Aquellas inolvidables fiestas de fin de año
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** La Navidad solía ser algo muy esperado por chicos y grandes. Duraba una noche y un día y los chinos todavía no habían inventado esos cordones de lucecitas titilantes que gastan poca energía y se bancan hasta la lluvia. La gente se las arreglaba con soplillos y hasta se animaban a armar alguna figura con el interior de los paquetes de cigarrillos, que venían de papel aluminio.
** Los gurises andaban alborotados con ese elemento decorativo, el arbolito, que anunciaba algunas cosas a las que no tenían acceso muy seguido durante el resto del año. Algunas galletitas ‘caras’ y golosinas, y por supuesto algún regalo, que siempre eran juguetes mecánicos. En una Navidad (esto es real) se ve que nuestro papá salió en busca de juguetes educativos; a mí me tocó un pequeño globo terráqueo con el que no supe qué hacer. A mi hermano le fue mejor con un ‘Cerebro mágico’. ¡Nada de pelotas, que después andan por ahí rompiendo zapatillas como si uno pudiera comprárselas todos los días!
Cuando llegabas a la edad de no poder fingir más tu creencia en el Niño Jesús y los Reyes Magos, quedabas fuera de la lista. Las cosas estaban claras; El Niño se ocupaba de los chicos; para los grandes no había regalos (¿o será que a ese cuento de Navidad me lo hicieron solo a mí, al ponerme los largos?)
** Te hablo de hace mucho tiempo. De cuando las naranjas y las bananas se vendían por docena y el Geniol todavía te quitaba el dolor de cabeza, viniera del aire o del sol, del vino o de la cerveza. Y digo Niño Jesús porque a Santa no lo conocimos hasta que lo usó Coca Cola en 1931 y al cono sur nos llegó con mucho retraso. El personaje había sido creado por el alemán Thomas Nast, que lo dibujó por primera vez en la revista Harper’s Weekly, en cuya portada apareció su primera versión de Santa Claus el 3 de enero de 1863.
Me quedo con Alberto
** Con esto de armar el 8 de diciembre el arbolito siempre coronado con guirnaldas luminosas, cuando llega Navidad estuvo allí como tres semanas y no le apagaron las luces ni para ir a dormir. Los gurises ya lo ven como un mueble más y las madres lo han corrido de lugar dos o tres veces porque estorba para lavar el piso y de yapa ‘me junta arañas de patas largas’. Puede ser peor si el Buky se despierta de noche para hacer pis, hace un breve estiramiento y se larga hacia el arbolito listo para levantar la pata mientras murmura: ‘por fin me pusieron luz en el baño’.
** El menú de Nochebuena tampoco sorprende, menos ahora cuando dos tercios de los argentinos están con los bolsillos flacos e irán por el pollo, que gana la competencia de precios, o de la bondiola para los sangüichitos. Y ninguna decoración que les hagas podrá superar lo que ya conocen, sobre todo lo que viene de Taiwan. Lo que sobreabunda ya no sorprende ni emociona. Entonces ¿qué nos queda? Eso dependerá de cada uno.
** Tiempos hubo –y esto es un comentario al margen- cuando el pollo doble pechuga o parrillero costaba tan caro como todo invento nuevo y solo aparecía en el menú familiar en ocasiones especiales, como el Día de la Madre; pollo a la parrilla clavado, porque, para la vieja no había que reparar en gastos. Te hablo de otras épocas muy lejanas; de cuando las uñas se cortaban con una tijera y las mujeres no usaban pantalón ni para andar en bici.
Palos y a la bolsa
** Las fiestas de fin de año serán solo eso, fiestas, si no nos hacen más tolerantes, en lo posible sensibles, y si no sorprendemos al nuevo año proponiéndonos ser mejores. Ayer nomás escuché a alguien criticando a Alberto que, siendo el nuestro un país casi quebrado, dona vacunas covid a Mozambique, Vietnam y países del Caribe.
Comemos pan duro y eructamos pollo. Es verdad. Pero ¿qué hay de la solidaridad y fraternidad que proclamamos en cada Navidad, o de los propósitos de ser más tolerantes en el nuevo año?
** En un recodo del corazón debemos guardarlo siempre a Alberto y ser menos discepolianos. Llegaba fin de año y Alberto, el gran Alberto Castillo, reventaba radios y encendía a las multitudes cantando aquel candombe (o lo que fuera)… “Año nuevo, vida nueva / Más alegres los días serán / Año nuevo, vida nueva / Con salud y con prosperidad”…, desafiando al Cambalache de Discépolo… “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé … Vivimos revolca’os en un merengue / Todo es igual, nada es mejor….” Eeeee! Pará un poco con tanta realidad! Con todo respeto, ¿cuándo pensaste en la buena gente y en el amor?
** Nuestros mayores la pasaron peor que nosotros, pero los inmigrantes cerraban el puño, apretaban los dientes y repetían: “Pa’ lante” (los españoles), “Sempre avanti” (los italianos), “Immer vorwärts“ (los alemanes) y otras veces “Immer truf“. “Nie poluzuj” (los polacos)… Cualquiera de ellos también podía decir ”Palo y a la bolsa”, expresión que nos viene de los pescadores, que sacaban el pez de la red, le daban un palazo en la cabeza y lo metían en la bolsa. Es un modo de expresar acción, venga como viniere la situación.
Volvamos siempre a Belén
** La nostalgia, tan presente estas fechas, busca pretextos. Fueron lindas aquellas fiestas de Navidad y Año Nuevo cuando las serenatas eran comunes y las bengalas no pasaban de una ridícula cañita voladora, pero no se pueden comparar con el contorno de festejos actual. La nostalgia nos retrotrae a tiempos cuando no había freezers y todo el mundo salía en la misma semana en busca de un lechón, que pasaba a costar el doble (¿acaso era mejor que ahora?). Te hablo de cuando se decía “buen provecho” al caer en un lugar o casa, o un restaurante, donde se estaba comiendo. Después se abrevió a “provecho”, porque en ese entonces ya se había aprendido a ahorrar palabras, y la nueva generación se la ahorra completa. Hace bien.
** Si todo aquello cambió, que sea para mejor. Es ocasión de sacarle el jugo al cambio cultural. El mundo nuevo nos trae la posibilidad de ampliar la mirada, salir a caminar veredas con los chicos para mostrarles a su pueblo vestido de fiesta en sus calles y plazas, sus vidrieras, los frentes de las casas… Y explicarles que no es la fiesta de Santa Claus sino la conmemoración del nacimiento del Hijo de Dios, que se hizo semejante a nosotros metiéndose en el cuero humano para cambiarnos la perspectiva de vida, ofrecernos caminar a la par de Él, dejarnos promesas y la esperanza suprema de una vida trascendente. Y que su mano permanece tendida hacia nosotros. Eso nunca cambió ni cambiará.

