Blas Jaime: El último chaná que aprendió a callar y eligió hablar
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El taxista que guardó la lengua de su madre durante setenta años y la devolvió al mundo, falleció el jueves a los 92 años en Paraná. • Paralelo32, que lo entrevistó, lo recuerda junto al proyecto escolar que lo tuvo como protagonista.
Blas Wilfredo Omar Jaime, el último hablante de chaná, falleció el jueves 17 de septiembre, en Paraná, a los 92 años. Nacido en El Pueblito, Nogoyá, en 1934, cargó medio siglo con un tesoro que creía perdido: las palabras de sus antepasados.
Un taxista con un idioma secreto
Manejó un taxi en Paraná. Esa vida sencilla ocultaba una herencia extraordinaria. Su madre, Ederlinda Yelón, le enseñó el chaná entre los 12 y los 25 años, con una condición: no hablarlo fuera del pueblo chaná. La discriminación y la persecución llevaron a la familia a preservar la lengua en secreto.
Así vivió décadas sin que nadie supiera que en su memoria habitaba un idioma considerado extinguido desde hacía doscientos años. “Mis maestras fueron mi madre, mi abuela y mi bisabuela”, recordaba. No terminó la escuela primaria, pero estudió el idioma con rigor hasta los 25 años. Luego lo guardó, formó una familia y calló.
La señal que rompió el silencio
A fines de 2004, jubilado y con 70 años, buscó a otros hablantes. No encontró a nadie. “Sentí una gran decepción y tristeza; me arrepentí de haber callado tanto tiempo”, confesó. Esa soledad se transformó en misión. El periodista Tirso Fiorotto dio a conocer su caso en La Nación en 2005. Poco después, el lingüista Pedro Viegas Barros, del CONICET, corroboró que hablaba chaná.
Juntos emprendieron un rescate que culminó en 2013 con el libro “La lengua chaná: Patrimonio cultural de Entre Ríos”. Incluye un diccionario castellano-chaná de unas 850 entradas, escrito por Jaime, y un esbozo gramatical de Viegas Barros. Fue el primer registro sistemático de una lengua que se creía muerta.
Victoria, Marisa Núñez y los de la 47
Visitó Victoria varias veces. Lo unía una profunda amistad con la ceramista Marisa Núñez, quien tejió los lazos para que su saber llegara a la ciudad. En 2014 dictó talleres gratuitos de lengua y cultura chaná en Paraná y Victoria, junto al taller de cerámica con estética indígena de Núñez, Paralelo32 tuvo oportunidad de conocerlo en persona gracias a ese vínculo.
Esa red de afectos hizo posible que, a comienzos de 2019, los alumnos de tercer grado “B” de la Escuela Nº 47 Bernardino Rivadavia se sumergieran en el universo chaná. Todo empezó con una animación sobre un niño llamado Calá, pero el entusiasmo del grupo, guiado por la docente Manuela Lucero, superó expectativas. Aprendieron vocablos, hicieron vasijas —netelas— y quisieron presentar su investigación en la Feria de Educación. Contactaron a Marisa Núñez y, a través de ella, a Blas Jaime. “Los chicos están ansiosos de conocerlo”, contaba la docente.
Jaime no llegó a visitar aquel aula. Pero supo que esos niños lo esperaban. Supo que en Victoria había un grupo de “peques” que querían saber cómo se dice “cinco y cinco” en chaná (nam a'atí nam), que se emocionaban con cada palabra y que habían hecho de su lengua un proyecto de vida. Ese solo hecho era, para él, la señal que tanto había esperado.
El legado
Con su partida, será su hija Evangelina quien continúe la tarea de transmitir las raíces y esperanzas del pueblo chaná. Entre Ríos instituyó el 2 de febrero —fecha de su nacimiento— como el Día de la Cultura Chaná.
Blas Jaime fue un hombre pintoresco, de caminar lento y palabra profunda. Supo ser taxista y cacique, jubilado y maestro (esas raras coincidencias de la vida quisieron que falleciera justo el día en que se conmemora el día del Profesor). Supo guardar un secreto durante setenta años y luego gritarlo a los cuatro vientos. Deja un diccionario, un documental, una ley y un ejemplo: el de un hombre que entendió que una lengua es mucho más que palabras.
Cuando los chicos de la Escuela Nº 47 dieron rienda suelta a un proyecto que lo tenía como protagonista, este medio pudo registrar el entusiasmo que su lengua despertaba, el legado de un hombre que creyó haber llegado demasiado tarde y descubrió que su lengua todavía tenía futuro.
En chaná, hola y adiós se escriben igual: njarúg. Blas Jaime lo sabía. Y lo dejó dicho.

