega “me duele mucho para un 6º grado que se va de la escuela y ni hablar de los chicos que terminan la secundaria, lo sufro como mamá. Es su último año de hacer cosas juntos, de fortalecer el vínculo, porque después no lo van a vivir más”.

